Opinión Nacional

Carrizales vuelve a las andadas

¿Existe Carrizales o es un invento del ventrílocuo mayor? Como el resto de la ciudadanía, los rojos rojitos y los multicolores, existe constancia de que sí existe un teniente coronel charlatán y embaucador bautizado por sus padres como Hugo, en honor al responsable genético, y Rafael, en agradecimiento al fundador de COPEI, que los orígenes de la progenie chavista se hunden, como no podía ser menos, en las marismas de la Cuarta República.

También existe constancia de que existen Diosdado Cabello, Jesse Chacón y Jorge Rodríguez, pigmeos de la misma tribu. Sus huellas digitales aparecieron en los rostros agonizantes de unos pobres trabajadores del que fuera en sus mejores tiempos un canal de todos los venezolanos y en unas maquinitas automatizadas que los hicieran ricos de la noche a la mañana. De Jorge Rodríguez existe una constancia ilustrada: ganó un premio nacional de cuento de un medio de circulación también nacional, suerte de confesión de la patología que lo caracteriza. Como en una anticipación borgiana de su propia futuro todos los personajes de ese cuento son militares y homosexuales, corruptos y transgresores. Tiene el muchacho, sin duda, poderes extra sensoriales.

Pero al lado o por debajo de esos seres de existencia incuestionable y ambiguas virtudes morales existen los hombres grises, gaseosos, insípidos, sin atributos, esa manada de “mangasmiás” – como los bautizara nuestra colega Marianella Salazar – que hacen vida en el entorno del teniente coronel para garantizarle brillo y nombradía. Ya se sabe: los soles repugnan de la competencia. De entre ellos, Ramón Carrizales se lleva la palma. Es tan calcado del ex fiscal general de triste recordación que también le dieron la vicepresidencia de la república, que parecen morochos espirituales. Y para justificar su sueldo y sus canonjías, que serán suculentas como las de todos los personajes de Palacio, ha recibido el encargo de barrer, ordenar, higienizar y limpiar los espacios del palacio Metropolitano, convertido en un burdel de paso del desaparecido Juan Barreto.

Por ello y como forma de agradecer la apariencia de tan sonado cargo el susodicho Carrizales ha asumido la tarea de hostigar al alcalde metropolitano y fungir de conserje del que fuera el palacio de Barreto. Primero ordenó asaltarlo, ocuparlo y ultrajarlo. Le sirvieron en tal tarea los grupos de choque de Lina Ron y la Policía Metropolitana. Lo mismo hizo con las otras sedes de la Alcaldía, como la prefectura. Luego ordenó darle una manita de pintura y publicó tan orondo que jamás había sido asaltado, ocupado y ultrajado. Ahora, visto el fracaso de sus ofertas engañosas, pretende seguir asediando al líder opositor y se hace a la tarea de copar todos los espacios de nuestro gobierno metropolitano.

La razón es muy simple: el triunfo del NO en Caracas fue atronador. Los hombres grises del teniente coronel no llegarían a la esquina en una carrera de paralíticos. Y la oposición comienza a mostrar su acerada musculatura. Ledezma a la cabeza.

¿Existe Ramón Carrizales? Este escribidor tiene muy serias dudas. Es una flatulencia del teniente coronel. Una ensoñación gasífera de una siesta cuartelera del caudillo luego de un suculento pabellón criollo. Que demuestre su existencia entregando el palacio metropolitano.

Va siendo hora.

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