Opinión Nacional

Carta al periodista venezolano Miguel Ángel Rodríguez ante el inminente cierre de RCTV.

No nos conocemos, Miguel Ángel, pero tengo de ti excelentes referencias que me ha dado el esposo de mi hija, compañero tuyo de la promoción de Comunicadores Sociales en la que te graduaste en la Universidad del Zulia. Eran, aquellos, mejores tiempos que éstos de ahora cuando en Venezuela se vive con tanta angustia.

Tengo entendido que vienes de una excelente familia y debo suponer que es cierto por la dignidad y valentía que has demostrado en este episodio lamentable que estás viviendo gracias a Hugo Chávez, ese hombre que amarga la vida de todos los venezolanos, porque chavistas y oposición sufren las consecuencias de la inseguridad, el desabastecimiento y, sobre todo, del odio que ha engendrado en gente que no sabía conjugar el verbo ODIAR ni establecía que el color rojo es sólo de uso exclusivo de los “buenos”, dependiendo de qué se entiende por bueno porque bueno para mí es sinónimo de bondad, nunca de agresión, menos de odio. En Venezuela se revive aquello de los dos bandos, como el de las películas de indios y vaqueros o de americanos y japoneses, tan de moda hace muchos años.

No es fácil decirte lo que ya tantas veces te habrán dicho: ¡Valiente!, pero a riesgo de repetirlo, te lo digo de nuevo porque es el rasgo más sobresaliente en ti puesto que no es fácil enfrentarse, como tú lo estás haciendo, a ese hombre todopoderoso que es Chávez. Todopoderoso sí; pero valiente, jamás; digno, mucho menos. La bondad debe estar en los genes y, en su caso, la genética le hizo una mala jugada porque, digo yo, la gente del interior no es mala y en éste destaca como rasgo sobresaliente la maldad y la venganza.

No soy mujer de apoyar a alguien que no conozco y, sin avergonzarme, te confieso que menos lo hago si esa persona es periodista. No obstante, entiendo perfectamente lo que estás sintiendo porque yo sé de censuras porque fui víctima de dos editores: Miguel Henrique Otero -El Nacional- y Andrés Mata -El Universal- y, como sé muy bien lo que se siente y cuánto duele la falta de solidaridad de nuestros compañeros de oficio, no puedo dejar pasar esta oportunidad para expresarte mi apoyo con la esperanza de que éste lo deposito en buenas manos. Pocos, pero queridos amigos tengo en ese gremio de periodistas y articulistas del que preferí alejarme y es justicia decir que razones de sobra me asisten.

Toda censura es dañina venga de quien venga y, cuando veo que gente de otros canales de la televisión venezolana no se pronuncian en apoyo a RCTV y sus trabajadores, me parece estar viendo, desde ya, esa caída que a todos llega porque para Chávez el cierre de RCTV es apenas el inicio de un silencio que desea porque lo necesita mucho. Hugo Chávez y su gente no pueden ya con lo que es obvio: un gobierno que no sirve, un socialismo que nadie quiere, un partido único que nadie desea porque los que lo acompañan vienen de la época cuando Venezuela era multicolor en creencias políticas y todos los aceptábamos aunque no compartiéramos sus ideas. Esa fue la época de la tolerancia porque el más infame de los gobiernos de aquellos años -que los hubo, y muy malos- no fue capaz de poner en riesgo -como lo ha hecho Chavez- uno de los aspectos más sagrados del ser humano: la libertad de expresión.

Chávez silenciará a otros medios, de eso estoy segura. Cuando vea que pudo cerrar a RCTV tendrá irrefrenables deseos de seguir con otros. Eso es como la droga y el alcohol: el deseo de consumir es compulsivo. La droga de Chávez es la censura y él seguirá censurando. Eso no tiene cura.

Que empiecen a pensar en eso los que hoy se creen seguros. ¡Ay cuando les llegue el momento! Será una caída muy dura porque sus amos -Cisneros, entre otros- les aseguran una estabilidad que está muy lejos de ser verdad.

Creo que pocas personas de otros canales se juntaron con ustedes para no contagiarse de vuestra mala racha. Maite Delgado -animadora y ex miss- fue de las pocas que vio más allá de sus intereses y expresó públicamente su apoyo a RCTV. Sin duda, un riesgo admirable. Perdón si no nombro a otros, pero no estoy tan bien informada. Poco sé y lo que veo por Internet me habla de horror, de abuso, de una Venezuela que desconozco. ¡Cuánto lo siento!
Llegan a mí en tropel las imágenes de la RCTV de mi época de niña cuando mi padre nos prohibía ver telenovelas y nada tan codiciado como lo prohibido. Fue así como por primera vez vi a la inolvidable Doris Wells en “Historia de Tres Hermanas”. Años después fuimos compañeras en un curso que dictaba el insigne y nunca olvidado José Ignacio Cabrujas. Recuerdo, también, a Tito Martínez del Box y la eterna “Radio Rochela” que veía con mis padres y mis hermanos en aquellos años en que la familia se reunía de vez en cuando frente al televisor. Vi la “Radio Rochela” de anoche en You Tube y qué de recuerdos, cuánta nostalgia había en el ambiente en esa casi segura última emisión en el canal donde nació ese programa de humor. Los recuerdos, Miguel Ángel, no admiten censura de nadie. Son libres.

Podrá Hugo Chávez cerrar RCTV, pero no tiene acceso a la caja donde atesoramos esos miles de recuerdos. Nada más perdurable que lo que se elimina a la fuerza. Quizás eso sea lo que haga que tu canal, y la familia que hiciste en tu trabajo, nunca se olviden.

Pienso igual que tú: si les siembran armas o drogas a la gente de RCTV habrá un responsable y ese no es otro que Hugo Chávez y sus amiguetes incondicionales, por supuesto.

Esta carta es una excepción porque no escribo sobre Venezuela, menos sobre periodistas -ya te lo dije antes- pero quiero ser solidaria contigo por tu valor y por decir las cosas como las sientes. Sólo así entiendo a la oposición venezolana: cuando va de frente y dando la cara, cuando dan su nombre y apellido, cuando hacen algo más que marchar porque estoy cansada -y muy decepcionada- de una oposición que, mayoritariamente, se ampara en el anonimato, en el temor a exponer sus nombres y apellidos. De allí que las marchas -donde no son reconocidos entre tanta gente- sea la única actividad -o una de las pocas- de la cómoda oposición venezolana.

A mí me da miedo tu valentía, miedo de que te hagan daño porque eres la punta de lanza de tu canal, aunque posiblemente no lo admitas o no te hayas dado cuenta, y vaya que debes saberlo y eso te crea una responsabilidad mayor lo cual es bueno y es malo.

Creo que cualquier cosa que añada está ya demás. Me despido con esa palabra que tanto se usa en Venezuela por la inseguridad que se vive: ¡Cuídate!

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