Opinión Nacional

Carter: porqué y para qué

Comprender a Jimmy Carter no ha sido precisamente el fuerte de los venezolanos en los últimos días. A la oposición le parece sospechosa y a algunos de sus miembros simplemente nefasta esa manera que tiene de acercarse a Chávez, mostrándose amistoso, comprensivo y hasta propagandístico en su comentario acerca de los planes de salud que usan a médicos cubanos en la atención primaria de salud en Venezuela. En su anterior visita, que lo hubiera traído el vicepresidente Rangel, produjo críticas aún más acerbas. En oportunidades se acusó inclusive al Centro Carter de recibir dineros del gobierno con fines no muy claros. Pero, a mí me parece que el simplismo no deja de impregnar todos estos juicios. ¿ Es cierto que Carter es un falsario, un enamorado de los autoritarios, que se cometió un error al admitirlo como mediador, que en sus manos vamos directo al despeñadero? ¿O es un hombre iluminado, pleno de autoridad moral, con un toque mágico en las negociaciones internacionales y que con su sola presencia nos salvará de todo mal?

La manera de averiguar todo esto, no es el desmayo o el grito, sino la investigación. Como yo no soy analista internacional, no me queda otra, sino averiguar por los medios que tengo, porqué Carter se ganó el premio Nobel 2002, porqué el Centro Carter está en Venezuela, porqué le «jala bolas» a los dictadores, porqué tiene 80 años y todavía está en las noticias y no es porque tenga alzheimer, ni porque su mujer sea candidata a la presidencia de los Estados Unidos.

Bien. Para empezar, nosotros no somos los únicos que lo criticamos o que nos sentimos incómodos con un método que por supuesto en Venezuela, donde todos somos tan libertarios, tan decididos, enérgicos y tan violentos, no se comprende bien.

Un artículo de Johan Golberg,(1), compatriota de Carter, resume un poco la rabia que le inspira el expresidente estadounidense ( 2) a algunos gringos preocupados por la seguridad nacional, cercanos al actual presidente Bush. El autor no solamente lo califica de chiste en la escena internacional, sino que dice que ha desarrollado un extraño don para chupar medias o el criollo término, jalar bolas a los dictadores mas espantosos del planeta, destructores de la política de los Estados Unidos. «Carter dice de Kim Il Sung, un dictador brutal estalinista: » Yo encuentro que es vigoroso, inteligente, sorprendentemente bien informado sobre los «issues» técnicos y está a cargo de las decisiones sobre su país». Sobre los norcoreanos, sostiene que es» una gente muy amigable y abierta». La capital, Pyongyang es «una bulliciosa ciudad», «cuyos compradores se aglomeran en las tiendas por departamentos, parecidas a las de Wal Mart en Americus, Georgia». Recuerda el articulista que «hay que hacer notar que Corea del Norte pasa por una hambruna por la cual millones han sido forzados a vivir de comer hierba» . Reseña los esfuerzos de Carter, enviando cartas a las Naciones Unidas en contra de los esfuerzos del primer presidente Bush de armar una coalición para liberar a Kuwait. Y sus saludos al dictador rumano Ceaucescu, cuando le dijo que «nuestros objetivos son los mismos» . Casi vomita cuando rememora aquellas frases al dictador haitiano Cedras, que estaba «avergonzado de lo que su país había dado a su país», añadiendo el halago de considerarlo «hombre de honor».

El cuento del conejo asesino

Luego está los que se mofan de él. Una manera de menospreciarlo, por supuesto.

Allí el cuento del conejo asesino es inigualable.

