Opinión Nacional

Carta al Ministro Farruco

El Teatro: ¡Fuera de línea y el subsidio es un vicio!

Mí querido Ministro:

«Si el tema es el dinero, no vamos a ir muy lejos con eso…», aseguró el Ministro de la Cultura Farruco Sesto, y en ese momento mis neuronas tiraron la toalla. ¿Para qué habíamos sido convocados a una dialéctica con el máximo gerente de la cultura si el tema no era el presupuesto? ¿Cuál era el tema?.

¡Por supuesto que el gran tema es el presupuesto del teatro venezolano!
¡Ese es el tema! Reforcé mi motor cerebral y agudicé mi concentración, mientras trataba de poner en orden el discurso del Ministro, que desde que comenzó, ya navegaba en las enredadoras aguas del socialismo del siglo XXI,
estrategia discursiva que siempre utiliza para
alejarnos del espinoso tema: el arca cultural.

Antes, unos minutos atrás, ya había suficiente chascote que desentrañar, cuando un compañero de Acarigua, ingenuamente intervino con un discurso muy conmovedor sobre el quehacer teatral, pero muy romántico y que desafortunadamente remató con la fatal frase: «El subsidio es un vicio».

Frase que inmediatamente al Ministro le fascinó, porque ponía claramente sobre la mesa su estrategia. Y frase que me silbó en el cerebro como un impacto de bala. ¡El subsidio es un vicio! ¿Cómo podemos decir esta barbaridad?, me pregunté mientras ahogaba mi
indignación. ¿Cómo se puede estar tan fuera de lugar? ¡Tan fuera de línea! ¡Por Dios! Todo el teatro que tenemos se ha hecho gracias al SUBSIDIO. ¿Ahora nos parece un vicio?

¿Cómo, nuestro sector teatral, puede ser manipulado de esta manera? A mis compañeros, que ingenuamente siguen apostando a esta gestión cultural, y que
apoyan al Ministro en esta sentencia, quiero
recordarles, que gracias a ese VICIO llamado SUBSIDIO, nuestro teatro venezolano se sostiene en las Escuelas de Formación Teatral, y los Institutos de Formación que son subsidiados por el estado. Gracias a ese VICIO, hemos tenido acceso al mayor teatro del mundo en nuestros Festivales Internacionales; gracias a ese VICIO hemos construido las agrupaciones profesionales que son modelos de éxito para toda Latinoamérica y el mundo: COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO; GRUPO ACTORAL 80; EL TET; GRUPO THEJA; XIOMARA MORENO PRODUCCIONES; GRUPO SKENA; GRUPO TEATRAL THALÍA; SÉPTIMO PISO; LA BACANTE ; DRAMO; TEATROS NACIONALES JUVENILES DE VENEZUELA; TEATRO NAKU; COMPAÑÍA REGIONAL DE TEATRO DE CARABOBO; PROYECTO NAVE; 8 DE MARZO; TEATRO DE CÁMARA; TEATRO DEL ENCUENTRO; TEATRO PROFESIONAL DE LARA; FESTIVAL DE ORIENTE; FESTIVAL DE OCCIDENTE… y más de cuatrocientas agrupaciones, y un centenar de instituciones en todo el país que en este momento escapan a mi memoria ofuscada y febril… UNAS CONSOLIDADAS Y OTRAS DANDO LA PELEA PARA NO SER EXTERMINADAS por la actual gestión. ¿De qué vicio estamos hablando?

Después de calmar mi indignación, regresé a concentrarme en el discurso del Ministro tratando de hacer un «ejercicio de despojamiento del prejuicio», como él bien lo sugirió. Escuché con atención y volví a tomar nota: y fue cuando escuché, lo peor: «El Ministerio ha agilizado la forma burocrática de dar dinero, ahora todo es más fácil, ahora no hay que rendir cuentas, el dinero que se le da a una agrupación, se la puede gastar en lo que sea, en una caja de whisky si le da la gana, sólo tiene que hacernos las funciones de la obra que el ministerio le requiera» ¡Que falta de respeto tan grande!, como si las agrupaciones solicitáramos recursos económicos para tomar Whisky. En pocas palabras, nuestro Ministro aupando la corrupción. ¡Qué belleza! ¡Imagino que así gerencia su ministerio!

