Opinión Nacional

Chavismo y gobernabilidad

La imposición de un modelo revolucionario totalitario-colectivista, en el hemisferio occidental, en el marco del actual sistema internacional y a estas “alturas del partido de la historia”, es altamente improbable. Castro obtuvo durante la Guerra Fría un subsidio, por parte de la fenecida URSS, de US 5.000 millones de dólares anuales. En la actualidad, para mantener su fracasado modelo, ha tenido que recurrir vergonzosamente al grotesco turismo sexual de los europeos de la tercera edad y a las humillantes remesas familiares del exilio mayamero. El Sandinismo , por su parte, aun habiendo sustituido la Guardia Nacional somocista por sus milicias, fue expulsado del poder, después de provocar un pavoroso retroceso socioeconómico. Pero Venezuela tiene petróleo, dirán algunos. El petróleo ya no es suficiente para evitar el empobrecimiento acelerado del país, Venezuela tenía US 3000 dólares de ingreso “per capita” en 1974, hoy apenas alcanzamos los US 670 dólares. Además, si alguna vez estuvo entreabierta la ventana de oportunidad para el proyecto revolucionario chavista fue al inicio del “proceso”, cuando contaba con el apoyo de las “grandes mayorías” del país. Los nombramientos de Nóbrega, Perez, Rosales y Chaderton indican, en cambio, una confusa voluntad de ensayar el camino de una economía básicamente de mercado, en el marco de un mejoramiento de las relaciones con los EEUU. El problema es que, en una economía de mercado, sin confianza no hay inversiones, sin inversiones no hay reactivación económica, sin reactivación económica no hay creación de riqueza, sin creación de riqueza sólo habrá distribución desigual de la miseria a través de la inflación y el desempleo, auténticos caballeros del Apocalipsis. Dada esta espantosa situación socioeconómica, los hombres razonables del chavismo deberían entender que sin la confianza que se sustenta sobre un mínimo de estabilidad política, el país es ingobernable. El chavismo tendrá cabida en la Venezuela democrática del futuro, si entiende que en democracia no hay estabilidad sin un acuerdo mínimo sobre las reglas del juego político, entre el gobierno y la oposición. Los chavistas inteligentes deberían hacerle entender a Chavez que, por el bien del país, debe buscarse un acuerdo de gobernabilidad con la oposición. Si no lo entendiese, el chavismo, por su propia supervivencia, deberá prescindir de Chavez. Un acuerdo de gobernabilidad debería incluir: el nombramiento por consenso de los integrantes de los poderes Electoral, Ciudadano y del Tribunal Supremo de Justicia; elecciones generales anticipadas, a través de una enmienda consensuada y por tanto acelerada; y un programa mínimo común de gobierno para los próximos cuatro años, sobre la base del esfuerzo que está llevando a cabo el Padre Ugalde y su equipo de la UCAB, centrado en una estrategia para combatir la pobreza, sin excluir los aportes de otras instituciones como el Centro de Formación Arístides Calvani (IFEDEC). Sin un mínimo de acuerdo, la “salida” pacífica será difícil.

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