Opinión Nacional

Censura al cubo

Tres tipos de censura están golpeando los derechos y garantías en materia de libertad de expresión, consagrados en la Constitución de 1999. La primera modalidad es la censura de los funcionarios públicos para dar cuenta de los asuntos bajo su responsabilidad.

Verbigracia, que el ministro El Aissami, o el director Flores del Cicpc, se nieguen a publicar las estadísticas en materia de hechos delictivos. No los publi-tips, sino los resultados de la investigación estadística conforme a los estándares internacionales. Como se hizo siempre hasta la mordaza roja.

Se trata de un caso entre innumerables otros de censura que el régimen de Chávez le impone a la información gubernativa. Todo lo cual, por lo demás, está expresamente prohibido en los artículos 57 y 143 de la Constitución. ¿Papel toalé constitucional? Además, el negar el acceso a la fuente oficial a los medios independientes, también podría ser considerado como una variante de esta misma censura.

La segunda categoría es la censura previa impuesta por el Estado. De nuevo prohibida por la Constitución, incluso en los supuestos de declaratoria de estado de excepción o suspensión de garantías, ya que las correspondientes al derecho de información están exceptuadas de restricción temporal.

La decisión político-judicial de prohibir a medios impresos la publicación de informaciones o imágenes violentas, es un ejemplo típico de censura previa, aunque barnizada de medida jurisdiccional en amparo a la sensibilidad infantil y adolescente. Tan es así, que al menos de manera parcial la echaron para atrás.

Por cierto, los que andan rasgándose las vestiduras por la foto de la morgue publicada originalmente en el diario El Nacional, no dijeron nada parecido sino que aplaudieron cuando el señor Chávez mostró diversas fotos de niños muertos por los bombazos gringos en Afganistán, por allá a finales del 2002, y por televisión en horario estelar…

Y la tercera censura, consecuencia directa de las ya referidas, es la auto-censura que los medios no-oficialistas se aplican para intentar sobrevivir en el reino de la hegemonía comunicacional. Es una censura insidiosa, porque a veces no es de fácil apreciación. No pocos medios apelan a ella en prevención a amenazas y sanciones, sobre todo en el género radial y televisivo.

A falta de una son tres las censuras impuestas o instigadas por el régimen de Chávez. Al respecto, es oportuno recordar que cuando éste empezó su primer gobierno, en febrero de 1999, en Venezuela no había medios perseguidos ni periodistas presos.

Más aún, un reconocido periodista pro-chavista, Eleazar Díaz Rangel, afirmó en un discurso de orden ante la Asamblea Nacional, que en los gobiernos de Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera no hubo limitaciones a las libertades informativas.

Y estas presiones vienen al caso para destacar que estas censuras no fueron «heredadas», sino más bien exhumadas de tiempos más remotos y también re-patentadas con la marca «hecho en socialismo»… Y es que la triple censura no puede ser ajena sino connatural a la satrapía bolivarista.

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