Opinión Nacional

Ateneo: cuartel de la subversión

La gloriosa revolución «bolivariana», con elapoyo de la comisión que investigó la causa de la muerte del Libertador, conjuntamente con la comandante y académica, experta en resolución de conflictos Lina Ron, ha llegado a la espantosa conclusión, armada de investigaciones, experticias y pruebas, de que en el mal llamado Ateneo de Caracas no se gestaba ­como lo vienen pregonando en los laboratorios mediáticos desde 1931­ de la promoción y difusión de las bellas artes, la ciencia y de la cultura.

¡No, señor!, pruebas demuestran la feha-ciencia de las técnicas de la subversión, del terrorismo y la contrarrevolución. Es así en efecto, camaradas, esta gente, desde su origen como institución se propuso bajo los auspicios de los sectores oligárquicos criollos y el imperialismo a construir un cuartel, un cuartel, como lo oyen, asiento de las más reaccionarias tendencias del progreso de los pueblos. La historia del terrorismo fascista venezolano ha girado toda la vida en torno al Ateneo de Caracas, congregando a pintores, escultores, novelistas, poetas, historiadores, músicos, el mundo del teatro y el ballet que no era más que una pantalla, como llevamos comprobado, de una caterva de holgazanes, pistoleros y pone-niples camuflados en la insana producción de obras para presentarlas luego en salas para fabricar armas, la Horacio Peterson, Margot Benacerraf, Anna Julia Rojas y Los Espacios Cálidos integraban estas unidades de subversión, todas y todos al servicio de los inconfesables intereses del Pentágono, de Franco y directamente supervisados por Millán Astray y el detestable general Mola.

Las pesquisas han comprobado con horror que la primera presidenta del Ateneo, María Luisa Escobar, era una impostora y como compositora fue una experta en componer bombas molotov e incluso en el ADN a su piano, para intoxicar al auditorio, se le encontraron trazas de «gas» y del «bueno».

En esta misma tónica de desestabilización regresiva y subversión armada, bajo la truculencia de las presidentas de este cuartel, Anna Julia Rojas, María Teresa Castillo y Carmen Ramia han realizado una incansable labor de perversión y adoctrinamiento en prácticas de guerra, que han permitido a niños, jóvenes y adultos recrearse con los conciertos, el teatro, el cine, las exposiciones de artes plásticas, presentaciones de libros, foros, recitales, en fin, desviar la vitalidad y energía de la nación a intereses extranjeros al dotar a los venezolanos de conocimientos de modelos ideológicos de países enemigos de Venezuela, ignorando valores patrios inextinguibles como el bahareque, la arepa y las alpargatas, lo que ha incitado a su vez a jubilarse a los compatriotas, a través de estas operaciones contrarrevolucionarias, a que asistan a las marchas y manifestaciones bolivarianas y acudan al patriótico y antisionista llamado de asaltar sinagogas.

Ante esta animalada inaceptable, no le ha quedado más remedio a la «Revolución» que ponerles un veterinario para domesticarlos y echarle plomo a la estulticia y gases desinfectantes al desorden.

¡Ah!, otra cosa, camaradas. ¡Viva la Muerte!

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