Opinión Nacional

Chávez en la ONU

Coincido con las diversas opiniones expresadas por otros políticos opositores, además de columnistas y estudiosos de la cuestión internacional, sobre el discurso pronunciado por el Presidente venezolano el 20/9/06 en la Asamblea General de la ONU. Añado, empero, mi personal apreciación: el referido discurso fue una mezcla de vulgaridad, teatralidad sin ingenio y torpeza política. George W. Bush merece, sin duda, una durísima crítica por la orientación que, como Presidente de Estados Unidos, ha contribuido especialmente a dar a la política exterior de su Gobierno; por los extremos a los cuales ha llevado la condición de potencia única, económica y militar, que existe en el planeta; y, en particular, por el modo de conducir las relaciones del Estado norteamericano con los de América Latina. Pero lo que hizo Chávez, lejos de ser demostrativo y eficaz, fue un acto de odio, estéril y contraproducente, con trazas de espectáculo ridículo. Ni siquiera le fue útil para su obsesivo propósito de lograr para el Estado cuya jefatura ejerce un sillón entre los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

El comportamiento del señor Chávez, probablemente el más trastornado que ha tenido, en el exterior o en el país, desde que comenzó a ejercer el poder, tiene como trasfondo el irracional antiimperialismo que hace parte de su confusa ideología, así como –y sobre todo- su ambición enfermiza de alcanzar el mayor liderazgo posible en el variado campo de las fuerzas contrarias a la hegemonía norteamericana y favorables a la multipolaridad. No dudo en afirmar que mientras efectuaba su actuación en la Asamblea General de la ONU, se sentía cumpliendo el papel que no podía cumplir Fidel Castro, cuyo estado de salud lo mantiene incapacitado. Cabe pensar que el taimado dictador estimuló en el discípulo (?) su peregrina aspiración.

Si, en general, la política exterior ha sido, desde hace muchísimo tiempo, fundamental en las decisiones y las acciones de los Estados, todavía lo es más en las actuales circunstancias de nuestro país, de América Latina y del mundo. La sustancia de la política interna condiciona la de la política exterior y ésta, a su vez, genera una acción de retorno sobre la primera. Este último aspecto de la conocida relación se ha mostrado con notable evidencia, y progresivamente, desde que Chávez y la cúpula militar civil dirigida por él ha ido aproximándose al régimen cubano. Es imposible que el “proceso revolucionario” movido por esa cúpula conduzca alguna vez a lo que existe en Cuba, pues los factores internos –económico-sociales, políticos, militares, culturales- no lo permiten y la realidad exterior -casi toda la llamada comunidad internacional- tendría una activa conducta opuesta, si bien no llegaría hasta la intervención directa. Sin reconocer explícitamente todo esto cuando habla, el señor Chávez lo ha expresado con los hechos. Sin embargo, la aproximación tiene muy dañinos efectos negativos en los aspectos de la vida integral antes señalados.

La dirección del campo opositor que está reconstruyéndose desde que Manuel Rosales fue designado candidato tiene la obligación de hacer un análisis serio de los complejos aspectos de la política exterior chavista que han quedado revelados en la conducta aquí comentada. Lamentablemente, hasta el momento sólo ha realizado, al menos públicamente, una consideración elemental del asunto. Ni el candidato presidencial ni los voceros autorizados de su Comando de Campaña, han efectuado una crítica densa y convincente. Lógicamente, tampoco han presentado una expresión alternativa de la conducta acertada. Todavía hay tiempo para llenar el vacío.

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