Opinión Nacional

Chávez y el lobo

Chávez lo advirtió desde Ciudad Guayana: la reelección hasta el 2013 puede convertirse en un período de mando hasta el 2020 o hasta el 2031 “en caso de que la oposición se retire de los comicios presidenciales del 3 de diciembre”. De acuerdo al Jefe del Estado, se firmaría un decreto llamando a Referéndum popular para tomar la decisión.

Chávez es coherente. Hay dos maneras de cerrar el ciclo de la necesaria relegitimación. Por las buenas (acudir a votar para darle valor legal a la primera etapa de instalación del Proyecto Nacional Simón Bolívar-léase socialismo), o de otra manera (Referéndum a la eternidad socialista de una vez por todas). No hay nada nuevo bajo el sol.

La revolución no tiene marcha atrás. La democracia (revolucionaria) es hegemónica (Elías Jaua-El Nacional). La democracia (representativa) está sepultada, para que “termine de nacer lo nuevo y finalice de morir lo viejo” (Chávez, mil y una veces). ¿Entonces?…¿Cuál es la diferencia entre votar bajo reglas (parecidas) del juego electoral (algún cambio habrá, después de todo, para que el Proceso continúe). Pero Chávez sacará 10 millones de votos. O tal vez 12, o 14 millones. Para comenzar la etapa socialista es necesaria la mayor cantidad de legitimidad posible. Y punto.

Después de todo, si se lanza algún candidato de la oposición a la Presidencia (habrá varios) y llega a triunfar (el candidato “opositor”), con unos 10 millones de votos para que la victoria sea incuestionable (por el buche), tendrá que resolver, para arrancar su mandato, el problemita de disolver la Asamblea Nacional chavista, el Poder Judicial, el Poder Ciudadano y el poder (real) militar, con generales reincorporados incluidos.

Si gana el candidato (opositor) abrumadoramente, (como debería ser), seguramente enviará a su isla a los cubanos de Barrio Adentro, y anulará los acuerdos petroleros, y devolverá a los persas a Medio Oriente, y revisará los convenios con Rusia y China, y retornará a la apertura petrolera “originaria”, y mandará largo a todo los compromisos contraídos por Chávez (el Estado), y colorín, colorado, en estos años nada ha pasado.

Mientras tanto, Chávez sigue a toda velocidad con su proyecto. Sabe que la audaz “alianza estratégica” con Irán, conformando el nuevo eje antiimperalista intercontinental Irán-Venezuela-Cuba (Evo Morales recién comienza a descubrir las verdaderas tramas del poder oficial) llevará a los halcones del Pentágono a sospechar que puede producirse una versión parecida a la crisis de los misiles con Cuba (1962).

Pero habrá una diferencia. Los persas no negocian. Y Fidel, lo saben en Washington y en Moscú, tampoco. Faltaría el test final a Chávez: o repite la política desarrollada frente a la invasión a Irak (condena retórica a la guerra acompañada de flujo petrolero “seguro” a Estados Unidos), o rompe el cordón umbilical Caracas-Washington del oro negro y voltea, de una vez por todas, la mesa de “Aló, Presidente” para declarar, por fin, la anunciada guerra asimétrica, tan temida por los magnates petroleros que ordenan en Washington.

Es el viejo cuento del lobo, en dos versiones.

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