Opinión Nacional

Carta abierta a Luis Vicente León

En una reciente entrevista para el diario «El Universal» (del domingo 30 de septiembre de 2007) Luis Vicente León, director de Datanálisis, hablando de Chávez dijo, entre otras cosas, lo siguiente: «…Me muero de risa cuando opositores, mis amigos, plantean que al salir del poder lo van a llevar al Tribunal de La Haya para juzgarlo por crímenes de lesa humanidad. Comparado con quienes son enjuiciados en ese tribunal, si lo llevan allí, probablemente le van a dar un premio…».

Mi primera reacción frente a esta innecesaria manifestación del Sr. León fue la de guardar silencio. Total, los hechos y sus consecuencias están a la vista, y poco a poco las cosas han ido contextualizándose y demostrándose (por lo menos a nivel internacional) y las continuas denuncias por las violaciones a los derechos humanos de este gobierno infame han ido, a paso lento pero seguro, rindiendo sus frutos. Sin embargo, y aunque no soy de los «amigos» del Sr. León (nos habremos visto y saludado alguna vez en la torre en las que estaban mis oficinas y las de Datanálisis) sí soy parte de ese grupo de personas que considera que no sólo a Hugo Chávez, sino a muchos de sus colaboradores, en algún momento, la justicia internacional, sea que se trate del sistema Interamericano o del Tribunal Penal Internacional, les cobrará sus abusos y sus tropelías. Y no solamente lo creo fervientemente, sino que además me he dedicado, conjuntamente con otros abogados, desde hace ya más de cinco años y como proyecto de vida, a lograr que así sea, aunque sea en un futuro lejano, de la mano de un gran número de víctimas de estos abusos y de las graves violaciones a los derechos humanos que se concretan de manera sistemática día a día en nuestra nación.

Por eso opto, esta vez, por no guardar silencio.

No puedo creer que un venezolano consciente sea capaz de decir que si en algún momento llegan a llevar a Hugo Chávez a juicio ante el TPI (o ante cualquier otro órgano de justicia internacional) por su sistemática y deliberada persecución de la disidencia, lo más posible es que le den un «premio». Mucho menos puedo aceptar que las lágrimas de tantos que han sufrido desde perder sus trabajos hasta ver morir a sus seres queridos, puedan darle «risa» a nadie. Mucho menos si esa persona que «se muere de la risa» ante el anhelo de justicia de muchos es una persona que, presumo, debe ser inteligente pues en su entrevista se dice que no sólo es profesional, sino que además tiene formación como especialista (dice allí que es economista posgraduado en ingeniería de empresas y en análisis de entorno).

Se nota en su triste afirmación, Sr. León (insisto en no tutearlo pues, como dije, no me considero, su «amigo», ni espero que usted me considere como tal) que usted no se ha ensuciado las manos con las oscuridades del régimen. Se nota que sus encuestas (que le deben rendir, lo cual no cuestiono, pingöes beneficios) las hace desde la comodidad de su escritorio amparado en números que no lo vinculan con la realidad.

Se nota que nunca ha sentido el miedo de ser despedido de su trabajo por el simple hecho de pensar diferente a quienes detentan el poder o por haber válidamente manifestado, a través de su voto o de su firma, su preferencia política. Se nota que tiene usted cómo llevar el sustento a su familia sin problemas ni temores. Se nota además que no ha tenido que explicarle a una madre que su hijo va a tener que permanecer detenido, o que va a ser procesado penalmente, por hacer lo que la Constitución le permite hacer: protestar pacíficamente contra ideas que no comparte y opinar, aunque sus opiniones le resulten antipáticas al que manda. Se nota que no ha ido usted nunca a una audiencia (como aquellas en las que tuve el honor de representar a los marinos mercantes en Falcón o a los habitantes de Los Semerucos) en la que se pasan muchas más de ocho horas seguidas explicándole a jueces y a fiscales sumisos que no se puede criminalizar a quien promueve pacíficamente lo que en la Constitución es tenido como los valores superiores de nuestro modelo de Estado: la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social, la preeminencia de los de los derechos humanos y el pluralismo político (Art. 2, CRBV).

Se nota que jamás ha pisado Ramo Verde ni ha hablado con el General Francisco Usón, condenado a cinco años y medio de prisión por haber explicado cómo funciona un lanzallamas, o con su hermano, el Vicealmirante Santiago Usón, que fue dado de baja «deshonrosa» ilegalmente por haber solicitado (lo que era su derecho como militar y ciudadano) la activación del Referendo Revocatorio.

