Opinión Nacional

Burro contra Tigre

La primera reflexión que habría que hacer sobre la fuerte ofensiva desplegada por el gobierno contra la disidencia es que demostraron nuestra vulnerabilidad e impotencia para la reacción pronta y decidida ante acciones articuladas y preparadas concienzudamente. El gobierno y sus organizaciones de inteligencia llevan una década formulando planes e hipótesis sobre como subyugar a la Nación para imponer la dictadura comunista. De esta forma han concentrado su atención en atacar los puntos débiles y más emblemáticos del entramado social e institucional venezolano, utilizando metodologías de eficiencia comprobada en diversas situaciones. Por eso se persigue y se acosa a los “Nelson Bocaranda” y a los medios de comunicación no alineados. Por eso se radicaliza la hegemonía y se establece una institucionalidad paralela. Por eso se estrangula y desmantela a la propiedad privada. Por eso se amedrenta y reprime al movimiento sindical. Por eso se ataca a la iglesia católica y, en general, a todos los opositores.

El desarrollo de estos temas por parte del gobierno se ha centrado en prepararse para el asalto final contra lo que aún perdura del sistema democrático venezolano. Ello, resulta una trágica paradoja al contrastarlo con las cándidas actitudes y equivocada lectura que hemos hecho de las circunstancias políticas del país, los que no acompañamos las aberraciones del régimen. Hemos desarrollado todos los medios para protegernos de eventuales agresiones de los partidos políticos democráticos existentes y ninguna forma alternativa de evitar atentados por parte de los que, al contrario, no piensan en otra cosa.

La lección principal que se desprende de los acontecimientos de los últimos tiempos es que no hacen falta métodos exóticos y de alta tecnología para producir resultados devastadores sobre el ánimo de la sociedad civil .Bastó con perseguir, encarcelar, reprimir y amenazar a objetivos muy bien escogidos para hacer cundir la angustia entre las masas y paralizar las acciones de la mayor parte de las organizaciones sociales opositoras en los centros más importantes del país.

Las consecuencias políticas y psicológicas de la estrategia gubernamental no se miden por el número de víctimas que puedan causar, sino por lo perverso del ataque y el obsceno ventajismo del que se vale. Mientras los atacantes tengan el poder y el apoyo del Estado, el miedo y la sensación de impotencia se intensifican. El efecto buscado por este tipo de acciones gubernamentales consiste en demostrar la vulnerabilidad del objetivo y la permanente vulnerabilidad de los que podrían ser un objetivo la próxima vez. También, pretende demostrar que las defensas pueden ser penetradas utilizando métodos bien estudiados y que no existe ninguna defensa real contra un ataque del gobierno.

Pero, en verdad, la única defensa real y verdadera contra esas acciones es la resistencia seria, decidida, continuada y valiente. No basta con expresar lo que no queremos ni aceptamos como sociedad para nuestro país, debemos luchar con todos los medios

disponibles para que no se nos imponga. No permitamos que, asediados por el terrorismo gubernamental, se entronice definitivamente un sistema que niega los valores fundamentales de nuestra idiosincrasia y compromete el futuro de nuestra Nación. ¡Ya basta ¡

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