Resulta que cuando Carter era presidente, no había mayores escándalos sexuales, diría yo. A veces, había lo que llaman agotamiento informativo para la prensa amarilla . Algo igual al fastidio que había aquí cuando Caldera. Y en una de esas, Carter se fue a pescar a un lago de Plains, Georgia en abril de 1979. Entonces, avistó en el agua un conejo fatídico. Nunca se precisó cual era el problema que tenía el conejo, pero lo cierto es que nadaba con malas intenciones hacia Carter, de una manera amenazadora.. Dice el articulista que reseñó el asunto, que Carter » siempre tratando de ver las cosas desde el punto de vista del otro, especuló más tarde que al animalito lo estaba persiguiendo un predador y por eso actuaba así. Era evidentemente un conejo con problemas. Mostraba los dientes ,temblaba de furia . Finalmente, Carter se levantó y le dio un golpe con un remo antes de que lo mordiera. Alguien del equipo de prensa de la Casa Blanca tomó una foto. Algún tiempo después la noticia se filtró. La sacó AP. Algunos dijeron que se trataba de una mentira, porque los conejos no nadan.» Ni siquiera si están tan bravos, atacan un presidente que está sentado en una lancha, aunque ese presidente sea Carter», se comentó. El Washington Post puso la historia del conejo con una caricatura (era la época de la película Tiburón, «Jaws» y la leyenda era «Paws» , patas.) Cuando se supo que Carter le había dado con el remo, dice el comentarista que en atención a la Asociación de Amigos de los Conejos, el presidente remendó el capote diciendo que sólo lo había asustado dando remazos en el agua. Total, una jodedera insigne, aderezada con los sarcasmos contra los sistemas de negociación y de reconocimiento del otro de Carter, que han sido objeto de burla por años en los Estados Unidos
Carter, el santo

Del lado contrario, encuentro un ensayo, que empieza diciendo que Carter es un santo. Lo cual no significa que es perfecto, o que es de la élite de los elegidos de Dios, pero que va por ahí. Viajó a Haití en setiembre de 1994, cuando se sabía que Clinton estaba decidido a invadir la isla para obligar a Cedras a entregar el poder . Y los norteamericanos odiaron a Carter cuando llegó a calificar al haitiano de «delgado y atractivo» . Pero el resultado fue la restauración de Aristide y la salida pacífica de Cedras.

Se ganó el premio Nobel en el 2002 por su «vital contribución» al acuerdo de Camp David entre Egipto e Israel en 1978, por el cual se le dio el mismo premio a Sadat y a Begin.

Se veía imposible la devolución del Sinaí a Egipto, el establecimiento de relaciones diplomáticas entre egipcios e israelíes y la construcción de un marco para guiar las subsiguientes negociaciones entre Israel y los Palestinos. Carter fue el artífice de la negociación.

Entonces usó el mismo método. Se hizo de la confianza de las partes. Trató de meterse en la cabeza del otro. Elogió lo que cree que considera el otro que es verdadero en él, aunque lo demás lo critiquen. Trató de bajar el nivel de conflicto, aún por medios al parecer poco ortodoxos, como invitar a la familia de los negociadores a vivir en el sitio de la negociación . Usó la amenaza velada detrás de toda esa amabilidad y esa comprensión con los medios a su alcance . El mismo exégeta que lo considera un santo, Hendrick Hertzberg dice lo siguiente: » sus críticos recuerdan que este presidente brinda con el Sha de Irán y los mandatarios autoritarios de las Filipinas y Corea del Sur y describe al Mariscal Tito De Yugoeslavia como uno de sus mejores amigos. En la ceremonia de firmas de los acuerdos Salt II abrazó a Leonid Brezhnev y lo besó en ambas mejillas. Pero estos gestos no hablan de su admiración por los tiranos sino de una impaciencia, un entusiasmo por la redención de los pecadores y en el último caso de Cedras y de los servios, de una no muy cristiana diligencia para manipular las emociones de sus compañeros de negociación». Luego explica que en su criterio, el hombre es más un líder religioso que político por naturaleza, lo cual ayuda a comprender no sólo sus éxitos sino sus fracasos cuando era presidente en funciones .

