Opinión Nacional

Atrévete por una democracia mejor

Mucho se habla y escribe todavía del avance democrático latinoamericano en los últimos 25 años, aunque en nuestro país esta particularidad es muy relativa, especialmente en lo que a progreso de derechos y libertades de la ciudadanía se refiere, así como en los abusos de autoridad y apego a las normas constitucionales vigentes. En este tránsito, sin embargo, la trayectoria de los países de la región ha sido muy distinta: sólo en casos limitados se han constatado cambios políticos importantes y consistentes. Uruguay y Chile son sin duda los casos más ilustrativos. La mayoría de los países restantes a pesar de haber logrado avances democráticos, éstos han venido acompañados de importantes estancamientos y retrocesos, no tanto hacia regímenes dictatoriales como en el pasado, pero sí a regímenes semi democráticos marcadamente autoritarios, como en nuestro caso, y de acuerdo a quienes los juzgan, reciben diversos nombres o calificativos. Uno de los términos que ha alcanzado más popularidad es el de “democracias delegativas”, introducido en 1997 por O’Donnell para referirse a aquellas democracias que cuentan con presidentes populistas, que llegan al poder a través de elecciones libres y competitivas, al margen de los canales partidistas tradicionales, y que una vez en él no se comportan como representantes políticos de todos los sectores y estratos de la sociedad, sino como dueños personales y absolutos de la cosa pública, por encima de cualquier sistema de control y fiscalización a su gestión. Las democracias de Carlos Menem en Argentina, Alberto Fujimori en Perú, y Hugo Chávez en Venezuela son ejemplos claros de este modelo delegativo, y que ya sólo sobrevive para nuestro pesar, en esta Pequeña Venecia suramericana. La calidad de la democracia criolla todavía deja mucho que desear, y nunca como ahora se percibe un contraste tan evidente entre la bonanza petrolera que ya supera los trescientos millardos de dólares y las carencias angustiantes de la gran mayoría de compatriotas que aspiran progreso y bienestar. Todavía estamos en deuda con el ciudadano común y confundimos al estado con el gobierno en un ejercicio perverso de incapacidad manifiesta, buscando deliberadamente un problema a cada solución, con tal de mantener un clima de permanente conflictividad que a la vez evita abordar con mesura y claridad los grandes retos que tenemos por delante.

No tengo la menor duda que la democracia es un sistema político favorable para mejorar las condiciones de igualdad y equidad en una determinada sociedad y en un estado ideal, el acceso político en igualdad de condiciones de los diversos grupos e intereses sociales, amplía obviamente la representatividad e inclusividad del sistema político, disminuye los riesgos de favoritismo y particularismo a la hora de adoptar decisiones políticas. Así mismo, la participación efectiva en dicho proceso aumenta el control sobre los poderes públicos y su nivel de transparencia, lo que ayuda a evitar y afrontar la corrupción y los abusos de autoridad, tan frecuentes en nuestro país, que la capacidad de asombro de los venezolanos hoy por hoy no tiene límite. Por último, conciudadanos, compañeros o compatriotas, debemos resaltar que la democracia permite empoderar a la población con mayores niveles de desigualdad y exclusión social, en la medida en que se ofrece a esta población oportunidades para organizarse, articular sus demandas y hacerlas llegar al sistema político para que las haga buenas, efectivas y de calidad, porque la democracia importa, pero no basta, entonces ¡ATREVETE A CAMBIAR!

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