Opinión Nacional

Carta a la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional

Sres. Diputadas y Diputados.

Muy apreciados colegas docentes

He seguido con interés y mucha tristeza las lecciones de pedagogía que han impartido con vehemencia proselitista y madurado desacierto la diputada María de Queipo y su alumno el superministro Héctor Navarro, quienes sin vergüenza nos han impuesto una ley de Educación que deja mucho que decir del presente y del futuro de nuestra juventud, en función del desarrollo social y morfológico del venezolano que se alimenta de las ideas y enseñanzas del vociferado “socialismo del siglo XXI”

En mis años juveniles tuve la fortuna de aprender y aprehender las más versátiles lecciones de filosofía de la educación, vertidas en todo nuestro sistema educativo por prohombres y magistrales mujeres, quienes se empeñaron en obtener del mundo culturalmente desarrollado en las técnicas de la enseñanza, que pugnaban en los diferentes escenarios, las mejores opciones para intentar dar el salto del sub al desarrollo verdadero y valedero. A mi entender, ellos lo lograron y durante varias décadas del siglo XX se propusieron donar a los jóvenes estudiantes de entonces, las herramientas forjadas y talladas con el martillo sobre el yunque, que colocaron en el dintel de aquella educación rural, hasta llevarla a lo que pudiéramos decir, la cúspide del deseado suceso educativo. Ese que visualizamos entonces, sin la monserga que ustedes intentan calificar de educación para el hombre nuevo.

Reverenciados diputados: sin toga, sin birrete y sin boina introduzco el debate con ustedes. Es la hora de la discusión, aunque ustedes siempre se adelantan con el apabullamiento que les produce el tener que cumplir con premura la orden de su “sabio” y “mesiánico” tutor. Lamentablemente, con la mentirosa excusa de haberlo consultado con el “pueblo” invisible, sordo y mudo. Pero como la razón siempre impera y obliga, les expondré conceptos que antes divulgué, cuando a criterio de muchos docentes en Venezuela surgió la crítica sobre la calidad profesional del maestro actual de entonces, evidentemente mejor que el de hoy, y aunque parezca una paradoja, es inmensamente coincidente con lo que ustedes quieren cambiar, salvo la estupidez de la motivación que a ustedes los impulsa.

Con gran diferencia de lo que ustedes piensan, en las exposiciones sobre la formalidad de la educación y el ejercicio de la docencia, en el fondo coincidíamos en criticar la calidad profesional del maestro, no de la educación, ya que pensábamos, que, a pesar de recibir éste una formación básica como docente, desdeñaba el fondo de lo que representa dejar de lado el concepto del “magister dixit”, como siempre fue la costumbre, para aplicar la técnica que califica a la llamada “Escuela Activa” o “aprender haciendo”, que no es otra, que la de hacer del maestro un guía y orientador, dedicado a despertar en el alumno la habilidad investigativa , única fórmula para lograr un conocimiento práctico fundamentado en la gimnasia intelectual complementada con la motriz, que deje en el aprendizaje, no solo el sabor del conocimiento, sino la destreza ágil que le permita cumplir con el fin de la educación, que quiéranlo ustedes o no, no es otro que “lograr un hombre sano, culto, crítico y capaz de participar activamente en los procesos de transformación social, contribuyendo además en la formación y capacitación de los equipos humanos necesarios para el desarrollo del país y al desarrollo integral, autónomo e independiente del pueblo venezolano”. Vemos que, con lo “crítico”, además de la cultura y la capacitación, que debe entenderse abierta y plural, contradice el deseo de sus aspiraciones politiqueras, de domesticación, robotización y mediatización cerebral tanto en niños y jóvenes, y hasta en profesionales de precaria formación.

Estimados diputados docentes: Esta orientación del desempeño magisterial, debiera ser básico en la educación formal, cuya concepción siempre fue expresa en la Ley de Educación: “el proceso educativo estará estrechamente vinculado al trabajo con el fin de armonizar la educación con las actividades productivas”. Para ello, ha indicado la misma ley, que ella “deberá crear hábitos de responsabilidad del individuo con la producción y la distribución equitativa de sus resultados”. Vale decir, un ciudadano individual y responsable y no un sumiso comunitario. Ningún otro sentido tendría la formación del hábito en un ser consciente, a quien se dirige la práctica y el ejercicio como fundamento de la “Escuela Activa”.

Señores diputadas y diputados: Me parece extraña esta “filosofía educativa” que ustedes quieren imponernos y que quieren fundamentar en la “Escuela Activa”. No podemos aceptar el engaño. Este concepto surgió hace casi un siglo, cuando fue incorporado a la Pedagogía universal, habiendo sido materia de estudio en Venezuela a nivel de educación especial en las escuela normales y posteriormente a nivel superior, con las escuelas de Educación, posteriormente con los cursos de Mejoramiento Profesional del Magisterio cuando se masificó científicamente la educación, y mas tarde, cuando se elevó el desempeño del maestro de educación primaria al nivel profesional universitario, lo que lastimosamente fue cambiado por ustedes, creyendo que lo importante en educación es la masificación de la matrícula, la perorata, el bla, bla, bla y la obtención igualitaria de un título otorgado en cadena nacional. Es decir, creer que la elevación educativa se puede lograr creando “misiones” para igualar profesionalmente a los venezolanos, al menos por su pasantía en universidades de dudosa reputación académica.

Eso, señores diputados, no es nuevo. Un ministro de educación del pasado planteó la necesidad de incorporar al magisterio como docentes, a técnicos y profesionales en sus respectivas ramas y especialidades, pero luego de someterlos intensamente a un propedéutico fundamentado en las disciplinas realmente necesarias en el docente: la metodología y la pedagogía, que conlleven su articulación con prácticas fundamentales de sicología básica y práctica, que de hecho tiene cualquier buen profesional. Pero en contrario a la educación proselitista que ustedes quieren implantar, la educación se abre a la calle, es decir al arbitrio del estudiante, que de hecho deja de ser dogmática. En este sentido, se planteó lo innecesario del aula como centro cerrado para la docencia, a no ser, para la orientación y guía, que hoy puede hacerse con los medios cibernéticos (radio, cine, televisión, internet y otros medios digitales), todos fundamentales en el hombre moderno dentro de la denominada “aldea global”. Para este aprendizaje, no es necesario el esquema educativo arcaico, donde el domador habla y las focas palmean.

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