Opinión Nacional

Chávez estrangula la libre expresión

(%=Image(9971638,»L»)%)Miami (AIPE)- Dos días después de haber sido yo despedido de la dirección general de El Diario de Caracas por presiones políticas, el entonces presidente socialdemócrata de Venezuela, Jaime Lusinchi, fue a celebrarlo en la redacción del periódico, donde escribió una frase que fue publicada en primera página al día siguiente: “Es pecado hablar mal del gobierno”. Lusinchi presidió uno de los peores y más corruptos gobiernos de la historia venezolana, pero Hugo Chávez lo supera con creces.

Las modificaciones al Código Penal venezolano publicadas el 16 de marzo incluyen inmensas multas y prisión de hasta 15 años a quienes el régimen de Chávez considere sus enemigos. “Irrespetar” al presidente en una conversación privada entre amigos puede significar 30 meses de cárcel y si se le irrespeta públicamente son 40 meses de prisión. Un “cacerolazo” implica una multa de 6.837 dólares y colocar en las calles obstáculos a la libre circulación merece una condena de cuatro a ocho años de cárcel.

No me extrañaría que todo esto fuese presentado como un avance social para el pueblo venezolano. Los millones de desempleados podrían convertirse ahora en soplones y recibir premios en efectivo por delatar a quienes se atrevan a hablar mal del régimen.

Según el “renovado” Código Penal venezolano no es lo mismo decir que el portero de un ministerio recibe “propinas” de ciudadanos que quieren acelerar un trámite que aseverar que el sueldo del presidente Chávez no da para cubrir la ropa, los relojes y su tren de vida de príncipe saudita. Hablar mal de un alto burócrata puede significar hasta 15 meses de cárcel, pero hacerlo respecto a un simple alcalde son 10 meses. Por otra parte, los venezolanos saben que ir a la cárcel puede significar que los maten a los pocos días.

Con las reformas al Código Penal quieren acabar con el periodismo independiente en Venezuela porque la diseminación de “información falsa” será ahora sancionada con dos a cinco años de prisión. En Cuba durante más de 40 años y en la nueva Venezuela, toda crítica al gobierno es por definición una falsedad.

El ministro de Comunicación e Información de Venezuela, Andrés Izarra, parece un personaje sacado de la novela “1984” de George Orwell. Así contestó las denuncias de la Sociedad Interamericana de Prensa reunida hace poco en Panamá: “Su reciente y muy mentirosa declaración sobre amenazas a la libertad de expresión en Venezuela, perpetúa la infame tradición de vuestro pequeño grupo de propietarios de periódicos y revistas que se creen también dueños del periodismo. Ser propietario de un telescopio no significa ser astrónomo… En la Venezuela bolivariana no existe la censura ni se persigue a los periodistas”.

A Chávez la historia no le perdonará su despreciable falsificación del pensamiento bolivariano. Bolívar sostuvo que “no conviene que la opinión y las leyes estén en las mismas manos, y que toda la fuerza esté concentrada en el gobierno”.

(*): Director de la agencia AIPE y académico asociado de Cato Institute.

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