Opinión Nacional

Carta a la carta

Leer una carta del Presidente Chávez es un ejercicio intelectual agotador, en especial cuando nos encontramos, por así decirlo, con tantos estilos diferentes, con una variedad exquisita de lugares comunes, citas fuera de contexto, y con sentencias altisonantes que parecieran ataques y amedrentamiento a los destinatarios; en otras palabras nos encontramos con el propio espíritu del guerrero y una fijación en su “Oráculo”.

Como católico, apostólico, romano, bolivariano y latinoamericano, mucho más todo eso que el Presidente, pues soy más viejo que él y he sentido el plomo de la revolución en mi cuerpo, me he sentido tentado, así me cueste el Purgatorio, hacer un análisis de la “Carta Abierta del Presidente Hugo Chávez a los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana”, carta que según mi criterio tiene toda la legitimidad del mundo, pues la Iglesia somos todos, incluso las ovejas descarriadas…

Monseñor Romero, Mártir de la Iglesia, muy admirado, en el pasado cercano, por el Presidente Chávez, dijo algo que los católicos latinoamericanos jamás deberíamos olvidar: “La Iglesia jamás olvida que su misión no es de orden político, social o económico, sino de orden religioso; pero tampoco puede olvidar que precisamente que de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que puedan servir para establecer la comunidad humana y consolidarla según la ley Divina”.

El Presidente se ha olvidado de que el Bravo Pueblo ya no lo es. Si el pueblo fuera Bravo, tan Bravo como él lo plantea no estaría sumergido en la decadencia de los antivalores y en la aceptación continua y gratuita de la demagogia casi dogmática de los discursos oficiales. El Presidente se olvida que fue electo, y seguramente será reelecto con una mayoría circunstancial. El fenómeno de la no-participación, de la desidia y del abstencionismo electoral no es otra cosa que el producto de la falta de credibilidad que tiene el pueblo en su dirigencia política. El presidente en todo caso, de acuerdo a las cifras electorales no representaría a más de un tercio de la población pues un tercio no votó, ni le interesa hacerlo y otro tercio es oposición organizada. Por lo tanto mal puede hablarse en nombre y a nombre de un supuesto Bravo Pueblo.

El Presidente se olvida, o no lo quiere ver, o no lo acepta, que “(…) hoy hay más hombres sometidos a situaciones de mayores injusticias. El clamor sordo de miseria percibido por la Iglesia en Medellín, Puebla, lo considera, claro, creciente, impetuoso, y, en ocasiones, amenazante”. El Primer Mandatario deberá estar de acuerdo conmigo en que lo único que ha cambiado en Venezuela, en este año y pico de gobierno del MVR y del Polo patriótico que él dirige, por cierto tan poco democráticamente, es la masificación la miseria a pesar de que los ingresos petroleros han estado a la altura de los mayores de la historia de la industria en el país. En otras palabras, el tiempo en que ha gobernado a servido para producir solamente más miseria. (Muchos que no conocen de historia quieren equiparar al gobierno de Chávez con el de Allende en Chile (1979-73); al respecto es bueno poner algo en claro: el gobierno de Allende logró en el primer año de gestión, un crecimiento del PIB del 7%, el más grande del mundo occidental en ese tiempo –crecimiento que fue sostenido por tres años – ; Chávez en su primer año logró una caída del PIB de –7,2%).

El flagelo de la miseria al que hemos estado sometidos, durante estos últimos meses, en especial la clase media, quienes somos profesionales, técnicos, académicos, intelectuales (En el gobierno del Presidente Chávez no hay un solo intelectual, con excepción de un poeta más o menos gris), es humillante. La miseria nos ronda, quienes no tienen casa propia somos aventados a la calle, se nos corta el teléfono, Internet, no tenemos acceso a la salud pues esta además de no ser gratuita es mala, ya no podemos pagar las pólizas de hospitalización, nuestras neveras están vacías, los salarios son de hambre, la desnutrición infantil está matando niños, la desnutrición está matando ancianos y está enfermando a las clases trabajadoras, ha reemergido la TBC por falta de alimentación, el consumo de pan cayó en un 15% en este último trimestre, etc. Todo esto por supuesto tiene que preocuparle a la Iglesia, pues quienes mayoritariamente sufrimos los estragos somos católicos.

A todo esto tenemos que sufrir las lacras que realmente pensábamos el Presidente Chávez eliminaría con dura mano y no con dura lengua. Me refiero a las lacras de la sociedad de consumo que afectan al Bravo Pueblo y lo idiotizan: juego ilegal, cerveza, drogadicción, prostitución infantil, explotación infantil (esta última avalada por la propia ley que endosó el Presidente), irrespeto por los derechos humanos (Vargas, Comunicadores, etc.). Ante esto le pregunto al Presidente ¿qué hace el católico? ¿Tiene derecho a rebelarse contra tanta injusticia?

