Opinión Nacional

Autosuicidio colectivo

Empezó el llantén. Sin sordina. Quejas por aquí. Reclamos por allá. Son pataletas con su complemento de bulla y cierre de calles. Es lo acostumbrado. Son los de siempre. Los desamparados por un poder maula. Abusivo. Son las víctimas de la desidia entronizada que los usa y les paga para utilizarlos para sus fines politiqueros. Rezongan por los mismos motivos de siempre, mejor dicho, por los mismos males, los que estaban allí antes del 7-O, pero que cada día son más prominentes y graves. Es la perenne pataleta de los que, aún conociendo al responsable de sus agobios, eligieron estar peor en el futuro. Y lo hicieron a conciencia. El propio «autosuicidio» masivo. ¡Guerra avisada no mata soldados, camarita!

El mismo martes, cuando el país volvía a la «normalidad» después de la resaca o el guayabo poselectoral, se reanudó la retahíla de siniestros y se activó el vocingleo de quejas en entidades donde la gente apoyó mayoritariamente el continuismo del proyecto fracasado: explosión e incendio en El Palito, apagones en Falcón, falla de energía eléctrica en la línea uno del Metro de Caracas, inundaciones en Aragua, protesta de transportistas en Anzoátegui por el mal estado de las vías y la morgue capitalina a reventar por decenas de cuerpos inertes (descansando en paz). En Barcelona, motorizados acróbatas trancaron calles porque el gobernador todavía no se bajaba de la mula con los dos mil machacantes que les ofreció por practicar piruetas -como quien no quiere la cosa- frente a los centros electorales el día domingo. El miércoles Maracaibo quedó en tinieblas y el jueves los transportistas trancaron el distribuidor Metropolitano (Petare) por el asesinato de dos compañeros.

Pero la montaña de plagas no para allí. Con lo cual se agudizarán los reclamos ciudadanos. Prosiguen los cortes de luz. Como continúa la acumulación de basura en las calles. Se potencia el mal estado de las vías. Nada que mejora el servicio de agua. Crece la lista de pacientes esperando atención en los hospitales. Reaparecen los buhoneros. Se amplía el faltante de productos en farmacias y supermercados. Igualmente la de autopartes y materiales para la construcción. Asimismo se reanudan los reclamos laborales a nivel público y privado. Los trabajadores de ambos sectores demandan más platica. La crisis galopa. La renta petrolera rinde menos cada día. Esto impulsa los niveles de angustia, incertidumbre y malestar.

Por allí, rodandito, vienen los guamazos más gruesos: mayor inflación, devaluación, escasez y aumento de precios, incluso del gas, la gasolina y la luz eléctrica. Se reanudarán las expropiaciones y se necesitará más endeudamiento. Es cosa de esperar los leñazos y el amotinamiento popular.

 

 

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