Compasión por Mordor

Bien. Esas son algunas opiniones sobre este hombre que ahora interviene en nuestros asuntos Alguien que ha provocado en la prensa sueca, tan cerca como el seis de enero pasado, un artículo llamado Compasión por Mordor, un cuento redactado sobre la figura de Carter , que finaliza diciendo que la historia es de ficción, «pero no falsa». Supone una entrevista suya con una Sociedad Noruega por la Neutralidad, donde declara que hay que hacer una campaña contra films como «El Señor de los Anillos». «Nosotros amamos la paz, hay que iniciar una campaña para sacudir a la gente y sumarla a nuestra manera de ver el mundo .Hay que estar claro sobre los peligros. ¿Qué pasa si la gente joven empieza a identificar a George W. Bush con Aragorn o Gandalf, y a Sadam Hussein u Osama Bin Laden con Saruman? Aún peor, espectadores impresionables pueden identificar la guerra americana contra Irak y el terror islámico con la guerra contra los Orcos y Mordor. Quién sabe lo que puede pasar si suficiente gente joven empieza a pensar que la guerra es una opción, o que gente o países pueden ser etiquetados como diabólicos o malvados, o que es noble para un soldado matar por una justa causa?. Y remata con esto:» Tenemos que aclarar por ejemplo, que la respuesta adecuada a Saruman y a los Orcos, de Gandalf y sus seguidores, era ir a una mesa de negociación, no a una batalla. Y que si la Tierra Media hubiera tenido unas Naciones Unidas y una corte Internacional, nunca se hubiera declarado una guerra unilateral contra Mordor.

Además, el Centro Carter, no es Carter. Es decir, no es él solamente. Es una manera de ver el mundo, un método de negociación, que nos están aplicando, nos guste o no. La mejor manera de sacar partido en este momento de la situación, no es denunciar un sistema de fuerzas en donde ya aceptamos meternos, ni simplificar las cosas al estilo del Señor de los Anillos. Si eso significa reconocer que hay un grupo de venezolanos que no son orcos, sino compatriotas con sus propios intereses y que para vivir juntos hay que empezar por darnos cuenta de que quieren hacer y cómo, podremos encontrar cual es el verdadero punto de encuentro y aquellas cosas que nunca negociaremos. Tal vez encontremos que aún hay mucho terreno donde trabajar y que luchar contra la pobreza, por ejemplo tiene que bajar de la abstracción a los resultados mensurables.

William Ury, quién nos ha visitado varias veces y ha sido director del International Negotiation Network, cuyo director también es Carter, describió algo que se parece extraordinariamente a Venezuela: «en la comunicación se dan tres grandes problemas: primero, los negociadores pueden no estar dirigiéndose al otro u otros, o , por lo menos, no de manera que puedan ser comprendidos. De ordinario, cada parte se ha dado por vencida respecto de la otra y esto hace que ya no intenten una comunicación seria . En cambio, hablan solo para impresionar a los circunstantes o a sus electores. En vez de intentar dirigirse a su oponente hacia un acuerdo mutuamente aceptable, tratan de echarle zancadilla. En lugar de convencer a su pareja de que adopten aptitudes mas constructivas o a dar pasos mas eficientes, se esfuerzan por convencer a sus electores o espectadores a que se dividan. La comunicación efectiva entre las partes es prácticamente imposible si cada una está pendiente de la actitud del público, es decir, de los demás».

Sin comunicación, señores, no hay negociación. Y en este momento, no solamente vale la fuerza, sino la maña. Contaminar con nuestros prejuicios la validación de la mediación internacional y los esfuerzos de gente como James Carter no nos reportará beneficios aunque no nos diga lo que queremos oir. Ser simplistas no nos dará dividendos.

Notas

1) Johan Goldberg es editor de National Rewiew Online

2) James Earl Carter, nació en octubre de 1924 en Plains, Georgia, EEUU. Fue gobernador electo de ese estado de 1970 a 1974. Llegó en 1976 a la presidencia de los Estados Unidos. Se propuso a la reelección en 1980 y fue derrotado por el republicano Ronald Reagan. Fundó el Centro Carter con su esposa Rosalynn después de dejar la Casa Blanca. La institución incluye una biblioteca y un museo . Es un centro no partidista de resolución de conflictos, lucha por los derechos humanos y otros proyectos que promueven la democracia y trabajan por erradicar la pobreza y la enfermedad en Africa, América Latina y países que fueron de la órbita soviética. En 1978 Carter presidió una reunión en Camp David entre los máximos dirigentes de Egipto e Israel cuyo resultado fue un tratado de paz entre esos dos países en marzo de 1979. En 2002, Carter obtuvo el premio Nobel de la Paz por su «vital contribución al acuerdo de Camp David, por sus esfuerzos en resolver conflictos en varios continentes y por su trabajo como ex presidente a favor de los derechos humanos. El presidente del comité que concedió el premio, Gunnar Berge , afirmó entonces que el reconocimiento debía interpretarse como una crítica a la administración de Estados Unidos.

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