Opinión Nacional

Así en el fútbol como en la política

Y Diego cumplió su sueño de dirigir la selección nacional de fútbol argentina.

Ídolo nacional, ovacionado por su habilidad en la cancha, alabado por la prensa y la opinión pública a causa de su magistral manejo del balón, Maradona asciende hasta la posición que siempre aspiró alcanzar, la dirección de la escuadra albiceleste.

El fútbol es para el argentino lo que la cumbia es para el colombiano. No se entiende al argentino sin el fútbol. Es casi una religión, y entre juegos de palabras y sentimientos de agradecimiento, “el Diego” está en el altar, como un Dios, como algo indiscutiblemente grande y digno de recibir reconocimiento.

“Lástima que habla” piensa la mayoría de mis compatriotas. Pero los medios le dieron cámaras y micrófonos, porque vende; y Diego, víctima de sus propios excesos, de su enfermedad, abusó.

La selección de fútbol argentina, respetada en el medio deportivo mundial, demanda una dirección que pueda ofrecer conocimientos técnicos y liderazgo. Un líder que mantenga el espíritu del equipo, fomente el compañerismo, promueva la reflexión y el trabajo. Un líder atrevido, pero no desbordado. El control, la paciencia, la constancia y la ecuanimidad, no son, todos lo sabemos, parte de la identidad del gran personaje en cuestión.

Innumerables sondeos mostraban que la hinchada no respaldaba la candidatura de Maradona para esta empresa. Esto no indicaba falta de cariño al ídolo, sino el reconocimiento de que no cumplía con el perfil que el DT de la selección nacional requería.

Y a pesar de eso, el emblemático, pero conflictivo, inestable y volátil Diego Maradona está al frente de la selección.

Así pasa en las cuestiones más profundas del día de cualquier ciudadano, que cumpliendo con todas sus obligaciones cívicas se ve avasallado por un Estado que toma decisiones por él sin tomar en cuenta su parecer.

Entonces, las desventuras del aficionado futbolero argentino se convierten en irrisorias al lado de la que vive el ciudadano vapuleado por el poder estatal. Los acuerdos entre fracciones políticas, desconociendo estatutos y bases partidarias es pan de todos los días. La primacía de los intereses corporativos por encima del respeto al equilibrio ambiental y al bienestar de los gobernados representa una afrenta a la dignidad. Los reiterados actos de corrupción y los acuerdos políticos que benefician a unos pocos y ofenden a muchos, son comportamientos ofensivos ante los que los ciudadanos debemos actuar.

No podemos escoger al DT de la selección de fútbol, aunque esté en riesgo la clasificación al Mundial y la condición de mito de Maradona.

Pero si escogemos a nuestros dirigentes, y también podemos participar. Hacer política es estar presente en las grandes decisiones y actuar de manera pertinente para evitar imposiciones. Hacer política es opinar y hacer valer la posición de la mayoría en las estrategias y acciones de gobierno. Actuar en política es ser vigilante de los intereses de todos, para evitar que unos pocos se beneficien a costo de todos.

Mientras pensemos que la política es sucia y que la practican sólo un grupo de personas ajenas a los ciudadanos y sus intereses, no habrá mejoras para el ciudadano normal.

No dejes que te impongan a otros Maradonas para decidir por tu país. Es tu país, no se trata de ganar el próximo Mundial, sino de construir el espacio de todos, con respeto, dignidad e inclusión.

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