Opinión Nacional

Carta a un indeciso

Usted votó por Chavez en 1998, entre otras cosas, porque quería un cambio de rumbo en la conducción de Venezuela. Un país que, en los últimos quince años, se había empobrecido brutalmente. Usted pensó que Chávez, un hombre nuevo, lleno de energía y buenas intenciones, acabaría con la corrupción del pasado y reiniciaría, con su juventud y energía, el camino de la modernización del país. Chávez enfrentaría decididamente la pobreza, los niños de la calle eran los niños de la patria y pronto tendrían un techo y una escuela.

Usted apoyó a Chávez, cuando lo respaldaban Jorge Olavarría, Alejandro Armas, Oswaldo Alvarez , Ernesto Mayz, Herman Escarrá, Tulio Alvarez, Ricardo Combellas, Miquilena; Arias, Urdaneta, el MAS de Mujica y Puchi y muchos más. Usted, probablemente, votó de nuevo por Chávez en el 2000, porque había que darle más tiempo, los primeros 18 meses de gobierno habían sido necesarios para la reforma política, encarnada en la nueva Constitución, ahora vendría la necesaria transformación socioeconómica. Por eso, Usted no se preocupó demasiado por la ampliación a 8 años del mandato presidencial, ni por la instalación de los “hombres del presidente” en todas las instituciones “arbitrales” del Estado, como el Tribunal Supremo y los órganos del Poder Ciudadano. Chávez necesitaba tiempo y poder para concretar el cambio. También, obviamente, son necesarios los recursos económicos y Usted se contentó, como todos venezolanos, por los altos precios del petróleo, que empezaron con el inicio del gobierno Chávez.

Después de casi seis años de gobierno, Chávez ha disfrutado de más tiempo, poder, dinero y apoyo popular que ningún otro presidente, desde 1958. El país no ha mejorado, la pobreza ha aumentado y los niños de la calle y los indigentes se han multiplicado. Además, la energía juvenil del presidente se invirtió en una continua e innecesaria campaña de confrontación y agresión en contra de la disidencia política, que ha sembrado la división, el odio y la desconfianza entre los venezolanos. Usted está decepcionado y triste. La esperanza se transformó en una ilusión. El ilusionista mayor ya no le encanta, sin embargo tampoco le convence la oposición y no tiene muchas ganas de ir a votar. Sin un mínimo de consenso y reconciliación entre las dos Venezuelas, no habrá paz. Sin paz, no hay confianza. Sin confianza, no hay inversión. Sin inversión, hay miseria. Es necesaria una negociación entre las partes, pero sólo la victoria del garantizará que Chavez negocie. Su voto es importante.

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