Juro, que en ese momento agradecí no ser hombre. Porque un hombre se levanta y le da un puñetazo y sale inmediatamente de esa sala. Agradecí ser una dama y andar en tacones y con los labios pintaditos… Porque el papel de «mujercita funcional» controla mi ferocidad. Y agradecí enormemente el coraje de nuestro extraordinario actor Dimas González, quien enérgicamente saltó de la butaca y pegó sus alaridos soltando el veneno de su extrema indignación.

A esa altura de la reunión, me embargaba una confusión enorme y la imagen patética del recuerdo infantil del Ministro: «Un señor con una enorme barriga verde que hacia teatro en la calle, me estorbaba mentalmente hasta morir. Es decir, ¿nosotros, los profesionales del teatro, somos unos señores con unas enormes panzas verdes que nos gastamos el llamado subsidio-vicio en whyski?

Esa confesión íntima que le salió del alma, ese vínculo que lo une al teatro venezolano, como una fotografía antigua, develada, desactualizada es el vínculo sentimental que lo une al teatro venezolano.

¡Dios santo! ¿En dónde estamos metidos? ¿Nos merecemos un Ministro de esta estatura? Un teatro venezolano que ya tiene una universidad, que tiene dos postgrados en las mejores universidades del país: La Universidad Simón Bolívar y la Universidad Central de Venezuela. Un teatro venezolano que ha sido ejemplo de calidad artística para los países latinoamericanos; un teatro venezolano que ha sido premiado en los más importantes Festivales Internacionales…Incluso premiado en la Feria Internacional del Libro, como mejor libro de dramaturgia… ¿Merece esta ofensa? Y encima, tenemos que silenciarnos, mientras el Ministro nos resume en la imagen de «un señor con una enorme barriga verde que hacía teatro en la calle». En ese momento comprendí «casi» todo. Por eso estamos como estamos. Por eso tenemos la gestión que tenemos. Por eso no queremos hablar del GRAN TEMA DEL PRESUPUESTO. Y confieso, que debí valerme de mis años de estudios, de mi educación y mi cultura, y de los últimos premios que me he ganado como dramaturga, para mantener una postura de respeto frente a la investidura del
Ministro.

Y comenzó un segundo round: La discusión eterna sobre la ideología del socialismo del siglo XXI, y la necesidad del Ministerio de hacer cultura para miles de personas, porque todos tenemos los mismos derechos. Comenzó la extraordinaria fabulación del heladero. Y nos perdimos en un debate improductivo, sin nivel, absurdo, del cual Ionesco se hubiera nutrido a sus anchas para hacer una pieza teatral: La Fábula del heladero y el poeta, por ejemplo. Y no consciente del discurso vehemente, el Ministro nos invita a leer un poema de Bertolt Brecht sobre un heladero… Y yo, ya perdida para siempre en esa dialéctica demencial, sin sentido, alcancé a preguntarme: Pero, ya va… ¿Quién escribió el poema? ¿El heladero? ¿O Brecht?

