Opinión Nacional

Chávez no podrá convertir nuestras FFAA en un ejército miliciano

El sector castrense pareciera copado y controlado por la mafia chavista que
hipotecó honor y dignidad a cambio de abultadas cuentas bancarias. Pero
siguen siendo una despreciable minoría, si se les compara con el conjunto
de la oficialidad institucional.

Estamos hablando de doscientos o trescientos rabiosos oportunistas estampillados a la suerte de Chávez contra por lo menos diez mil oficiales
y suboficiales que esperan pacientemente que comience en serio el derrumbe
sociopolítico del iluminado de Sabaneta.

Pero, me dirán ¿ Y para qué nos sirve esa mayoría si permanece abúlica y
cómplice frente a los desmanes del chavismo contra las FFAA?. Eso
cambiará, tan seguro como que somos mortales.

Tan seguro como que no hay en la historia del siglo veinte y en lo que va
del veintiuno ni un sólo caso en que un ejército de un estado capitalista
se convierta en la fuerza armada de un estado comunista. Al revés si pasó y
muchas veces. Allí están los ejemplos recientes de todos los ejércitos de
Europa oriental, de Rusia y de las repúblicas centroasiáticas, que
pertenecieron al Ejército Soviético y a sus ejércitos satélites, y ahora
son flamantes FFAA de estados capitalistas en proceso de consolidación
acelerada.

Allí está el ejemplo más cercano del Ejército Sandinista de Liberación
Nacional de Nicaragua y ya veremos al chino y al cubano si tenemos un poco
de paciencia.

Nuestras FFAA son la última reserva de tipo institucional que el Estado
capitalista venezolano invertirá para evitar su liquidación por el
aventurero Chávez, enamorado del senil Castro. Por cierto uno de los
romances más curiosos y costosos de la historia mundial. Paga el muchacho y
con 60.000 barriles diarios de petróleo robado.

La reconversión gradual y pacífica de la naturaleza, función e ideología de
unas FFAA de tipo capitalista en su opuesta comunista no es una hipótesis
viable. Es algo absolutamente descartado por la experiencia histórica y
ello sin excepciones. Algún asomao pudiera decirme: pues bien toda regla
tiene excepciones y Venezuela puede ser el primer caso. Y la respuesta es
sencilla. NO ignorante, esta regla carece de excepciones.

Nadie espera en su sano juicio que la iglesia se convierta en una
institución atea, o que los guardias de prisiones sean personas amables y
condescendientes, o que los brujos, quirománticas y toda la pléyade de
charlatanes, adopten abruptamente la necesidad de demostrar científicamente
sus predicciones. No puede abolirse la ley de gravedad. Puede evadirla
transitoriamente alguien o algo metido en una cápsula espacial, y aún allí
orbitan, pero ese no es el caso de todo objeto material que este fuera. Y
eso incluye a Chávez aunque sus jalamecates no lo crean. Por eso y para
explicar mejor este tema del destino preanunciado de las FFAA, además de lo
árido, tendrán que perdonarme la crudeza, sobre todo los amigos militares
que lean estas líneas.

Así como no creo en capitalistas trabajando por amor al prójimo y
olvidándose de la ganancia, o no concibo un prestamista renunciando a la
usura, menos aún veremos a miles de oficiales, formados en décadas, abdicar
de sus responsabilidades y sobre todo de sus privilegios de mando para
cuadrársele a la comandante Lina Ron, a la comandante fosforito o al gordo
Pinto y sus guerrillas de apartamento numerado del 23 de Enero.

No creo en altruismos y renuncias filantrópicas de quienes tengan algún
privilegio social, para invertirlos como tributo a la ideología de un
demagogo de ocasión, sobre todo cuando el que alecciona sobre
renunciamientos es un vulgar fariseo que exhibe lo opuesto de lo que
predica.

Sólo excepcionalmente personas muy especiales imbuidas de un fuerte
misticismo religioso, moral, ético, o como lo quieran llamar, son capaces
de renuncias sacrificadas para generosamente repartir al prójimo las
ventajas sociales que le depararon su formación y su ascenso social en
escalas crecientes de clase media de acuerdo al grado y oportunidades de
estudio y profesionalización. Para mi ese NO es el caso del 99.99% de los
oficiales y suboficiales de nuestras FFAA.

Nuestros militares son gente normal, como el resto de los mortales que
viven en este suelo, y la cuota de místicos debe estar en el mejor de los
casos en ese 0.1%.

