Opinión Nacional

Chávez hacia el ocaso o al esplandor

Ha de saber el lector que este texto se escribió antes de las elecciones del domingo 23N. Se tratará, en consecuencia, de un una visión a priori, pero que tiene sus fuentes en la presente situación local, nacional e internacional. Sea éste el comienzo. Lo más trascendente del momento en el plano internacional lo constituye la crisis cíclica del capitalismo que si bien tiene su epicentro en los Estados Unidos, contagia en gravedad al resto del capitalismo mundial, heterogéneo, desigual, con severas contradicciones, incluido desde luego el capitalismo en los países mas pobres. Estas contradicciones no son antagónicas, sino inherentes a su propia dinámica. Ya, en parte, nos aproximamos a esta crisis, en un texto editado por Analítica, el capitalismo tiene larga vida, lo cual no quiere decir que sea inmortal, la primera de cuyas evidencias no está precisamente en las crisis, que bien pueden ser su cura, sino en el tipo de cura que se le aplica para evitar su muerte, a saber, decisiones políticas de los Estados, con lo cual se entierra definitivamente el fundamentalismo neoliberal, y sus secuaces en nuestros países, que consiste en establecer que el mercado lo es todo. Y, se ha evidenciado de la misma manera, que el capitalismo, en su sentido amplio, presenta fallas estructurales, que la humanidad tiene que resolver, para salvar al hombre y a la naturaleza. Pero, eso sí, sobre la base de que cualquier salida ha de partir del reconocimiento al capitalismo, su inmanencia, su trascendencia. Recuerdo que para salir de él Marx, entre otros muchos, pero él de manera más radical, asumió que el capitalismo lleva consigo su propia tragedia y saldría de su vientre su propia superación, se diría que es una evolución, independientemente del modo concreto como se expresara.

Y ese reconocimiento debe admitir que el imperialismo norteamericano es distinto al británico, que trasladaba el imperio al país dominado, a pesar de su graves errores en Afganistán, Irak, Paquistán y algunas agresiones militares en AL., sin desconocer “identidades” con el británico, descubrió que es mucho mas efectivo y eficiente tener “aliados criollos” para el dominio político, y a través de ellos el control económico, una de cuyas formas puede ser el de la mistificación de la democracia, provocando identidades formales falaces, como la identidad entre capitalismo y democracia o en casos mas crueles, entre eficacia y dictadura; Según conviene a sus intereses se adecua el discurso. La dominación científica y tecnológica, es un desgarrador ejemplo, pero también la vida cotidiana en su conjunto ha sido dominada, el jean, la bota tejana son ejemplos excepcionales del carácter de sumisión que pueblos enteros tienen ante en imperialismo, tanto que hasta el machismo mexicano usa los revólveres Colt del imperio y los epistemólogos del chavismo tienen las mejores computadoras de la IBM y mas, sus animadores en cosas de publicidad ese nutren una veces del capitalista nazi Goebelds, otras, las más, de la publicidad que al “americano” estilo.

Pues bien, el presidente Chávez perdió la mas alta oportunidad para haber planteado el debate en los términos de la crisis del capitalismo y haber propuesto las alternativas para superarlo en este aquí y ahora. La interrogante es por que no lo hizo si, pues como ahora, no se volverá a presentar un mejor escenario ni mejor oportunidad. El capitalismo hará las adecuaciones que su racionalidad le permite, que, reitero, en este casos vienen de la política, lo cual implicará algunas modificaciones que limitan las garras del mercado y controla las relaciones con la naturaleza, pero habrá también cambios ideológicos, incluso axiológicas para garantizarse mejor su estabilidad, su armonía. Este salto cualitativo del capitalismo, empero, no puede superar todas sus contradicciones internas y sus relaciones externas, quedan muchas interrogantes, entre las cuales nos afecta las relaciones con los países pobres y las alternativas que a estos se plantean, se presentan. Presumo que el presidente Chávez sabe esto. La pregunta, entonces, es por qué no lo hizo. Una sola respuesta tengo a la mano. Su proyecto es un cascarón vacío que es imposible de dramatizar, que es imposible de poner en escena. El socialismo indoamericano, originario bolivariano, robinsoniano, zamorano, humanista, cristiano…es, simplemente, un conjunto de adjetivos a los cuales secuestra la historia, sus valores semánticos, pero, aun peor, nada puede echarse a cada uno de estos cajones sin incurrir en grotescas contradicciones, etc. Pero, de otra parte, tampoco puede contrastar con éxitos. Dicen que ya van 800 mil millones de dólares que el país ha recibido en estos años Chávez. Y podría decir que si no están exactamente perdidos no se sabe en donde están ni para qué sirvieron. Cifra mayor al conjunto que el capitalismo invierte para “salvarse” y tratar de prevenir su crisis cíclica y cualquiera otra enfermedad, la avaricia a la cabeza. Y esto es fundamental. Sus misiones, que se alimentan con dólares en efectivo, tienen una falla insuperable, por una parte, quien recibe sin el esfuerzo de trabajo, de producir, tiende al despilfarro, lo cual genera mayores exigencias y, por la otra, no produce relaciones ni afectivas ni menos ideológicas con quien da la limosna.

