Opinión Nacional

Chávez: 20 puntos en Engaño

(En “HABLA EL COMANDANTE”. Agustín Blanco Muñoz. 1998, pg. 229) .

Estas fueron las palabras con las que el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías autoevaluó con orgullo la maniobra de simulación efectuada por él y sus cómplices golpistas del 4 de febrero de 1992.

El presidente Chávez presenta aquel Golpe de Estado como una gesta libertaria consecuencia del “Caracazo”, la protesta social del 27 de febrero de 1989. Pero diversas fuentes documentales han dejado al descubierto la falsedad de esa conexión, ya que desde comienzos de los 80 el joven militar barinés conspiraba para destruir el sistema democrático venezolano. Actuaba como un militante del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) infiltrado en las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN). Así lo revela el ex-Jefe guerrillero Douglas Bravo, Secretario General de esa organización clandestina descendiente del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Según Bravo:

“Chávez se incorpora en 1982 a los oficiales rebeldes que ya venían trabajando en las FAN… Nos reunimos sobre la base de estructurar un movimiento cívico-militar que se preparará a largo plazo para una insurgencia revolucionaria” (En “LA HISTORIA SECRETA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA”. Alberto Garrido. 2000, pg. 341)

José María (seudónimo de Hugo Chávez en la actividad clandestina) cumplía disciplinadamente con el trabajo de penetración en las Fuerzas Armadas del “enemigo”, línea estratégica diseñada por el PCV antes y durante la lucha armada para captar secretamente militares hacia sus filas y a la cual dieron continuidad los líderes guerrilleros del PRV desde 1966.

No debe haber duda, entonces, en concederle al Presidente Chávez 20 puntos en Engaño. No tanto por simular durante más de 10 años ser un militar leal a la institución armada y al sistema democrático, sino por ocultar con éxito su militancia en un partido de ideología comunista. A éste y a su líder máximo, Douglas Bravo, debe muchas cosas que usufructúa como si fueran contribuciones ideológicas propias. La más importante, aunque no la única, es la incorporación de la figura del Libertador Simón Bolívar a la simbología revolucionaria, un aporte original de Bravo elaborado a mediados de los 60, que significó una jugada táctica magistral para atraer oficiales a las guerrillas y contrarrestar el desinterés y rechazo de los cuadros militares por el comunismo castrista.

En línea con su comandante Douglas Bravo, Chávez manipuló el discurso bolivariano para captar a muchos oficiales en su aventura golpista, llamó Bolivariana a su revolución y utiliza permanentemente al Libertador como cortina de humo para encubrir las ejecutorias subversivas que realiza desde el poder, tanto en el plano nacional como en el internacional.

Hoy el camarada Presidente –en un evento militar reciente dio trato de camaradas a los jóvenes oficiales- adelanta la mayor operación de engaño contra el pueblo venezolano: el socialismo del siglo XXI, un sistema totalitario hecho a imagen y semejanza del fracasado régimen comunista cubano. Para implantarlo aquí y en otros países del continente se ha venido utilizando la fachada democrática de las Asambleas Constituyentes. Así, se ha logrado desmantelar democráticamente la Democracia para dar paso a un régimen autoritario que, ingeniosamente, ha sido bautizado con el nombre de “Democracia Participativa”.

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