Opinión Nacional

Castro, Gómez, Chávez


Y de que cada uno de esos tres personajes tiene sus propias características que los hacen muy diferentes entre sí, aunque entre Cipriano Castro y Hugo Chávez puedan observarse algunos elementos comunes, y en los tres una clara tendencia a no aceptar eso que hoy llamamos “Derechos humanos”. La sucesión de Castro fue violenta, aunque sin mayor violencia. Fue repentina e inesperada.

Se produjo por la enfermedad del personaje. En eso podría parecerse a la de Chávez. La diferencia está en que Gómez no se diferenciaba mucho de Castro, era prácticamente su igual, y en algunos aspectos hasta estaba por encima de su compadre. Los adulantes de Castro lo menospreciaron, y en eso se equivocaron. Desde que fue gobernador de Táchira (Gómez) y se enfrentó con decisión a los hermanos de Castro demostró que era su igual, aunque el otro tuviera el poder. Y fue él quien apuntaló a Castro, que sin él habría sido derrocado por la “Revolución Libertadora”.

De modo que en diciembre de 1908 bastó con que Gómez se decidiera a dar el paso que dio para que se convirtiera en el sucesor de Castro. La sucesión de Gómez fue muy diferente. En primer lugar no fue inesperada ni producto de un hecho político ni revolucionario, sino del más natural de todos los hechos: la muerte, y en eso último puede parecerse a la de Chávez. La gran diferencia está en que Gómez preparó conscientemente y durante mucho tiempo su sucesión: se negó de manera radical a que lo sucediera uno de sus parientes. No permitió que un hijo, un hermano o un primo se convirtiera en su heredero, y para eso alegó el honor de la familia. Y en cambió preparó todo para que Eleazar López Contreras lo sucediera, y en eso no se equivocó.

Lo nombró ministro de Defensa e hizo saber por todos los medios posibles que era el designado, de modo que la transición fue prácticamente perfecta. Fue uno de los mejores favores que le hizo al país. López Contreras, desde mucho antes de la desaparición física de Gómez, era el señalado, y todo el mundo lo sabía.

En cambio Chávez no ha dejado sucesor posible. No hay ningún delfín, no hay ningún infanzón, no hay nadie que pueda heredar los elementos que lo han mantenido en el poder. Cerca, muy cerca de su muerte, mantiene un juego absurdo, como para no tener que decidir. Si no muere antes de las elecciones de octubre, es posible que Capriles Radonski le gane las elecciones, y por mucho que patalee va a tener que entregar el poder. No es imposible que las gane, pero ¿y entonces?…

Cuando muera, que no será mucho después de las elecciones, tendrán que hacer otras y allí sí es verdad que el chavismo estará perdido. Y tendrán que entregar por mucho que pataleen. No es cierto que las Fuerzas Armadas sean chavistas. Las Fuerzas Armadas tienen más o menos la misma composición que el país, y eso es en buena parte lo que va a obligar a los chavistas a entregar el poder cuando pierdan las elecciones. Fidel Castro, cuyo cerebro ya está fallando por la senilidad, planeará lo que quiera y dirá lo que le dé la gana, pero Fidel Castro no vive en Venezuela, y me consta que cuando no se vive en el país las cosas se ven muy distintas a lo que son.

Los chavistas radicales soñarán con hacer, ahora sí, una verdadera revolución, como las que hicieron Castro y Gómez, en Venezuela, y Lenin y los suyos en Rusia. Pero desde aquellos tiempos ha pasado más de un siglo y la realidad es otra. Internet, Twitter, Facebook y otros inventos muy recientes han cambiado el mundo de tal modo, y el petróleo venezolano es tan importante para los gringos, los europeos y los chinos (que son la gente más pragmática de la actualidad), que es imposible que siquiera intenten hacer algo parecido a una verdadera revolución para ignorar la realidad del país.

Lo que hasta ahora ha parecido la fuerza del chavismo, de repente se va a convertir en su mayor debilidad. Y lo que ha parecido hasta ahora la mayor debilidad de la democracia venezolana, se va a convertir en su mayor fuerza. Y, en resumen, la sucesión de Chávez va a ser radicalmente diferente a las de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Y así como Venezuela entró al siglo XX en 1935, al morir Gómez, va a entrar el siglo XXI dentro de muy poco tiempo, al morir Chávez.

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