Opinión Nacional

Boves- Chávez

En esa enfermiza relación ‘amor-odio’ que vive el venezolano ‘chavista-antichavista’, algunos de estos últimos han establecido una analogía entre Boves y Chávez. Este último también ha sido comparado con Nerón.

Metodológicamente, ‘la analogía’, como forma de razonamiento, nos permite establecer las igualdades esenciales entre dos sujetos, casos y circunstancias; y aplicar el predicado de uno (Boves) a otro (Chávez).

Como no somos ni ‘chavistas’ ni ‘antichavistas’, y nos proponemos ser objetivos, consideramos que en este caso, la analogía no es entre sujetos: Boves y Chávez, sino entre las circunstancias que permitieron el surgimiento del uno y del otro. Lo pertinente es realizar, desde una óptica causal-explicativa, un examen histórico-sociológico del fenómeno.

Boves aparece porque el pueblo no se siente identificado con los ‘mantuanos’. En la obra “Cesarismo Democrático”, Vallenilla Lanz analiza científicamente mediante el positivismo, este divorcio entre el pueblo y los hombres del 19 de abril y el 5 de julio.

Boves, en su tiempo, sabe interpretar las angustias y anhelos del pueblo venezolano. Juan Vicente González le concede el mérito de ser el primer demócrata venezolano. En efecto, el Urogallo hace que el venezolano preterido asuma un rol protagónico en nuestra historia.

El más extraordinario de los mantuanos, Simón Bolívar, aprende la lección del fenómeno Boves: “Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”, sentencia. Por eso, Bolívar enarbola la bandera de la igualdad, la libertad de los esclavos, la distribución de la tierra, la emancipación de los indígenas, la educación masiva, etcétera.

Pensamos que Chávez no es Boves. Este último era un hombre cruel y perverso. Disfrutaba del sadismo. Pero Boves fue el resultado de la ceguera e indolencia de los mantuanos. A través de él, y con él a la cabeza, el pueblo venezolano reclamó justicia. El supo interpretar sus anhelos y frustraciones. Esto obligó a un hombre de la inteligencia y sensibilidad social y humana de El Libertador, a comprender que la justicia era un valor político fundamental para el pueblo. Así lo asumió siempre. El pueblo le respondió.

Chávez, sin ser Boves, circunstancialmente –hic et nunc- traduce la situación de un pueblo explotado, maltratado, políticamente ignorado y manipulado.

Se nos dirá que Chávez, mutatis mutandi, esté haciendo lo que hizo Boves en su época: manipular el descontento del pueblo venezolano. Lo que queremos establecer, empero, es que ambos son producto de circunstancias análogas.

Frente a Chávez no nos queda otra salida que asumir las banderas de justicia enarboladas por Bolívar frente a Boves. De lo contrario, política y psico-socialmente, seguirán cíclicamente surgiendo ‘Boves’ o ‘Chávez’.

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