Opinión Nacional

Chávez, antichavismo y crisis militar

En las conversaciones que Chávez mantuvo con nosotros en la Dirección del MBR-200 en el Zulia, se habló como era de esperar, del tema militar.

Nos decía que mantenía una estrecha relación con sus ex compañeros de armas. Nos hablaba del descontento en la FAN, por la corrupción en la alta oficialidad, comprometida, a su vez, con la corrupción puntofijista.

Nos enfatizaba que el tiempo marchaba a nuestro favor. Que sus compañeros de promoción, asqueados por la situación, estaban ganados para el cambio. Que cuando éstos alcanzaran posiciones jerárquicas importantes serían nuestros aliados.

Chávez y quienes integrábamos el MBR-200, no creíamos en el proceso electoral. Convocábamos al abstencionismo con fundamento en el artículo 250, de la que el ahora presidente, luego de participar y triunfar en las elecciones, denominaría “moribunda” y que no obstante, juró cumplir en el momento de su toma de posesión.

Un movimiento cívico-militar (eran los planes del MBR-200), asumiría el poder y convocaría, apelando al Poder Constituyente, una Asamblea Constituyente, que concretaría un proyecto de justicia social y auténtica moral-política.

Un proyecto como éste, requería, sin duda, de la participación militar.

Chávez cambió de parecer: Decidió participar en la contienda electoral.

Para sus planes, siempre confió más en los militares que en los civiles.

En el Zulia, su hombre de confianza era el Capitán Jorge Durán Centeno.

En aras del proyecto político y con altruismo aceptamos la voluntad de Chávez en el sentido de que la máxima dirección del MBR-200 en esa región recayera en el Capitán Durán Centeno, pese a carecer éste, intelectual y experimentalmente, de condiciones para asumir dicha responsabilidad. El mismo sería luego su candidato perdedor a la gobernación del Zulia.

Ya en la presidencia, como sabemos, Chávez privilegió a los militares.

La Constitución de 1999, por un lado, le otorga a los uniformados, derechos y privilegios especiales. Chávez, por el otro, los estimuló a que deliberaran y opinaran abiertamente. Olvidó que Bolívar no estaba de acuerdo con un soldado que deliberara, pues consideraba que ‘un hombre armado deliberando’ es una desgracia para su pueblo (Discurso en Bogotá en 1828). El Libertador entendía, como lo escribe a Del Castillo Rada (1821), que “no conviene que la opinión y la fuerza estén en las mismas manos”.

¡La historia latinoamericana le daría la razón!

Chávez enfrenta hoy, sin duda alguna, una crisis militar. Lo de la Plaza Altamira es sólo la punta del iceberg.

La relación Chávez-FAN, no resultó como él nos la planteaba. Hoy sus “hermanos de armas” “o del alma”, invocan los artículos 333 y 350 de la Constitución de 1999, para insurgir contra su gobierno.

Ojalá que quienes, dentro del antichavismo, hoy aúpan y aspiran una salida cívico militar, aprendan de la experiencia de Chávez.

Sin creer en afirmaciones como las de A. Einstein, en el sentido de que el militar “ha recibido un cerebro sólo por equivocación, pues le hubiera bastado con tener únicamente la médula espinal”, o la de Groucho Marx, quien opina que “la inteligencia militar es una contradicción de términos”, pensamos que no hay que jugar con el militarismo.

Bolívar le decía a Madariaga en 1826 que “el sistema militar es el de la fuerza y la fuerza no es gobierno”. ¡Importante lección!

El gobierno es civil y los militares son la fuerza al servicio civil.* Profesor Titular Emérito de la Universidad del Zulia

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