Opinión Nacional

Chávez y la revolución

El día martes 13 de agosto del 2002, en una entrevista por TV, Luis Miquilena, estrecho colaborador del presidente Chávez en su gestión de gobierno, informaba que siempre le insistió al Primer Mandatario sobre el mal uso que hacía sobre el término ‘revolución’ al referirse al proceso en curso. Que le observaba al Presidente que el proceso no tenía un carácter revolucionario y que el inapropiado uso del término tenía un doble efecto negativo: En primer lugar, que atemorizaba al empresariado; y en segundo lugar, creaba falsas expectativas en los sectores marginales.

El término ‘revolución’ se usa en diversos ámbitos: tecnológico, cultural, científico, religioso y hasta sexual. Creo que hay un libro que se denomina ‘La Revolución de la Píldora’.

En Venezuela hemos hecho uso indebido del término ‘revolución’. Hablamos de la ‘Revolución de Octubre’, para referirnos al golpe cívico-militar de 1945 contra Medina (Revolución personal). Se afirma también, que Gómez produjo una ‘revolución administrativa’. Las revoluciones institucionales, denominadas ‘gatopardeanas’, buscan cambios de forma, más no de contenidos.

Se habla también de revolución ‘política o social’. Cuando Luis XVI, luego de la toma de La Bastilla, el 14/07/1789, en su ignorancia política ante los acontecimientos revolucionarios, pregunta al Duque de La Rochefoucauld: “¿Qué es? ¿una revuelta?” Este le responde: “No, señor, es una revolución”. En efecto, se trataba de la gran Revolución Francesa, que cambió el curso de la historia.

En política, la ‘revolución’ es algo muy serio.

En su obra “El Estado y la Revolución”, Lenin considera que “la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción

del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel ‘divorcio’” ; y agrega, “Marx llegó a esta conclusión, teóricamente clara de por sí, con la precisión más completa, a base del análisis histórico completo de la tareas de la revolución…”

Una ‘revolución política’ tiene un carácter originario, ilimitado, suprajurídico. Se fundamenta en la ‘legitimidad’ y no en el ‘derecho’. Esto lo señala muy bien Santi Romano en su Diccionario Jurídico. Para él, lo cual compartimos, por “definición”, ésta siempre es “jurídicamente ilícita”. Si estamos en presencia de una revolución, considera, ésta “no puede ser regulada en su procedimiento por los poderes estatales que ella tiende a subvertir y a derrocar”.

La revolución política tiene su propia legalidad. Y en la medida en que se construye sobre bases axiológicas y económicas diferentes y/o opuestas al ancien regime, es inherente a ella, romper como el polluelo al cascarón, con las estructuras que impiden su surgimiento y desarrollo.

Chávez está imbuido de una concepción voluntarista y mesiánica. Si Chávez hubiese estudiado la”Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un Caraqueño”, escrita por Simón Bolívar en Cartagena de Indias (15/XII/1812) hubiese encontrado, cómo El Libertador entiende lo que es un auténtico proceso político revolucionario. En dicho Documento podemos establecer coincidencias teóricas con los señalamientos arriba anotados.

Hace algún tiempo, le advertí a Chávez, sobre lo que era una revolución. Probablemente su voluntarismo no le permitió comprender nuestro planteamiento.

Compartimos con Miquilena: ¡Esta no es una revolución!

*Profesor Titular Emérito de L.U.Z.

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