Opinión Nacional

Carlos Ochoa, o la renuncia de un gerente digno

Como la opinión pública sabe (en particular aquélla interesada en los asuntos del deporte), Carlos Ochoa Terán, Gerente General de (%=Link(«http://meridiano.planetatv.com/»,»Meridiano TV»)%), presentó su renuncia irrevocable al cargo que desempeñó durante casi una década. No voy a cometer la petulancia de decir que en lo que aquí se escribe está ausente el vínculo familiar que existe entre nosotros: Carlos es mi primo hermano, y, a decir verdad, más lo segundo que lo primero, así que escribo con la sangre a flor de piel. Pero sí puedo decir que nada de lo que aquí se dice está artificialmente exaltado por ese nexo que, dicho sea de paso, me enorgullece hoy más que antes. Quienes lo conocen en el medio (pues durante más de treinta años ha laborado con diversas televisoras nacionales, al punto de representar por elección democrática a la televisión privada en el Consejo de Programación que creó la Ley Resorte) sabrán que no estoy mintiendo.

Lo primero que resalta de esa renuncia es que fue presentada en vivo ante las cámaras de televisión del canal que Carlos conducía. Suelen estos eventos, resultado casi siempre de las complejas tensiones que ocurren entre los dueños de un medio de comunicación y quienes tienen la difícil responsabilidad de su gerencia, ocurrir bajo las mesas de los acuerdos pecuniarios. Alguien dijo que la renuncia de un gerente no era noticia: pero… ¿no lo es que ocurra con ocasión de un conflicto laboral y usando la señal del canal de marras? Quien lo dijo bien mentía a conciencia o olvidó la máxima aquélla del hombre mordiendo al perro. Carlos dijo en pantalla algo que retrata su talante y su coraje: dijo poco más o menos que si él era el gerente de un medio de comunicación lo más lógico era que su renuncia fuese un hecho de comunicación y no administrativo. Y lo logró con creces.

Pero el segundo hecho que distingue esta renuncia es que se produce en respaldo al derecho de los trabajadores de la empresa a organizarse en sindicato independiente, ajeno por demás a las rudezas y lealtades del debate político nacional, y a procurar el contrato colectivo al que tienen derecho según la Constitución y las leyes. Que algunos de los dueños del canal se hayan comportado como viejos amos del valle del siglo XVI sólo confirma lo que Carlos se atrevió a decir ante la opinión pública (zafándose, por cierto, de ese doble chantaje que la polarización política del país suele imponer): que el proyecto de esta “revolución bolivariana” (que no es ni una ni otra cosa, afirmo yo) consigue anclarse en la mente de las mayorías populares debido muchas veces a la actitud de algunos patronos primitivos para los que las condiciones laborales y sociales de sus empleados son asunto de poca monta cuando no incómodos menesteres que hay que procurar despachar con prontitud echando mano de atropellos de todo tipo si fuese el caso. Para ellos, el trabajador no es un ser humano sino una cifra en el balance de costos y beneficios de la empresa. En lo personal, me llena de un inmenso orgullo que Carlos haya preferido renunciar a su cargo antes que hacerse cómplice de conductas que él consideraba reñidas con su ética de la vida y de sus obligaciones en el desempeño como gerente.

Finalmente, esta renuncia habla de un tema que los venezolanos debemos alguna vez sacar de la confrontación política pedestre y colocar en el plano de los intereses nacionales: el de la tensión entre los intereses de los usuarios de los medios de comunicación, que integran la sociedad democrática (ciudadanos, organizaciones civiles, partidos políticos, etc.), y los de sus dueños. La situación ideal es conseguir que unos y otros se complementen a los fines de resguardar el que es principalísimo derecho humano: el de la libertad de expresión e información. Es difícil entender que ninguna televisora (ni las privadas ni la que es propiedad del Estado venezolano) ni tampoco la mayoría de los diarios y emisoras radiales hayan puesto de relieve -al menos en sus secciones deportivas como era natural- la renuncia de Carlos, conductor de la televisora deportiva del país, afectando así de manera protuberante el derecho de los ciudadanos a estar informados.

En este penoso episodio hay un solo vencedor: Carlos Ochoa. Y es que su renuncia es la renuncia de un gerente digno. Sí, amigos, la dignidad, ese bien intangible pero invalorable que nos hace, cuando se tiene, o nos excluye, cuando nos falta, miembros a todo derecho de la especie humana.

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