Opinión Nacional

Bolívar y la revolución

Sin duda alguna, hablar de Simón Bolívar es hablar de revolución. No se concibe la revolución venezolana y latinoamericana sin su presencia e influencia. Aquel juramento en el monte Sacro en 1805 de no darle descanso a sus brazos ni reposo a su alma, más que frases de compromiso, fueron y lo son todavía, estrofas de canto a la libertad, a la vida, al amor que debemos sentir por la patria donde se nace.

A partir de 1806, Bolívar se convierte en el alma de la revolución liberadora. Como hacen los grandes hombres, empezó a cumplir su palabra jurada ante Dios y ante su maestro, de consagrar la libertad de la patria. No vaciló ni un instante en aportar sus fuerzas y energías para romper las cadenas de la opresión. Mientras algunos pedían calma, él volaba como el viento para soplar el fuego de la revolución que había entrado por las costas de Ocumare.

El ambiente que se presentaba en las colonias sudamericanas para el momento de iniciarse las gestas emancipatorias era de agitación, confusión, de duda y rencor. Se vivía en un ambiente de querer y no querer iniciar la revolución. Aunque parezca un contrasentido, una parte de la élite criolla sólo quería un movimiento para compartir el poder político con los españoles, y otro grupo, quería asegurar el poder sólo para ellos y no compartirlo con ninguna clase social. Bolívar quería una revolución para alcanzar la libertad y construir una gran nación, con espacios para todos los sectores y clases sociales.

Muchas de estas posturas las observamos hoy en día en nuestras sociedades, donde vemos comportamientos políticos llenos de odio y rencor; algunos con ganas de entregarle el alma de la república a los nuevos imperios para que le pisoteen el rostro; otros de manera cobarde, no aceptan la voluntad del pueblo y conspiran todos los días y todas las noches para asesinar a la democracia bolivariana. No obstante, las voces de Bolívar perduran a través del tiempo para seguir soplando los vientos de la revolución.

Comparando posturas políticas actuales, se comprende entonces el rasgo común que tienen algunos sectores de la derecha respecto a las revoluciones. Por ejemplo, las rebeliones coloniales iniciales no cuestionaban totalmente el régimen colonial, ni tampoco al rey. En muchos casos se vitoreaba un “viva el Rey”. Ahora vemos que la derecha de hoy, no sólo quiere matar a la revolución, sino silenciar el pensamiento vivo de Bolívar.

Debe considerarse que el inicio de la caída del imperio español está configurado por un proceso erizado de problemas históricos. De allí, es pertinente formular algunas interrogantes: ¿Cuál es el secreto de la sincronía de los movimientos por la independencia? ¿Por qué se producen? ¿Qué eventos provocaron la ruptura final? Sin duda, todas estas interrogantes sirven para desdibujar el ambiente general y los escenarios donde aparecen los movimientos independentistas, que cobraron vida con la actuación política y militar de Bolívar.

Durante todo su proceso de dominación, la corona española siguió una política de limitación de la participación de la clase criolla. Entre las principales limitaciones, se contemplaba: ausencia de representación en cortes y discriminación rígida de los criollos en los más altos puestos; así como también se limitaban algunas actividades económicas, principalmente el comercio directo con extranjeros. Solo se debía hacer con la Corona.

Hoy, 24 de julio, cuando se cumplen 224 del nacimiento de Simón Bolívar, el Libertador de América, el soldado de la patria que entregó su vida por nuestra libertad, el mejor homenaje que se le puede brindar es no desmayar ni un instante en la profundización de la revolución bolivariana y la construcción del socialismo del siglo veintiuno.

Como contrapartida, se le garantizaba a las élites criollas la seguridad interior y exterior. La primera, se refería a darle seguridad frente a los estratos inferiores. Esa situación determina la conducta que asumieron algunos miembros de esa clase, quienes en un principio miraron con recelo los movimientos revolucionarios. “Los intereses de familia, el deseo de una tranquilidad ininterrumpida, el temor a lanzarse en una empresa que puede fracasar”, impiden a los criollos abrazar la causa de independencia (tal es el caso de México), donde la élite criolla no participó en un principio. A esto se añadía la repugnancia al igualitarismo y el miedo a la revolución. Con respecto a esto ya Humboldt había adelantado algo relacionado con el “conformismo de los criollos”.

Vemos claramente que fueron varias las circunstancias manifiestas que dieron al poder español las posibilidades para mantener orden y estabilidad es sus colonias sudamericanas. Se aplicaron ciertas políticas y se mantuvieron las diferencias de razas, lo que le aseguró la perpetuación del dominio.

No obstante, a pesar que el miedo a la revolución se hacía sentir aquí y allá, pronto y ante las transformaciones más o menos forzadas del poder español y la pérdida de rumbo del mismo, los aires de independencia comienzan a soplar con fuerza. Se considera que la invasión de Napoleón a España, es lo que desencadena las revoluciones de independencia. El desmantelamiento mismo del estado borbónico da pie para iniciar un proceso largo y costoso “tanto por la duración y violencia como por las secuelas que dejó en ambas partes”.

A parte de este hecho, que fue el que determinó la ruptura entre la América hispánica y la metrópoli, “hay otras razones que coadyuvaron a favor de la revolución”. Nos referimos a las doctrinas económicas, políticas y filosóficas que conforman el legado revolucionario, entre ellos el descontento social en las colonias.

De esa manera se inicia la independencia como un hecho irreversible. Se rompe definitivamente con el colonialismo, que desde el siglo XV había impuesto España. La independencia de las colonias pone punto final al poderoso y vasto imperio español en las ameritas.

Sin embargo, esos aires serían solo el comienzo. Realmente comienza una serie frustrante de ensayos para erigir el nuevo Estado, inclusive, después de alcanzarse la independencia, en muchos no se logra la estabilidad. Los rechazos y apoyos van y vienen, dependiendo del discurso y la ideología de los grupos sociales y de los individuos. Así tenemos el caso de México, donde se dio una apatía desconcertante por parte de la élite criolla, quienes no estaban ganados para la construcción de un nuevo gobierno y nuevas reglas de juego político.

Finalmente, los vientos siguieron impulsando. Factores internos y externos sirvieron de fuentes inspiradoras y orientadoras del proceso.

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