Opinión Nacional

Bienvenido Cardenal

Ahora Venezuela cuenta con la presencia de dos Cardenales de la Iglesia Católica: monseñor Rosalio Castillo Lara, gran amigo y cercano colaborador de Juan Pablo II, y monseñor Jorge Urosa Savino, recién designado por el Papa Benedicto XVI. Su nombramiento continúa una sabia tradición eclesial porque Urosa será el cuarto y consecutivo Arzobispo de Caracas en recibir el capelo cardenalicio.

Primero fue José Humberto Quintero en 1961, el primer Cardenal venezolano; después José Alí Lebrún Moratinos en 1983, Ignacio Velasco García en 2001, y a partir de su investidura romana el próximo 24 de marzo Urosa se convertirá en el nuevo causahabiente de ese importante legado.

Cuando monseñor Urosa Savino fue nombrado Arzobispo de Caracas, apenas el año pasado, el conjunto del país recibió la noticia con beneplácito. La feligresía, además, con mucha satisfacción ya que el cardenal Velasco, último Arzobispo, había fallecido en el 2003 y desde entonces no se había podido nombrar a un sucesor definitivo.

Por cierto que durante este difícil período, monseñor José Nicolás Bermúdez desempeñó una encomiable labor como Administrador Apostólico en sede vacante, y sigue su importante trabajo como Obispo auxiliar.

Jorge Liberato Urosa, sacerdote secular ordenado en 1967, venía de ser Arzobispo de Valencia desde 1990, y en esos 15 años sin duda logró un merecido prestigio como pastor de la Iglesia y como figura pública dispuesta para el entendimiento social. Entre 1996 y 1998 aceptó la responsabilidad de dirigir una comisión presidencial para supervisar los distintos programas sociales del Estado venezolano, y esta tarea le valió el reconocimiento de muy diversos sectores de la vida nacional.

Su llegada al Palacio Arzobispal de Caracas fue el fruto de una sólida trayectoria al servicio de la Iglesia y de los mejores causas del país. Ese fue el sustento de la decisión de Benedicto XVI ahora reiterada con la designación cardenalicia. La cual también favoreció a otros 14 prefectos y obispos de todo el mundo, entre quienes figura el recordado y fiel colaborador personal de Juan Pablo II, monseñor Stanislaw Dziwisz.

Un tiempo muy complejo le ha tocado, le toca y le tocará al nuevo Cardenal y Arzobispo. El país se encuentra envuelto en una crisis existencial de proporciones mayúsculas. La cultura democrática de la sociedad venezolana está siendo sometida a una prueba de fuego. Un Presidente que fue elegido hace 7 años conforme a las reglas de la democracia ha venido concentrando una suma sin precedentes de poderes en una orientación cada vez más autoritaria.

El más reciente documento de la reunión anual de la Conferencia Episcopal de Venezuela da amplia cuenta de las realidades políticas y sociales que afectan de manera severa las inmensas oportunidades del país. Todo un camino erizado de dificultades para un hombre esclarecido, como monseñor Urosa, que desea y debe dar lo mejor de sí para contribuir a superar las profundas divisiones de la familia nacional.

Un camino en el que querrán acompañarle la inmensa mayoría de los venezolanos que, más allá de las diferencias y las fracturas, son solidarios en el anhelo de convivir en paz. Bienvenido Cardenal.

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