Opinión Nacional

Candidatos sin rostro

Esta campaña electoral ha servido para desnudar las carencias de la dirigencia del PSUV que, como todo el mundo sabe, depende del liderazgo y carisma de Chávez. O sea, por si solos no valen medio.

Las elecciones parlamentarias (en cualquier país democrático), por sus características intrínsecas, sirven de termómetro para medir la aceptación de quienes aspiran el favor de los ciudadanos para convertirse en sus representantes.

Sin embargo, en la Venezuela revolucionaria estas condiciones no se cumplen al pie de la letra. Por una parte, el CNE, en connivencia inconstitucional con el PSUV, cambió las reglas del juego al rediseñar las circunscripciones electorales de acuerdo con las conveniencias del oficialismo. Modificó los límites geográficos de los circuitos a los efectos de privilegiar el voto chavista y sacar mayor número de diputados, aun obteniendo una votación menor a nivel nacional. Es decir, borró de un plumazo la representación proporcional. No obstante, este sistema podría revertírseles si la oposición logra construir una mayoría en una determinada zona. A esto hay que sumarle el apabullante ventajismo gubernamental (en todos los aspectos), sobre todo en las regiones más pobres y con menos población. Pero abordemos el tema que nos convoca esta semana.

Conocemos, gracias a los medios de comunicación, de los “jueces sin rostro” que cubren sus caras para resguardar sus vidas, pues les corresponde juzgar a peligrosísimos terroristas y narcotraficantes. Hay asaltantes de bancos (a muchos los vemos en la películas) que se ponen máscaras para evitar ser identificados por las cámaras de seguridad. ¡Ojo!, aquí no se disfrazan porque la impunidad los dota de un salvoconducto bolivariano, comenten los delitos con sus caras bien lavadas. También hay estudiantes revoltosos, encapuchados, para subvertir el orden público. Distintos son los que protestan para drenar su rebeldía ante las injusticias o para exigir mejoras académicas y estudiantiles. Estos se cubren sus rostros para evadir las acciones de gobiernos represores.

Tampoco se queda atrás el legendario subcomandante Marcos, del autodenominado Ejército Zapatista de Liberación, que no se quita el pasamontañas ni para hacer el amor.

En fin, los hay para todos los gustos. ¡Ah!, pero lo que es un contrasentido es que los candidatos a diputados del PSUV no tengan rostro. Que, literalmente, se “encapuchen”. Eso sí resulta insólito e inaceptable. ¿No se sienten capaces de dar la cara? ¿Necesitan esconderse, cubriendo su rostro con una máscara de Chávez? Esto es lo último que le puede suceder a un político. Es un reconocimiento a su incapacidad de conectarse con los electores.

Se sienten segundones, teloneros de una comparsa dramática. No se atreven a presentar soluciones a los problemas de inseguridad, alto costo de la vida, los apagones diarios, los cortes de agua, la corrupción representada por el caso Pudreval.

La estrategia oficialista está agotada, es la misma de siempre: utilizar el hecho electoral para polarizar a la sociedad. El único que arriesga su pellejo es Chávez. Esta vez, la engañifa del “trasplante político de caras” le puede salir costosa al teniente coronel.

Corre un gran riesgo. Sobre todo, después de que su padre putativo, Fidel Castro, reconoció (después de 50 años) que su revolución no le sirve ni a los cubanos.

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