Opinión Nacional

Chávez en su peor momento

Nunca antes, en sus 10 años de (des) gobierno, Hugo Chávez había encarado en una situación tan crítica. Su imagen de campeón invencible, se desvanece, lentamente, como la bruma, sin dejar rastro alguno. El rechazo mayoritario de los venezolanos, a su pretendida reforma de la Constitución, el 2-D, resulta un ineludible maleficio desgraciado.

En el país, el entorno no puede estar más comprometido. La protesta social de los sectores empobrecidos, decepcionados por el incumplimiento de sus incontinentes promesas de un futuro mejor, se multiplican a diario, sin respuesta alguna por parte de un gobierno paralizado, que no sabe cómo reaccionar. Un simple ejemplo, solamente el lunes pasado, los medios de comunicación dieron cuenta de seis manifestaciones en Maracay, Barquisimeto, Maracaibo, Caracas y San Cristóbal. Por cierto, entre ellas destaca una por lo imaginativa y contundente: la de los miles trabajadores “descamisados” recorriendo las calles de la capital tachirense. Mientras la gente pide una eficaz acción gubernamental que le de respuestas a sus problemas más sentidos, Chávez continúa dilapidando, insensatamente, los recursos provenientes de la inmensa renta petrolera (Pdvsa recibirá 120 millardos de dólares en 2008, una pelusa…).

De otra parte, el panorama planteado ante las elecciones regionales y locales, no es, precisamente, auspicioso para el caudillo de Sabaneta. Tanto es así que está apelando a los más perversos expedientes (inhabilitaciones políticas) para tratar de emparejar, a cualquier costo, la contienda. La mayoría de sus candidatos no tiene anclaje popular y el PSUV parece más bien una olla de grillos. Ni hablar de los desangelados partidos “aliados” de la revolución. Cada uno anda por su lado buscando acomodo. Ojalá, la oposición comprenda, de una vez por todas que con sus desatinos le enmienda la plana al atribulado teniente coronel. Afortunadamente, en muchos sitios, la unidad germina de manera natural, producto de la propia realidad. La gente está por encima de los autodenominados dirigentes y marca el camino.

En el plano externo, las cosas van de mal en peor. Gracias a sus pifias, a su desmedido afán de figuración y excesos verbales, su imagen corre cuesta abajo. Desde aquel famoso ¿por qué no te callas? del rey de España no da pie con bola. La comunidad internacional lo ve como un bocazas con real, nada más.

Si a lo anterior le agregamos el contenido de la computadora de Raúl Reyes, el caso del maletín de Antonini (el alto gobierno aparece claramente involucrado) y la citación a declarar en el juicio a Del Nogal, en Italia, no resulta, entonces, difícil de entender los agónicos llamados a un acercamiento con su archienemigo los Estados Unidos y a la reunión con Uribe. Cómo serán de graves los tormentos de Chávez que, aún sin recuperarse del trancazo causado por el espectacular rescate de Ingrid Betancourt y otros rehenes de manos de la guerrilla colombiana, acepta ser humillado por quien, hasta hace poco, era considerado un sin vergüenza. Recordemos: juró no volver a reunirse con el Presidente de Colombia, por indigno. ¿Entonces? ¿Dónde queda la palabra empeñada del “amigo” de las FARC? Estamos en presencia de un show mediático montado para intentar lavarle la cara. Un Chávez perdedor, tragará duro y recibirá con los brazos abiertos (?) a un exultante y triunfador Uribe. Por la boca muere el pez…
En suma, estas piruetas de nuestro empalidecido Presidente recuerdan el canto del cisne antes del desenlace final…

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