Opinión Nacional

Asesinos por naturaleza

La película que da título a este artículo es una cinta satírica de 1994, dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Woody Harrelson y Juliette Lewis, en la que se pretende denunciar la forma sensacionalista en que los crímenes son descritos por la prensa y la manera en que ésta y otros medios ensalzan a los asesinos. En Venezuela, la prensa amarillista se hace eco de las andanzas de un malhechor al destacar en inmensos titulares y un gran número de fotografías, con información detallada acerca de sus fechorías y enredos político

En efecto, el bandolero aludido ha logrado gran centimetraje en la prensa con sus crueldades: «Venezuela no debe cumplir sentencias de la CIDH»; «TSJ es la única institución calificada para revocar inhabilitación de Leopoldo López»; «Contraloría General inhabilitó a más de 800 funcionarios por corrupción»; «Pronto vendrán más inhabilitaciones»; «López puede quejarse en instancias internacionales, pero las inhabilitaciones son legales». Luego, como cualquiera de los más reputados asesinos en serie, aquél fantasea y sueña despierto de manera compulsiva, lo que lo ha llevado ha declarar: «Ha disminuido la corrupción en Venezuela»; «Estamos comprometidos en la lucha contra la corrupción»; «La Contraloría sancionará a implicados en caso Makled»; «Opositores mantendrán su agenda mediática para desprestigiar a la Contraloría»; «Actuación de la Contraloría en caso de PDVAL ha sido transparente»; «La oposición es culpable del escándalo por la comida podrida», etc.

Según el Comisario (jubilado) Rafael Rivero Muñoz, lo de asesino en serie no es casual. Nuestro gran inhabilitador, alias «El Contralor», operaba como miembro de una de las Unidades Tácticas de Combate (UTC) que tenían su cuartel general en la UCV, desde la cual, en horas diurnas, salían a realizar atracos a bancos y entidades financieras. Posteriormente, durante las noches, en la más criminal operación programada y dirigida desde la coyunda delictiva, integrada y jefaturada entre el MIR y el PCV, cometían asesinatos diarios de policías uniformados, pomposamente denominada en ese mundo criminal como «Operación un día, un policía». Es así que las UTC, de la cual formaba parte este revolucionario bicentenario, salían de la UCV en horas de la noche a la búsqueda y caza de cualquier policía uniformado, en servicio o no, que estuviera transitando en la calle o estacionado en cualquier lugar público. Una vez ubicado el solitario policía metropolitano, organizaban el ataque; desde la calle y en circulación el vehículo o en emboscada desde un lugar encubierto. Esperaban escondidos el descuido del policía y lo atacaban por sorpresa desde dos o tres posiciones de fuego; un ataque a tiros y a mansalva hasta herirlo y neutralizarlo, luego procedían a rematarlo; lo despojaban del arma y municiones que portaba y se daban a la fuga hasta refugiarse en la UCV. Luego, al siguiente día un nuevo asesinato.

Por ese tipo de actividades criminales fue identificado, buscado, capturado, y sujeto a custodia por la antigua PTJ. Luego juzgado y condenado en 1962 a 25 años de presidio en la isla del Burro, de la cual se fugó el 26 de septiembre de 1965, en un trasladado al Hospital Militar para su atención médica.

!Ah, malaya! Ayer, asesinatos de policías. Hoy, asesinatos morales de venezolanos. Por lo que, no son más que asesinos por naturaleza.

www.juancarlosapitz.com

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