El Presidente también tiene que estar de acuerdo que el deterioro creciente del cuadro político es producto y consecuencia de la corrupción. ¿Cómo es posible, que por ejemplo, se auxilie a CAVENDES mientras no se paga a los maestros, ni a los médicos, ni se saca a los grupos de personas damnificadas de Vargas y Caracas que aún están viviendo en edificaciones militares? ¿Cómo es posible que seis organismos oficiales, incluido el Ministerio de Finanzas, y el banco del Pueblo Soberano, hayan depositado más de 30 millardos de bolívares en CAVENDES sabiendo que esa institución había desfalcado los ahorros del estado y del Público? – ¿Es que hay que premiar a la corrupción?

Chávez, acusa muy directamente a la Iglesia de manipular la Fe, la cual, según él, usa “una experiencia de siglos para denominar despectivamente revolución chavista al apasionado fuego de la especie que hoy inflama el corazón de los Bolivarianos”, y continúa diciendo que “resulta fácil ser caja de resonancia para los intereses del capitalismo salvaje; para impedir que las grandes mayorías oprimidas durante tanto tiempo y que hoy empujan la revolución, despierten de la horrible alienación”. En este respecto pienso que el primer mandatario es injusto cuando acusa a la Iglesia de servir a los intereses del capitalismo Salvaje como él llama al sistema, tratando desde ya tratar de quedar bien también con el diablo pues no se conoce un sistema capitalista que no sea alienante o salvaje; si el Presidente entiende la terminología que usa, entonces tendrá que aceptar que la alienación no es otra cosa que el “extrañamiento de uno mismo frente a otros individuos, a la sociedad o al trabajo.” Así que considerando las cifras macroeconómicas de desempleo y pobreza el Presidente tendrá que aceptar, humildemente, que el 80% de los venezolanos vive alienado en su gobierno: alienado a la sociedad de consumo, alienado por discursismo, alienado por la mentira, y alienado por la lejanía de un futuro de felicidad. La Iglesia quiere y desea que el ser libre transite por el mundo de la no alienación; no es otro su papel sino alertar y exhortar a todos a luchar contra las iniquidades y la corrupción, cuestión que creo no es mucho pedir.

El Presidente en su carta a los dignatarios de la Iglesia, recurre a Mateo 23:13-26; yo realmente no sé que traducción de la Biblia usó, pero en fin, me gustaría recordarle que eso del fariseísmo es muy manipulable y obviamente el Primer mandatario ni por lejos es Jesús ni menos se asemeja a Él. Chávez dejó de citar, sin embargo a Mateo 23:24 y es bueno que lo tenga en cuenta, pues si de manipular citas bíblicas esta le puede calzar al dedillo: “¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito pero engullen el camello!” Ahora bien, si Chávez conociera bien la Fe y la Biblia, sabría que Jesucristo llamaba hipócritas a quienes se burlaban de las cosas de Dios y no a todo el mundo; por ejemplo quienes creen que han sido puestos por Dios para hacer “una revolución”, como muchas veces lo ha dicho el propio Presidente.

La Iglesia tiene muy claro, Chávez no, que no todos los fariseos eran hipócritas. Jesucristo no los ataca a ellos sino a su institución, pues ellos eran un grupo de gente superior, que se suponía eran los defensores de la Fe. Por eso es necesario considerar que los católicos debemos recelar de aquellos quienes creen o se creen superiores a los demás y que pretenden guiar a la Iglesia, sin haber antes alcanzado la libertad del espíritu, haber expulsado a sus demonios (odios) fuera, y a sus Idolas que los ciegan en sus pensamientos, como ocurre muchas veces con las rabietas de nuestro Presidente que se olvida que no es el Presidente de solamente los Bolivarianos sino que de 25 millones de seres de los cuales solamente 11 millones votan y de esos un poco más de un tercio lo aventó al Poder (terrenal).

Chávez comete un gran error al querer presentarse como lugarteniente de Jesús; pierde la ponderación y la humildad muy frecuentemente y dice servir a Dios. Obviamente ese no es el camino. El Presidente ha sido muy mal asesorado en esta Carta a los Obispos y no puede negar que las muchas manos que allí se metieron a escribir no dieron ningún tipo de respuesta a las inquietudes de la Iglesia.

Es bueno recordarle al Presidente que cierto gobernante que interrogó a Jesús le dijo: “Buen Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? – Jesús le respondió: “ ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno solo, Dios”.( Lucas 18:18) – Obviamente, y pareciera que nuestro Primer Mandatario se cree superior a Dios; se cree el más bueno de los buenos; caso digno del estudio aristotélico y de la ciencia Ética en general.

El Presidente apela al Libro de la Sabiduría para reprocharle a la Iglesia que no entienda que su proyecto es obra de Dios, y de paso aprovecha, usando el 1:7, de amenazar a los Obispos con el fuego eterno, olvidándose nuestro Presidente que allí mismo se dice: “Por eso, cuídense de murmurar en vano, preserven su lengua de las malas palabras; la palabra más simple no quedará inadvertida, la boca mentirosa da muerte al alma” (Sabiduría 1: 11). Y obviamente sabemos que el Presidente no cuida mucho de su lengua.

