Opinión Nacional

Bajo libertad condicional

Un hecho reciente fue el ocurrido el día martes en el retén de La Planta a plena luz del día, en donde vecinos de la urbanización de El Paraíso y conductores en la autopista Francisco Fajardo escucharon el sinfín de detonaciones que emanaban del interior del centro penitenciario.

Sin embargo, la respuesta poco efectiva y errática de las instituciones del Estado, no apunta a solventar los enormes problemas de impunidad e inacción, cuyas consecuencias derivan en una profunda arbitrariedad y abuso de poder. Y es que pese a que a los presos cumplen «penas por delitos», en Venezuela estar privado de libertad es tener la espada de Damocles de la muerte sobre ti. Los presos son victimarios pero también son víctimas.

Encontramos altos niveles de hacinamiento, falta de acceso a áreas destinadas a la educación, trabajo, deportes e incluso para la atención médica en los penales, radicalización de los mecanismos de protesta como huelgas dehambre y sangre, entre otras. Y al mirar quiénes son los reclusos encontramos que más del 40% son jóvenes. Estos jóvenes en su mayoría provienen de comunidades y barriadas, lo cual no significa que en las urbanizaciones no existan delincuentes. Lo anterior se debe a la más profunda desigualdad, y es que no somosiguales ante la ley. Hoy en día el delincuente que tiene plata compra la justicia, y obtiene su libertad sin pena, ni proceso alguno. Es por ello que un proyecto de vida delictivo no sólo se debe a la falta de oportunidades, sino también a la ausencia del Estado para brindar mecanismos de protección y contención a los niños y jóvenes. Si la familia falla, la escuela debe suplir.

Si el contexto abusa, el Estado debe proteger.

No obstante, tenemos instituciones ausentes, que no aseguran las garantías a los ciudadanos.

Es esta la mayor manifestación de agresión y violencia contra los venezolanos. Intuyo que la agitación y grito que escuchamos en nuestros retenes es el reflejo del grito de reclamo de los venezolanos para que el Estado exista. Nuestras cárceles distan de ser silenciosas, ahora hasta balas salen del recinto y asesinan a vecinos ensus hogares. Estos hechos representan la forma en que, como sociedad, demandamos que el Estado aparezca. Lo pide la cárcel, los presos, los familiares, las víctimas; en definitiva, lo pide el país. Demandamos un Estado no fuerte en retórica, sino sólido y garante de derechos. Eso sí, dichas instituciones no son concreto, sino rostros y nombres, son personas. Ellos, quienes ahora gobiernan, deben mirar sus manos, porque lo que ocurre fuera de sus oficinas se debe a su profundo y perverso silencio.

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