Opinión Nacional

Candil de la calle

La estrategia de exportación de la revolución bolivariana se ha sustentado en dos vertientes: la ideológica y la energética. Si bien es cierto que la primera está bloqueada como consecuencia de sucesivas derrotas: la crisis política de Evo Morales en Bolivia; las dificultades de Correa en Ecuador; la separación cada vez mayor de Chávez de los presidentes Lula (Brasil), Tabaré Vásquez (Uruguay), Bachelet (Chile); las complicaciones que enfrenta Cristina Kirchner en Argentina y los reveses en serie de las FARC, entre otros; la segunda ha cobrado viabilidad por el brutal aumento de los precios del petróleo.

El mundo desarrollado enfrenta un cuadro pre-recesivo, en el cual influye decisivamente el tema petrolero. Estados Unidos y Europa toman medidas drásticas para frenar el consumo de combustibles. Los actuales precios, al mismo tiempo, encarecen los alimentos y otros productos básicos. El caso más representativo es lo que ocurre con las líneas aéreas obligadas a incrementar todos sus servicios. Si la escalada de los precios de los hidrocarburos, que los expertos consideran que podría acentuarse, dado que el fenómeno tiene que ver con el juego especulativo de los centros financieros, se traduce en grandes problemas para las economías capitalistas, hay que considerar lo que ello representa para América Latina y África.

La nueva situación ha revitalizado el proyecto de Petrocaribe auspiciado por Chávez para ofrecer combustible con facilidades de financiamiento e, incluso, con el pago mediante productos o servicios de los países beneficiarios. Inicialmente, el ámbito de la iniciativa estuvo trazado por razones ideológicas. Hay que recordar que en la primera reunión en Puerto La Cruz Chávez y Fidel Castro aparecieron como los grandes dispensadores de beneficios a los países más pobres del área.

La semana pasada en Maracaibo la reunión de Petrocaribe despertó mayor interés. Álvaro Colom, el presidente de Guatemala (quien no comparte el pensamiento chavista), formalizó la adhesión de su país al acuerdo. Oscar Arias, el mandatario de Costa Rica, cuya actitud crítica con el proceso venezolano es conocida, ha solicitado integrarse también. Leonel Fernández, el presidente de República Dominicana, ha propuesto vender una refinería a PDVSA. El acuerdo entre Chávez y Correa para un complejo refinador en Manta (Ecuador) de cara al mercado del Pacífico beneficiará directamente a las naciones suramericanas.

Mientras ello ocurre en el plano externo, en el interior del país la economía enfrenta la paradoja de un ingreso inimaginable por la vía del petróleo con una inflación incontrolable y la caída del crecimiento. La derivación es obvia: el agravamiento de los problemas sociales con mayor incidencia en los sectores menos favorecidos. Con razón los venezolanos no entienden cómo cuando una mano generosa atiende necesidades de los vecinos, en Venezuela cada día se vive bajo el peso de todas las calamidades. “Candil de la calle y oscuridad de la casa” acostumbraban a decir los mayores.

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