Entendámonos. Chávez puede corromper a muchos oficiales pero no a la
mayoría. Comprar una conciencia cuesta a veces muchos millones y comprarlas
todas cuesta demasiado para poder ser pagado.

Diría el analista superficial: «sólo le basta comprar a los que tengan
mandos importantes y con eso controla todo». Quien afirme eso no conoce el
mundo militar. Autoridad no tiene solamente el más bocón o el que grite la
orden. Aunque parezca mentira, en esta Venezuela degradada existen valores
entre nuestros oficiales que generan autóritas y dignidad del cargo sólo a
quienes lo merecen y esto en más casos de los que la gente supone.

Cualquier día el bocón amanece sin mando.

El problema hasta ahora, en particular en el ejército, la fuerza decisiva,
es que los líderes militares que se han plantado desafiantes ante la
autoridad del loco no han sido los de mayor autóritas, (en La Guardia si),
sino los más enclenques o los más audaces, sin ascendiente real dentro de
sus respectivos estamentos. Y si tenían ese autóritas lo comprometieron con
muy inoportunos pronunciamientos individuales cargados de protagonismo
ineficiente. Pero para entender nuestro drama militar nada mejor que
situarlo en el contexto histórico y compararlo con lo ocurrido en otros
tiempos, escenarios y latitudes.

Los sistemas totalitarios son de dos tipos: los fascistas, dictaduras de
extrema derecha, y los comunistas como el cubano o como lo fue la URSS y la
China actual. Para mantenerse, ambos deben generar prerrogativas para su
casta gobernante. Estos privilegios son acumulados sobre todo por los
gendarmes de todo tipo que constituyen el cuerpo opresor, y violento por
excelencia, que garantiza la sujeción absoluta del pueblo al régimen.

Eso es premiado con toda clase de parasitismos, sinecuras y canonjías
materiales o de gratificación sólo aparentemente intangible, como el poder,
del que a su vez se derivan masivas corruptelas y rapiña de bienes, por
supuesto de forma ilegal.

Cuando cae un régimen comunista o fascista esos privilegios son mantenidos
por el nuevo Estado que se hace generalmente Capitalista Democrático y
prefiere seguir contando con esos grandes destacamentos armados. Y estos
siguen con los privilegios que usufructuaban en el régimen anterior. En
realidad lo que ocurría es que para mantenerse en el poder los burócratas,
comunistas o fascistas, llenaban de prebendas y obscenas ventajas al
aparato militar y policial.

El estado capitalista podía pasar de la democracia al fascismo (Italia
1922, Alemania 1933) y del fascismo o de dictaduras de extrema derecha a la
democracia (Venezuela 1958, España y Portugal 1975, Argentina 1982, Brasil
1985, Chile 1990) y los militares seguían incluso en algunos casos
acrecentando sus privilegios. Es cierto que hubo ocasiones en que si
perdieron privilegios, porque les cobraron excesivos desafueros, como fue
el caso de los militares argentinos, o de policías como la Gestapo alemana,
la Seguridad Nacional venezolana que fueron eliminadas, pero en general la
continuidad primó sobre la ruptura.

También es útil señalar que en varios casos, cuando se implantó un régimen
social y estatal capitalista-fascista, se purgó o eliminó segmentos
democráticos, para imponer el gendarme totalitario, transformando
radicalmente esos estados capitalistas democráticos, llegándose a veces a
destruir su ejército, por guerra civil contrarrevolucionaria (España
1936-1939) preservándolos como estados fantoches (Vichi Francia, Quisling
Noruega, Horty en Hungría, todos entre 1940-45) o por anexión, durante la
segunda guerra mundial por parte de Alemania (Polonia, Checoslovaquia 1939
etc.).

Pero nunca ocurrió que cuando un país caía en manos del comunismo dejaran
existir el ejército y las policías que venían del estado capitalista. Estos
siempre sin excepción fueron destruidos físicamente. (Rusia 1917, China
1949, toda Europa oriental entre 1945 y 1948, Cuba 1959, Vietnam, Camboya y
Laos en 1975, Nicaragua 1979). Por eso nunca sucedió el caso contrario, es
decir que un ejercito de un estado capitalista se cambiara sin resistencia
para sostener un nuevo estado de tipo u orientación comunista. Siempre la
guerra civil o una ocupación militar fue necesaria para imponer ese cambio
sobre una montaña de cadáveres. Y esa inviabilidad tiene su razón de ser en
que teóricamente los militares podrían tener en ese sistema totalitario
mayores privilegios, pero son de otro tipo y con gran precariedad de
usufructo por la inseguridad implícita al no existir la propiedad privada y
todas las libertades económicas, sociales, profesionales etc. que les
garantiza el capitalismo y por las prefieren pelear antes que perderlas.

