Opinión Nacional

Barbarie en la AN

El oficialismo no necesita utilizar la violencia en la Asamblea, donde preside la directiva, controla las comisiones y modifica a su antojo el reglamento interno y de debates. Le basta limitar el discurso opositor y luego pasarle una gandola de 32 ruedas haciendo valer su mayoría. Por eso es parte de su propia naturaleza optar por salidas violentas, que en definitiva le dan la vuelta al mundo y confirman, mediante crudas imágenes, lo ocurrido en el Hemiciclo, donde no se respetó la representación de 7,3 millones de venezolanos. Las agresiones verbales se convirtieron en lesiones: cerraron las puertas de acceso a la Cámara, dejando una sola para entrar y salir, se encontraban personas que no tenían porque estar en el recinto, no actuó el personal de seguridad, la Cámara se convirtió en una gallera y es un mal presagio para lo que queda de democracia en Venezuela.

Frente al recuento de votos, el gobierno cubano dio instrucciones para darle una patada al televisor, que ya estaba descompuesto: el símil es válido porque la agresión sirvió para aliviar frustraciones pero ciertamente no hará funcionar el televisor, ni el respeto a las instituciones, ni el reconocimiento indispensable que se le debe a la oposición, ni la gobernabilidad que está a la espera de un acuerdo en cuestiones esenciales de la economía, inseguridad, construcción de vivienda social, energía eléctrica y otros. Una atmósfera descompuesta exige concertación en las cuestiones fundamentales, aprovechar a los mejores, rendición de cuentas y negociación política, y el lugar y la oportunidad para negociar es la AN, ya que están presentes todas las organizaciones partidistas y los ojos y oídos de la nación.

 

Como lo declara el secretario general de la OEA, el dramatismo de lo ocurrido resalta la ausencia de diálogo político y debe restablecerse el derecho inalienable de los parlamentarios a expresarse con libertad en el ejercicio de sus funciones, recordemos una vez más que ese asambleísta, hombre o mujer fue elegido por el voto popular y agredido a mansalva, con brutal ferocidad y una impunidad grotesca, en un episodio donde el Homo Sapiens pasó a ser el hombre de las cavernas. En cualquier país entre muchas interrogantes, habría el planteamiento de por qué la directiva de la Cámara no ordenó una profunda y amplia investigación, igualmente el silencio del Tribunal Supremo de Justicia y del Ministerio Público ante hechos condenables, injustificables y que exigen determinar responsabilidades. ¿Alguien se acuerda del «hecho notorio comunicacional»?, y ¿puede el Ejecutivo seguir tapando con «cadenas televisivas» el desabastecimiento, la inflación y la ingobernabilidad?

Para terminar: los autoritarismos monopolizan un poder, que es de todos los ciudadanos, y dejan a la mitad de la población fuera, lo que es inaceptable. Convierten el poder en un agujero negro, donde la impunidad se muestra desnuda en esa enorme vitrina de la AN, permitiendo que delitos como los descritos se vuelvan invisibles. La política no puede ser reemplazada por el miedo.

 

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