Se nota que no sabe de derecho pues, en un Estado que se precie de ser respetuoso de las leyes, a unas personas no se les puede mantener detenidas sin condena por más de dos años sin culminarles el juicio (le ruego que revise cómo le está yendo a los ocho Policías Metropolitanos y a los Comisarios Vivas, Forero y Simonovis en el que se ha convertido el juicio más largo de la historia judicial venezolana reciente) o que le importa poco que, pese a la orden expresa de una Juez, al Comisario Simonovis no se le permita recibir la atención médica que requiere, poniendo en peligro su vida. Se nota que no ha revisado las más de doscientos cincuenta investigaciones abiertas a los manifestantes (la gran mayoría estudiantes) que osaron alzar la voz frente al cierre de RCTV, o que desconoce que después del paro cívico nacional cerca de 20.000 trabajadores de PDVSA fueron despedidos por, sencillamente, no estar de acuerdo con las políticas contra la meritocracia de Hugo Chávez. Se nota que no vio usted el video en el que el Presidente de la estatal Petrolera dijo textualmente que PDVSA era «roja, rojita» y que al que se le olvidara se lo iban a recordar «a carajazos» o que no sabe nada de las ilegales órdenes de captura que se emitieron justo antes de las vacaciones de diciembre de 2004 (para evitar que se ejerciera cabalmente su defensa) contra la alta gerencia de PDVSA. Parece que usted no sabe que a Mónica Fernández le han abierto un expediente penal, y la han acusado de cometer delitos, sólo por haber cumplido sus funciones como juez el 11 de abril de 2002, o que muchos fiscales fueron despedidos por haber actuado dentro de los márgenes de la Constitución y la ley durante esos días, que no son sumisos ante un poder que entretanto promovía (y promueve) la muerte y la división entre los ciudadanos.

Se nota que no ha hablado usted, ni de lejos, con los familiares de los fallecidos (de bando y bando) del 11 de abril de 2002, ni con los heridos de esa fecha, ni con los familiares de Keyla Guerra que murió de unos balazos que le propinaron mientras protestaba en la Plaza Altamira o con Priscilla Salas, condenada de por vida a una silla de ruedas por la acción de las balas de quienes no creen en la libertad. Se nota que no ha conversado con Dulce Bravo, que fue torturada, ni con los periodistas que han recibido amenazas de muerte por, sencillamente, mostrar realidades que al gobierno le resultan incómodas. Se ve que sus números no reflejan ninguna de estas realidades ni la realidad de un sistema penitenciario en el que mueren al año más presos que los que fallecen en el mismo tiempo en casi todos los sistemas penitenciarios de América Latina. Se nota, por último, y sólo para no continuar con esta enumeración de eventos que es, por supuesto mucho más larga, que usted no sabe nada del impacto que tiene en los seguidores del Presidente el sofisma continuamente repetido de que se «es pacífico» pero se «está armado».

No hablo de los resultados de sus encuestas. A diferencia de usted, no me meto en lo que no domino. Hablo exclusivamente de su comentario. Comentario que es una burla a quienes sí creemos en la justicia y no recurrimos a la violencia, sino a la ley y a sus principios, para manifestar nuestro desacuerdo con este gobierno. Comentario, completamente innecesario en el contexto de su entrevista por demás, que desconoce los sueños de un grueso sector de la población de encontrar, alguna vez, a la justicia verdadera, que por muchos años ha estado perdida en nuestro país.

Sabe. Aunque mucho hemos sufrido en estas luchas, sólo armados de leyes y de nuestra Constitución, cada vez que decae mi ánimo sobre todo ante comentarios como el suyo, recuerdo un momento que viví y que marcó mi carrera y mi desempeño profesional de por vida y que me hizo entender cuál es la Venezuela por la que estamos luchando. Cuando defendimos a los marinos mercantes que fueron puestos presos en Falcón con ocasión al paro cívico logramos (todavía en ese momento la justicia no había llegado a los terribles niveles de hoy día), luego de largas audiencias y mucho padecer, la libertad de todos ellos. Afuera estaban militares tratando de obligar a los jueces a que los dejaran detenidos «como ejemplo» y miembros de los Círculos Bolivarianos lanzando insultos, cohetes y otros objetos contra todo lo que les oliera a oposición. Tarde ya, una de esas noches, la de la última audiencia, salimos de los tribunales al lado de los muchachos que habían sido detenidos y que, por fin, gozaban de nuevo de su libertad.

Y sus familias nos recibieron. No con aplausos ni consignas, no con «premios» ni monedas sino cantando con voz feliz y esperanzada el Himno Nacional.

Por eso, y por mucho más, y si no fuera porque alguna vez me juré que iba a honrar y respetar las lágrimas y el dolor de tantas personas que han acudido a nosotros en procura de un camino distinto de el de la violencia que les reivindique en sus luchas por un mejor país, su comentario no ameritaría ni siquiera una respuesta.

Pero su ofensa a estas personas me lleva a preguntarme esta vez quiénes son, en realidad, estos amigos de los que habla?

No somos nosotros, parece.

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