Otra cosa muy distinta lo constituyen gobiernos semi-democráticos (Allende,
-Chávez) o dictaduras militares de izquierda pero dentro de un estado
capitalista. El general Velasco Alvarado presidió una dictadura
izquierdista, donde se segregó a oficiales demócratas, pero la institución
armada se mantuvo como pilar del estado capitalista peruano, con muchas
reformas e imposiciones, y luego de expulsado Velasco del poder, ese
régimen militar cambió su signo ideológico hacia la derecha, con el General
Morales Bermúdez que acepta y hasta promueve la democratización del año 80.

En el caso de Allende que constituía un gobierno de origen democrático,
aunque desbordado institucionalmente por la anarquía izquierdista, operó
la ley histórica que presenciaremos en Venezuela.

En estricto sentido Allende jamás rompió con el Estado capitalista, quería
su reforma drástica, como Chávez. Pero se convirtió en un experimento
peligroso, como Chávez, que al desbordarse por la izquierda sencillamente
se hizo incompatible con el Estado capitalista como Chávez.

La tardanza relativa para su derrumbe, si lo comparamos con Allende, le
viene dada precisamente por la demagogia militarista que embaucó más tiempo
del esperado al estamento castrense en su sostenimiento. Chávez es la
mezcla del autoritarismo militar de Velasco Alvarado, aunque este era un
hombre serio y no este patán, con la anarquía democratera desbordada de
Allende.

El silbón de Sabaneta es un producto algo original pero, igual que sus
congéneres, con el estigma del fracaso gravado en la frente, además de su
sino trágico como todo comediante grande o pequeño de la historia.

Por eso sostengo, contra lo que opinan muchos analistas, que aquí no se
han dado las batallas decisivas sobre el destino de las FFAA y afirmo que
estas no serán aniquiladas sin reaccionar. Y que al reaccionar, si llegamos
a esos límites, lo harán aniquilando a quien quiso o quiera destruirlas.

El Chavismo no tendrá la fuerza para imponerse porque no creo que los
militares arriesguen todo para defender a un déspota al que le atribuyen
querernos llevar a un sistema estatista como el cubano. Es ese el riesgo
que no están dispuestos a asumir. Los militares prefieren alinearse contra
un déspota izquierdista y echarlo apenas tengan oportunidad.

Si a algún lector se le ocurriera pensar que estoy abogando por un
Pinochet, o un General Franco entonces no me expliqué bien. Solo he querido
demostrar que esos recursos de la contrarrevolución son absolutamente
lógicos, como último trámite de la sociedad y el Estado capitalista para
defenderse de su amenaza de liquidación. Quienes profesamos la democracia y
estamos hasta los tuétanos comprometidos contra el despotismo de cualquier
signo, aspiramos que mucho antes de la hora limite, los civiles, que
conformamos el 99.5 % del país, tengamos la respuesta previa, lógica y
necesaria al uso de la fuerza del 0,5% militar.

El Referéndum revocatorio contra el ramplón quiromante llanero es la
próxima batalla para intentar sacarlo sin costo de sangre, aunque él, por
lo del sino trágico, querrá verla verter de nuevo por su nombre o contra su
nombre, para satisfacer esa alucinante y ridícula pretensión de pasar a la
historia grande cuando solo merecerá desprecio y una pequeña estatua en la
Habana, y eso mientras dure el castrismo moribundo, por haber regalado a
los burócratas manganzones cubanos miles de millones de dólares, que se los
quitó de la boca a los venezolanos y sobre todo a los ilusos que votaron
una y otra vez por su desgracia.

El dramático llamado de Allende en los minutos finales de su vida con el
palacio de La Moneda en llamas y ametrallado por la aviación: «Augusto,
Augusto, donde está Augusto» debería recordarle a Chávez que en los
oficiales que mas confíe, como Allende en Augusto Pinochet, quizá esté el
que se encargue de su transporte a Cuba. Si no se resigna a aceptar la
exigencia de nosotros los civiles y salir democráticamente del poder, en el
círculo íntimo de Chávez se empolla un Pinochet.

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