Opinión Nacional

Calentamiento global y compromiso ético

Hace 15000 millones de años, el reloj de la expansión del Universo marcó su primer segundo con la gran explosión.Toda la materia conocida y la que aún está por develarse, inició el más grande de los procesos cósmicos con la creación del tiempo y el espacio. Una parte muy pequeña de aquél cúmulo supermasivo no mayor a la cabeza de un alfiler, se traduciría 11.500 años después en la formación de nuestro planeta. De tal manera que en la historia universal, sólo una tercera parte corresponde a la identidad de lo que llamamos nuestro hogar. Pero estos lapsos son relativos. Nuestros componentes, los elementos que nos conforman como persona, las huellas de ellos en nuestro ser, superan con creces las edades que creemos tener. Mientras más jóvenes, somos más viejos. Todos tenemos 15000 millones de años y los que vienen detrás de nosotros, tendrán una edad acumulada detrás de ellos mayor que la nuestra. Nos asusta ver como nuestros hijos y nietos son más avezados que nosotros, pues no debería extrañarnos, tienen mas experiencia biológica que la nuestra.El Iceberg de ellos es más profundo que el nuestro, aunque el tamaño nuestro sobre la superficie sea mas elevado que el de ellos. De tal manera, que la edad aparente, la que vemos, es otro error de percepción similar a todas aquellas que nos muestra la óptica y que constituyen el gran repertorio de los magos.

De igual manera, hemos interpretado a la Historia como un gran relato de avances, en particular, tecnológicos, lo que nos ha permitido asegurarnos a nosotros mismos, que somos el producto más elaborado, mejor hecho, mejor conformado de nuestro hogar. Y con nosotros, Dios pudo hablar y tener conciencia de si mismo, y del todo, porque nos hizo a su imagen y semejanza pero nosotros lo representamos a imagen y semejanza nuestra; tan dioses nos creímos y nos creemos, que a los dioses los fabulamos con nuestros odios y deseos, nuestros placeres y nuestros complejos. Asumimos una heredad que nadie nos la concedió, la asumimos porque en nosotros se encuentran las claves a las respuestas sobre el origen y sobre el fin, sobre las causas y los efectos, sobre el pasado y el futuro.

Sin lugar a dudas, la especie humana ha avanzado.

Las ideas nos acompañaron desde un comienzo. Los medios vinieron después, y sin duda su demora retardó en su medida el desarrollo de las ideas tecnológicas del hombre. Y el medio más importante, sin duda fue la energía disponible para hacer un trabajo. El impacto ambiental del ser humano se puede datar solo a partir de lo que denominamos el inicio de la civilización, hace unos 10.000 años, cuando un extraordinario cruce genético entre dos especies primitivas de trigo, dio lugar a la variedad que permitió al ser humano desarrollar la agricultura y generar sus propios alimentos no perecederos, a través de técnicas de siembra y recolección, que convirtieron a la agricultura en la actividad que posibilitó la estancia sedentaria de los grupos humanos y el posterior establecimiento de las ciudades en el medio oriente. Historias similares se suscitaron en China, con el arroz, en la India con la avena, el sorgo y la cebada, en América con el maíz. La Tierra cuenta con una historia similar en cada lugar del globo, en una simultaneidad que ya asombraría a los teóricos de la globalización o de la antiglobalización. Resulta ser que, al igual que ocurre con la fauna que ha habitado la faz del planeta, el clima determinó las condiciones ambientales que hace 10.000 años, al retirarse el hielo de la última glaciación, permitió que prosperaran de las hierbas silvestres esas especies milagrosas que son los cereales, los cuales posibilitaron el advenimiento de las diversas culturas de la Tierra, en una primera ola civilizatoria que pobló al planeta desde las praderas de Etiopía, Kenia y Tanzania, generando las razas conocidas desde el tronco común africano, según revelan las investigaciones genéticas que ya comienzan a revelar sus códigos y que nos están relatando con la tinta y la huella del ADN de la especie humana, como Eva , madre del genero , era una negra africana, cuya huella en el ADN mitocondrial se encuentra en cada uno de nosotros:Resulta ser , que la historia de la Humanidad, es la convergencia de todas las historias de todas las culturas sin exclusión, todas forman parte del pueblo elegido, nadie se queda fuera de la mesa en la cual están presentes desde el origen. Los cambios en el planeta favorecieron la vida sobre el mismo y las bondades del globo fueron tan extraordinarias, que nos han permitido disfrutar de la estabilidad paradisíaca del clima terráqueo. Por ello es que la Humanidad no puede verse como extranjera, como ajena a nosotros, como un concepto vago que no nos involucra. Forma parte de nuestra realidad, conjuntamente con el entorno ambiental que no puede concebirse como un elemento accesorio, sino que debe transformarse en parte doliente de nuestra piel, de nuestro cuerpo, para poder preservarlo como lo merece. Por ello es vital que interioricemos el compromiso de salvar al planeta del impacto del recalentamiento global que hemos causado, a través de la energía educativa que transfiramos a todos los pobladores, dotándolos de una consciencia social global que comprometa al individuo con la vida del ambiente, con su propia vida.

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