Opinión Nacional

Camino a la unidad

No cabe la menor duda, el lanzamiento de la candidatura de Teodoro Petkoff y el asomo de Manuel Rosales, le han dado nuevos bríos a los sectores contrarios al gobierno que no están jugando al inmovilismo de cara a las elecciones presidenciales de diciembre. Hasta ahora venía ocurriendo una suerte de peligrosa rutina enfilada hacia el debate, a destiempo, sobre abstenerse o votar, sin haberse clarificado el panorama electoral. Mucho peor, algunos siguen acariciando con cierta melancolía, repetir lo ocurrido en las elecciones parlamentarias del año pasado. Como si en política se pudieran calcar situaciones anteriores condicionadas por determinadas circunstancias.

Este año es crucial para la democracia venezolana. Estamos ante el dilema más difícil y complejo de los últimos tiempos: Democracia o Dictadura. Mientras grupos opositores distraen energías en discusiones bizantinas, el régimen avanza indefectiblemente, casi sin tropiezos hacia su consolidación. La gente común se siente impotente, confundida, entre el fuego cruzado de palabras entre gobierno y oposición. Y, en este campo, el teniente coronel siempre lleva las de ganar. Controla y financia sin empacho numerosos periódicos, radios, televisoras, que siguen y repiten a pies juntillas, las consignas y mentiras salidas de la propaganda oficial. En el bando de la disidencia ocurre lo contrario: disparidad de mensajes apuntando a blancos diferentes.

Sin embargo, la salida de nuevas candidaturas, con propuestas actualizadas, concretas, atractivas, configura una nueva realidad. Son a la oposición como el bálsamo medicinal al cuerpo enfermo. Entonces la discusión no se limita a la repetición de los mismos argumentos; hoy cobra vida la posibilidad real, creíble, de construir, de abajo hacia arriba –no impuesta por las organizaciones políticas-, la unidad sólida de quienes se sienten defraudados, engañados, por la deriva autoritaria de Chávez y el despeñadero por donde empuja al país.

Así como la gente sacó el músculo necesario y obligó a los partidos a no participar en las pasadas elecciones del 4 de diciembre, ahora, también lo hará para definir, en su momento, quien será el abanderado presidencial de la oposición. Nada se gana con tratar de forzar la barra a fin de obtener unos resultados anticipados. Ya la sociedad ha madurado lo suficiente, para tomar la decisión más conveniente a los intereses del país; quizás, mediante un proceso de decantación lógica, usando el sentido común, o, por cualquier otro procedimiento que las circunstancias indiquen. En todo caso, el método no puede primar sobre las fases sucesivas que nos llevarán a tener un candidato unitario.

Después de la barrabasada de la Asamblea Nacional (al designar una mayoría de integrantes del CNE adeptos al oficialismo), se hace imperante la unidad con objeto de seguir presionando y lograr las condiciones electorales que garanticen unos comicios limpios, sin trácalas. No se puede cantar la derrota antes de dar la pelea (por aquello de quien no espera vencer, está vencido).

Unidad para derrotar al aprendiz de dictador en las urnas o, por lo menos, para sentar las bases de un movimiento opositor fuerte capaz de dejar desnudos a quienes pretendan perpetuarse en el poder mediante sofisticados fraudes electrónicos, como los dejados por el psiquiatra saliente de la presidencia del organismo comicial, Jorge Rodríguez. Unidad para seguir luchando a favor de la democracia, de la paz, de la tranquilidad

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