Hasta el presente el discurso presidencial, se estructura por oposiciones. Lo malo es todo cuanto se hizo antes (la IV República) lo malo es todo cuanto hoy se haga, diga, insinúe en contra de su política o de su conducta. Lo bueno es cuanto la revolución hace, y allí ha de incluirse cuanto destruye. No hace falta inventarios. Pero la cuestión es que eso también se agotó. O al menos se desinfla aceleradamente. La corrupción, peor que en toda la historia del país y el discurso pseudomoral ya está al descubierto. Todo cuantos se hace en nombre de la revolución queda justificado, del mismo modo quien y todo cuanto se critique de ella queda execrado. Esto ya no funciona. La dura realidad, le diría el Goethe, pone al desnudo esa perversión. Ya el gato no puede esconder sus errores ortográficos, es decir, sus HECES. Están allí y en todas partes, tan visibles que ya no causa sorpresa verla convivir casi al lado de cada uno de los honestos. A pesar de lo horroroso de esto, transitoriamente, este es un logro de la revolución. Socializar la corrupción, reiteraría el difunto Gary Mendoza es su mayor conquista revolucionaria. Todo este juego surge de ese vacío teórico, pero también de la ignorancia de la historia. La mayor revolución que pudo hacer Chávez, habría consistido en hacer de Venezuela un país moderno. Y moderno es asumir a la ciencia y la tecnología como “armas” fundamentales, soporte sustantivo, del proceso económico, social, político, educativo. Haber resuelto problemas simples, transporte, agua, aseo, ferrovías, salud, inseguridad, etc. en fin, haber tenido algo en la cabeza, como por ejemplo, el General Pérez Jiménez, para quien esa dirección era muy clara. De allí sus grandes obras de ingeniería, urbanas, viales…pero esto pasaba por reconocer, cuando menos, las armazones políticas de este juego. El capitalismo ha sido genial en esto. Tomas Marschal es recordado por un gran maestro multinacional, inglés en este tiempos, judío siempre, el capitalismo ha sido hábil, astuto, y en su devenir ha pasado, primero, de la ciudadanía civil, legal y de derechos; después, a la ciudadanía política, cuyo fuerte está en la participación, hasta llegar a la ciudadanía social, fases que de manera sabia nos habríamos podido zafar, sin negarlas, dadas las realidades de nuestra era (Cfr. Eric Hosbanwn, entrevista sobre el siglo XXI, Critica, Barcelona).Por ahí pudiésemos podido avanzar y está claro ese camino en la Constitución vigente. No se cómo llegó, pero está. Pues bien, de haber tenido consciencia el presidente de este hecho cultural político habría resuelto, igualmente, lo relativo a precisar cual es el papel del Estado y, en consecuencia, superar las inmensas contradicciones entre la democracia –aun la formal – con la práctica hegemónica, autocrática.

Por no comprender el presidente este camino y por no tener ninguno que proponer como alternativa, tal vez porque no hay, extrema la concentración y se hace absolutista. Este es un grave error que, o bien lo conduce necesaria e inevitablemente a una dictadura, o bien a continua el juego formal de la democracia, que si bien legítimamente cuestionada desde el seno mismo del capitalismo y con mayor profundidad y belleza por los poetas, desde hace largo tiempo, lo conduce inevitablemente a asumir sus derrotas, pero, mucho mejor que ello, a buscar superarlas desde una perspectiva racional crítica y ética, y a asumir la cohabitación, la tolerancia como los espacios normales de la existencia social. Y en este espacio no cabe el grito histérico contra el imperialismo ni la blasfemia contra sus adversarios, sino, de alguna manera, el consenso, racional, ético, para resolver los fundamentales problemas del país. Este es el único camino, cualquier otro se nutre en la violencia y esta demanda de la dictadura como su forma endógena de ejercicio político.

No se cómo amanecerá el lunes. Pero una nota mas es de agregarse. El haberse asumido el presidente como candidato, vale decir plantear en términos plebiscitarios la contienda, Yo o nadie, le traerá mayores problemas que beneficios. El peor, no tener a quien responsabilizar de su derrota y si ganase, no tener “héroes” con quien compartir su victoria y siempre hay un Brutus para el César.

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