Inmediatamente algunas de mis neuronas que aún me funcionaban me contestaron: Por su puesto que Brecha Gennys, porque el heladero está haciendo lo que sabe hacer: Helados. Y seguimos con el febril encuentro y la extraña pregunta insistente del Ministro: ¿Qué hacer con el teatro?, ¿Para qué hacer teatro?.. Porque según él, el ministerio ya tiene resuelto el problema de la «masificación del libro, de la música, de la danza», pero no del teatro. ¿Y qué hay de la directora de orquesta, músico excepcional de este país que sacaron a empujones del congreso nacional de la cultura, por ser una infiltrada de la CIA? Terminé de entender todo, yo no estaba en la Biblioteca Nacional, estaba en un psiquiátrico. Pero,
sigamos haciendo el intento de recuperar la cordura: ¿Masificación del teatro? Esta es la
«condición» del ministerio para entrar inserto en la plataforma, sino, estamos ¡fuera de línea! Fue en ese momento donde mi voz interior me sopló la solución Ministro: Si usted y el Presidente Chávez, lo que desean es masificar el teatro, la cuestión es muy sencilla y muy fácil de solucionar.

El ministerio debe gerenciar una planta de televisión, si es que pueden con eso. El país que usted sueña no necesita teatro de arte, lo que necesita es un canal de televisión, donde se dediquen a grabar las obras de teatro, y en vez de transmitir telenovelas a las 9 y 10 de la
noche, se transmita TEATRO TELEVISADO. Y si esta estrategia no es suficiente para «masificar», entonces aduéñense también del horario matutino, 1, 2, y 3 de la tarde, y transmitan también en esos horarios su TEATRO TELEVISADO. Incluso, les auguro éxito en su masificación, porque estarían inventando un nuevo género: TEATRO MASIFICADO. También les propongo, en esta línea de acción, que el ministerio puede construir unos dos o tres anfiteatros a las afueras de las ciudades, con una capacidad de dos mil o cinco mil espectadores diarios, inclusive, se pueden hacer dos o tres funciones diarias… De esta manera usted, y el Presidente, alcanzarían SU UTOPIA DEL TEATRO MASIFICADO. ¡Claro, eso cuesta plata! ¡Y plata es lo que no hay para el teatro venezolano! Si se decide, llámame para seguir fabulando en las miles de propuestas para alcanzar tan brillante propuesta.

