Opinión Nacional

Aumento de precios y de represión

 A pesar de la novísima Ley de Precios Justos, que pretendía frenar ipso facto la “especulación empresarial”, a pesar de los férreos controles de precios cuya aplicación tienen ya varios años, a pesar del dólar controlado, a pesar del control de las tasas de interés, el régimen tuvo que “autorizar el aumento de 20% en los precios máximos de venta al público, del pollo, la carne de bovino y de la leche en todas sus presentaciones, incluyendo los quesos” Tal aumento que el bolivarianismo se vio forzado a efectuar por las circunstancias de desabasto imperantes en el país, cae como una patada en el estómago de los ciudadanos que hoy residen en Venezuela y que vieron devaluar tremendamente su moneda (y con ello subir los precios consecuentemente) apenas hace mes y medio, pero que aterrados se preparaban para una tercera devaluación en lo que va del año, porque la segunda vino por cuenta de Sicad II. El asunto es que las cosas en el país desde el punto de vista económico, están tan malas que los boliburgueses que nos gobiernan no pudieron esperar la nueva devaluación para incrementar el precio de alimentos fundamentales y anunciar también la próxima subida de otros alimentos que integran la canasta alimentaria.

Ya poca gente cree el cuento de la guerra económica del imperio, el saboteo de los oligarcas o la conspiración de la derecha. Son 16 años los que este régimen lleva mal gobernando al país, y cada vez es más difícil echarle la culpa a otros. Lo que ya la gente se plantea cuando escucha a Maduro y a sus ministros hablar de una guerra declarada de los especuladores contra Venezuela, es ¿qué ha hecho es gobierno en más de tres lustros para controlar y neutralizar a estos saboteadores? Si como a todas luces es evidente que nada se ha hecho, entonces el régimen es extremadamente ineficiente porque no es capaz de resolver el problema que agobia a la población. Esta misma conjetura se la formula la gente con respecto al tema de la inseguridad ciudadana, el desabastecimiento, los apagones, el estado de los hospitales, la situación de las escuelas, etc. Entonces, la conclusión inequívoca es que este gobierno es culpable de lo que ocurre y busca escurrir el bulto, echándoles la culpa a otros, por lo que el hartazgo es una condición que cada vez se instala más en densas capas poblacionales de Venezuela.

La otra consideración que en este momento preocupa hondamente a los venezolanos es la manera despiadada como ha arreciado la represión no solamente contra los estudiantes, sino también con las detenciones arbitrarias de alcaldes legítimamente electos y la intención aviesa de pretender repetir comicios recientemente realizados. La posibilidad de que el gobierno vaya contra todos los alcaldes en cuya jurisdicción hubo guarimbas, es muy probable, lo que crea un clima de zozobra política innecesaria. Si el régimen cree que apresando alcaldes resuelve el gran descontento nacional y de paso se quita de encima a grandes rivales políticos, se equivoca de medio a medio. La acentuación de la represión podrá generarle al gobierno, en el corto plazo, una ilusión de que ha vencido el descontento, pero lo cierto es que no es otra cosa que añadirle más presión a una olla que ya hierve a punto de reventar. Lo que debe plantearse el soviet que nos gobierna es cambiar sus políticas públicas y en consecuencia su modelo, pero eso sabemos que es imposible porque ninguna dirigencia ha tenido nuestro país tan ideologizado como esta. Las semanas que están por venir serán de una tensa calma, clima en el que cualquier cosa puede ocurrir.

 

 

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