Otra cita fuera de contexto es la de Juan 10:1 pues Chávez la usa en la supuesta redención económica, moral y social del pueblo, cuestión que no está considerada en este versículo. Lo que aquí se plantea y que al parecer ignora Chávez, es que “su pueblo” , es decir sus seguidores, no se confunden con el de la nación Judía. Obviamente en este caso plantea claramente la separación existente entre las cuestiones divinas y del Estado. Aquí lo que está en juego para Jesús no es la salvación de la nación Judía, lo que está en juego es la salvación de las almas de los judíos que lo sigan “a su reino eterno”. Esto evidencia claramente la manipulación que hace Chávez de la Biblia, manipulación que no tiene otro destino que convencer al ignorante de que es él, solamente él quien tiene la Palabra de Dios. La única Iglesia es la cuestión planteada por Jesús de Nazaret en el versículo usado por Chávez para la manipulación política del pueblo de Dios. Chávez, quien se dice tan católico y estudioso de la Biblia, debería entender que la Unica Iglesia camina a lo largo de la historia y “no se encierra en ningún corral: no identifica su destino con el de ningún pueblo o civilización”. ¿Es muy difícil entender esto?

El Presidente, trata de justificar su proceso al que él insiste en llamar revolucionario (habría que preguntarle al gran Douglas Bravo que opina al respecto), diciendo que éste tiene carácter moral (los procesos de Mussolini, Hitler, Oliveira Salazar, Franco y Pinochet, también querían moralizar), y que éste proyecto no será echado para atrás. Nadie puede estar en contra de tan altos propósitos, menos la Iglesia. Lo que no parece Ético es apropiarse precisamente de la Ética para establecer una moral de acuerdo a ciertos intereses que no siempre terminan siendo los verdaderos intereses o necesidades del pueblo. Es posible que el proyecto chavista sea bueno en esencia, pero lo demostrado hasta ahora desmiente ese propósito de bien común al insistir en dividir al país entre buenos y malos, traidores y patriotas, bolivariano y no sé qué.

La Carta de Chávez, llena de lugares comunes, citas locas y frases altisonantes contiene errores conceptuales que obligan a la Iglesia a no contestarla, pues la Iglesia no puede prestarse para un juego perverso en donde alguien pide a gritos, en su interior, en lo más íntimo de su ser, que lo ataquen, que lo cataloguen de algo, que lo insulten, o quizá que otra cosa. La Carta, lamentablemente se presta para decir: “señor no sea ignorante”; obviamente, la Iglesia no lo hará, no puede hacerlo y le toca poner la otra mejilla. Sin embargo, a nosotros los católicos no. Gracias a Dios, nuestra religión cree en el libre albedrío y no exige ejercer el derecho a la rebelión, cuestiones por cierto negadas por Lutero a quien el primer mandatario parece admirar y quien por cierto junto a Calvino son los padres espirituales del liberalismo económico al cual el Presidente dice despreciar.

Chávez se equivoca al decir que Jesús es una religión; Chávez se equivoca al decir que el dogmatismo cristiano es una traba. Precisamente el Dogma existe porque los humanos no tenemos la capacidad de explicarnos ciertas cosas, pero creemos en ellas porque tenemos Fe. Él ignora la importancia de la Fe en el Dogma. Ante esto tenemos que explicarle al Presidente que: “Dogma, es la declaración de una doctrina religiosa formulada de forma autoritaria y precisa, que se expone no para ser discutida sino para creer en ella. En un sentido estricto, el término es propio del cristianismo. Para ser calificada como dogma, la proposición tiene que cumplir dos condiciones: haber sido derivada de la revelación, como atestiguan las Sagradas Escrituras y la tradición, y ser promulgada por alguna autoridad eclesiástica dotada de gran autoridad, por ejemplo por el Papa”.

El Presidente amenaza a la Iglesia con la “tempestad” de la violencia si no se acata “su revolución”, y para eso vuelve a manipular las citas bíblicas usando nuevamente a Mateo 10:34. Chávez no entiende que Jesús no vino al mundo a traer la Paz; el mundo, dice la Iglesia, se ordena en torno a sus confusiones, certezas aproximadas equilibrios entre codicias y violencias opuestas. “La paz del mundo, ya sea en la sociedad o en las familias, encubre habitualmente un orden injusto impuesto por el más fuerte o una mediocridad compartida” ; y, en este punto Chávez debería compartir la opinión de la Iglesia, pero no lo hace pues ve a esta institución como enemiga. Sin duda el problema del Presidente es que lo han endiosado tanto que le metieron dentro el diablo de la soberbia que no le deja entender que los católicos solo queremos ayudarlo a no destruir lo que queda de país.

*Politólogo; autor de “Neoliberalismo Miseria Humana”

(%=Link(«[email protected]»,»[email protected]»)%)

1.Miranda, Pedro N. – “Itinerario Político de Monseñor Romero” – Edit. Ateneo de Caracas, Caracas, 1980.

2. Idem.-

3. Encarta 1998

4. Idem.

5. La Biblia, Ediciones Paulinas Verbo Divino, 1972, Concepción Chile. Mateo 11.

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