Mí querido Ministro: Le confieso que ya de pelearme tanto con su visión miope de ver el desarrollo del teatro venezolano, hasta le tengo algo de cariño, pues ha logrado arrebatarme el sueño, y eso es decir bastante porque adoro dormir plácidamente. Pero, honestamente no creo en la masificación del teatro. Creo que seguimos enredados en un pastiche semántico donde confundimos, pueblo, creadores, cultura, teatro, arte, municipio, país, heladeros, Brechts…Usted confunde todo. Usted no entiende nada sobre el teatro venezolano. Es usted el que está totalmente ¡Fuera de línea! En fin, la verdad es que usted ni siquiera puede darse cuenta de que no hay miles de creadores. Su hipótesis de: «Hagamos canteras y saldrá un Maradona, en nuestro caso, hagamos canteras y saldrá un Brecht», es sencillamente ingenua, cómoda, barata. No cree usted que sería más inteligente invertir en los Maraddonas y en los Brecht que ya existe y que apenas pueden sobrevivir en este país. ¿No es más real y lógico invertir en las agrupaciones de teatro? Agrupaciones que se esfuerzan por hacer al menos una producción artística al año. No somos miles. No hay miles de Da vinci, no hay miles de Dalí, ni miles de Cabré, ni miles de Narváez, ni miles de Reverón, ni miles de Brecht, ni miles de Santana, ni miles Núñez, ni miles Cabrujas, ni miles de Meneses, ni miles Picón Salas, ni miles de Rengifos, no hay miles de creadores por ahí esperando ser recogidos por su cantera. Los artistas somos pocos. Somos particulares. No somos un colectivo. Somos unos dinosaurios, disfuncionales, raros, extraños, discapacitados, pero «especiales»… Porque el arte, querido Ministro no se masifica por decreto. El arte es un don. Un talento. Ni siquiera Dios pudo masificarlo, sino, el mundo fuera otra cosa y no esta alcantarilla donde todos estamos metidos. Es por eso, que me niego rotundamente a que la política cultural del estado se refugie «solamente en los talleres de formación», los talleres de formación siempre los hemos hecho y los seguiremos haciendo. Pero, esa no puede ser una línea estratégica de acción del estado, porque el objetivo «natural» e intrínseco del teatro es y será EL ESPECTÁCULO, LA CREACIÓN: abrir el telón para hacer reír y llorar al espectador. Abrir el telón para hacerlo reflexionar, para transformarlo psíquicamente, éticamente, moralmente, pero siempre desde la creación, no desde la alienación ideológica mal entendida, así como el objetivo intrínseco del cine, que al parecer es su «debilidad», es hacer películas. No me imagino al señor Chalbaud y al señor Azpúrua dictando talleres de formación en el Amazonas a nuestros indígenas. Si ellos van. Yo voy. Aunque, de verdad no creo que nuestros indígenas necesiten talleres de formación de teatro y cine, creo que ellos tienen otras urgencias de vida. Y no es que tengamos un «desprecio» por el heladero, ni por el pueblo, ¡por Dios!, deje esa manipulación idiota, nosotros somos pueblo… Sino, míreme y obsérveme: TODA YO SOY PUEBLO: Negrita y popular desde la punta de mi dedo gordo hasta la última fibra de mi piel… No me venda la pobreza, yo conozco la pobreza, porque he vivido en la pobreza, la he sufrido, la he padecido, y no es ninguna estampa de la que me tenga que sentir orgullosa. La pobreza es una vergüenza de donde hay que salir lo más rápido posible para no regresar jamás. Así que le ruego, que cuando me vuelva a convocar a una reunión para hablar del sector teatral, deje su discurso social guindado en su clóset, porque si hay millones de niños en la calle muriéndose en la calle, si hay ancianos abandonados, si no tenemos hospitales dignos,
si cada fin de semana mueren más de cien personas por violencia social, esa es responsabilidad del Presidente Chávez, y para solucionar esa barbarie social, hay unas instituciones, unos gobernadores, unos alcaldes. No trate de endosarle ese fracaso de la revolución del siglo XXI al teatro. ¡Zapatero a su zapato! Y le respondo su insistente pregunta: ¿Para qué hacer teatro en un país que sufre todas estas calamidades? Primero: el irrisorio presupuesto que el estado le otorga como inversión social al teatro, no va a solucionar la hecatombe social que estamos viviendo. Usted puede quitarnos ese VICIO LLAMADO SUBSIDIO. Y le aseguro que habrá más niños en la calle, drogándose y delinquiendo. Porque dentro de su ignorancia, usted no ha percibido que el TEATRO ES UNA FUERZA QUE TRANSFORMA ESPÍRITUS…QUE EL TEATRO ES UN SOPLO DE VIDA PARA ESTA SOCIEDAD. QUE EL TEATRO ES UNA DE LAS POCAS BALSAS QUE LE QUEDA AL CIUDADANO VENEZOLANO PARA SOBREVIR A LA MISERIA, A LA DESESPERANZA, AL DESAMPARO, A LA DESHUMANIZACIÓN QUE CADA DÍA NOS ACORRALA MÁS. Pero, si usted cerrando su gestión, todavía se está preguntando ¿para qué hacer teatro? Definitivamente estoy perdiendo mi tiempo en este diálogo sordo. Como usted sentenció, que el que no acate «su condición» para seguir dentro de su plataforma ministerial, se tiene que ir, yo le digo, que gracias a mi intelecto, nunca he estado dentro. No quiero estar dentro. No quiero pertenecer a un Ministerio que siente tanto DESPRECIO por el arte teatral.

Usted y yo estamos hechos de materias muy diferentes. Sólo quiero recordarle algo, los funcionarios pasan, las obras de arte permanecen en la memoria del pueblo, y para no seguir perdiendo mi tiempo, mayor retomo mi lectura de «Más allá del Capital», de István Mészáros, que definitivamente sí entiende de Socialismo del siglo XXI.

Gennys Perez

Dramaturga

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