Opinión Nacional

Brutal atropello

El atropello cometido contra el eurodiputado Luis Herrero mostró ante la comunidad internacional el régimen del socialismo del siglo XXI tal como es.

Cuando Luis Herrero calificó de dictador al teniente coronel presidente no se equivocó y la medida que le aplicaron por haber dicho la verdad confirma plenamente su afirmación.

En mi caso no tengo la menor duda de que en Venezuela se ha entronizado una dictadura. Esto lo he sostenido en varios de mis artículos anteriores (Dictador – 13/08/08; Democracia vs Dictadura – 08/10/08; ¿Dictador yooo? ¡Qué calumnia! – 03/12/08). Lo que pasa es que el régimen oculta su verdadera naturaleza detrás de un antifaz que le permite engañar a los incautos y les hace creer que aquí hay democracia.

Veamos lo más sencillo: para que exista democracia debe haber separación, independencia y autonomía de los poderes públicos. La Carta Democrática Interamericana incluye esa característica como uno de los elementos esenciales de la democracia. Cuando no hay separación e independencia de los poderes no hay Estado de Derecho y cuando no hay Estado de Derecho no puede haber democracia. Esto es lo que hemos visto en el caso del Luis Herrero. El Ejecutivo, para no aparecer en primera fila, recurre al CNE para que «ordene» a la Cancillería que proceda a expulsar al eurodiputado. La Cancillería, usurpando atribuciones que son de la competencia del Poder Judicial, envía un pelotón de policías el cual, sin que haya precedido una orden de un juez, procede a aprehender a Herrero y actuando, según ellos mismos lo dijeron, por orden del jefe del Estado, lo levantaron «en volandas», es decir prácticamente cargado, lo llevaron al aeropuerto y lo metieron en el primer vuelo internacional que despegó de Maiquetía.

Esta es la manera como se manifiesta la «nueva doctrina constitucional» de que habla el teniente coronel presidente y a la cual se refirió la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia en la reunión que sostuvo con «los acompañantes internacionales» que vinieron a observar el referendo. Según ella, (EU 14/02/08, Pág. 1-4) «En Venezuela hay una redimensión de los poderes, porque siendo que hay un único poder, cada una de nuestras instituciones debe colaborar». Es de suponer que ese único poder de que habla la magistrada Morales, es el Presidente a quien las demás instituciones, incluidos todos los poderes públicos, le deben obediencia ciega.

Es probable que Herrero haya emitido opiniones que pudieran interpretarse como que incumplió con la norma de la Declaración de Principios para la Observación Internacional y Código de Conducta para Observadores Internacionales de Elecciones, según la cual las misiones de observación deben llevarse a cabo respetando la soberanía y las leyes del país anfitrión.

Pero las autoridades venezolanas en ningún momento han debido perder de vista que, como miembro del Parlamento Europeo, Luis Herrero es un diputado internacional y que por lo tanto su fuero se extiende a todos los países que visite ya sea privadamente o en misión oficial. Como dijo el eurodiputado Carlos Iturgáiz «se trata de un diputado aforado, con inmunidad, que sólo se puede romper si hubiese cometido un delito flagrante y en ningún momento se le ha dicho cuál delito cometió» (EU, 15/02/09, Pág. 1-2).

Nada puede justificar la brutalidad, la saña, el ultraje, el agravio, de que ha sido objeto el diputado Herrero. Si alguien abrigara todavía alguna duda de que en Venezuela gobierna un dictador, este hecho que se suma al caso de José Miguel Vivanco debería servir para despejar esa hesitación.

Se trata de un nuevo estilo de dictadura en el cual el autócrata, para no deteriorar su falsa imagen de demócrata, sobre todo internacionalmente, actúa por interpuesta persona, se vale de los otros poderes e instituciones que controla, se esconde detrás de los órganos judiciales para formular imputaciones falsas y calumniosas para desacreditar, descalificar, neutralizar o aniquilar a sus opositores y utiliza brigadas de choque, grupos delincuenciales asalariados, anárquicos, armados, para amedrentar y agredir a la disidencia y a los medios de comunicación social independientes.

Sin pretender regocijarnos con el lamentablemente atropello sufrido por Herrero, lo que le ocurrió ha tenido un efecto mucho más impactante que todos los esfuerzos de la disidencia venezolana para informar a los amigos fuera de Venezuela sobre lo que padecemos los venezolanos. Hechos como este, y lo ocurrido con José Miguel Vivanco, despojan al dictador de su disfraz de demócrata y revelan a la comunidad y a la opinión pública internacionales la verdad verdadera de la situación política venezolana.

Desde el domingo pasado la dictadura se despojó del último velo que le permitía fingir como democracia. A partir de ahora el mandante podrá gobernar hasta que le dé la gana o su cuerpo lo resista. «Me consumiré de por vida al servicio del pueblo… Aquí llegó un gobierno para largo plazo», anunció luego de conocerse los resultados del referendo.

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