Opinión Nacional

Chernobyl Chávez

1.-En enero de 2005, un destacado periodista estadounidense cuyo trabajo sigo y admiro, James Fallows, publicó en The Atlantic Monthly – hoy simplemente The Atlantic– , y en forma de artículo, una hipótesis predictiva.

El tema era el futuro de la política doméstica estadounidense. Para su artículo, Fallows escogió un manido recurso paródico: escribir el memorándum de un jefe de campaña electoral destinado al hombre que ya se ha embolsillado las elecciones en Estados Unidos en 2016.

Adviértase que esto que les cuento ocurría mucho antes de que Barack Obama apareciese en el radar electoral de su país.

Lo que singulariza el “memorándum” de Fallows es que comienza como zumbona ficción política y termina por ser un inquietante ensayo profundo, con todo y aparato de notas al pie de página.

Se trata, pues, de un envidiable logro: presentar la parodia de una monografía de think tank como forma de entretenimiento sobre las tendencias que un curtido, perspicaz, muy leído y muy viajado freelancer como Fallows percibe como difícilmente irreversibles.

Su título es Countdown To A Meltdown y no sé traducirlo más que de este modo: “Cuenta Regresiva de una Fusión Nuclear Accidental.” El reactor atómico que, según Fallows, habría de derretirse por completo a partir de esa fecha era nada menos que la presidencia de su país.

2.- El imaginario autor del memorándum ficticio advierte que, estando la victoria electoral asegurada, siente sin embargo el deber de esbozarle a su empleador – virtual futuro presidente – el panorama doméstico e internacional que enfrenta.

El de 2016 no es hoy un mundo futuro fácilmente discernible, mucho menos lo era en 2005, así que el “analista” optó por hacer el recuento de cómo fue que las cosas llegaron a ponerse tan mal en el planeta. Es a partir de ese momento que el trabajo de Fallows se convierte en lectura de sumo valor para los aprensivos y desorientados como yo, aunque al precio de dejarnos sólo algo más orientados y bastante más aprensivos.

Recuerdo que escribí una nota sobre el falso memorándum para la revista mexicano-española “Letras Libres”, que dirige el historiador Enrique Krauze. Se publicó a fines de 2007, apenas dos semanas antes del referéndum que en Venezuela ganó por estrecho margen el llamado “Bloque del No”, en lo que entonces muchos pensamos que era una derrota de la pretensión de Hugo Chávez de imponernos una dictadura constitucional apuntada, en el fondo, a hacer de Venezuela una sociedad totalitaria.

Hoy, casi tres años más tarde, me siento igual que cuando terminé de leer el ensayo de Fallows en 2005: mucho más orientado y también mucho, muchísimo más aprensivo ante el inmediato porvenir, lo cual para cualquier demócrata venezolano que haya vivido en su país los últimos diez años – ver disiparse la incertidumbre– , es una forma de alivio, aunque parezca mentira.

Lo que sigue es el fragmento que el ficticio memorándum de 2016 dedica a Venezuela; el consejero discurre sobre las elecciones estadounidenses de noviembre de 2008. Insisto en que por entonces Fallows no podía tener presciencia alguna del fenómeno Obama:
3.-“Si Fidel Castro hubiese muerto dos años antes –conjetura el imaginario asesor presidencial– , la segunda tragedia de Bahía de Cochinos y las dificultad de imponer un ‘cambio de régimen’ [ en Cuba] habrían sido ya un brumoso recuerdo para la fecha del día de elecciones. Si hubiese muerto un año más tarde, el bloque de votantes cubano-americanos de la Florida habría resultado tan confiablemente republicano en 2008 como en los precedentes 50 años. […] Si los republicanos hubiesen retenido los votos de Florida es de presumir que se habrían hecho también con la Casa Blanca, pese al creciente malestar por la deuda, el déficit, la pérdida de empleos y el aumento de bajas americanas en Iraq y Paquistán.

Pero al morir como lo hizo, a los 82 años de edad, y convertirse en la ‘sorpresa de octubre’ de la campaña electoral de 2008, Castro tomó venganza de los republicanos que durante años habían apoyado el embargo comercial a Cuba.
Más aún: logró vengarse también de sus enemigos originales, los demócratas. Si bien Castro no pudo haberlo planeado, su desaparición fue el principio — la primera ventolera, el gatillo — de la catástrofe que siguió.

O tal vez debamos hablar de la primera ficha del dominó en caer, porque lo que entonces ocurrió mostró una cierta inevitabilidad geométrica. La siguiente ficha estaba a mil millas al otro lado del Caribe, en Venezuela.

Hugo Chávez, elegido originalmente como cruzado de las izquierdas, estaba ya, sin disimulos, bien metido en su papel de dictador militar. Durante años nuestros diplomáticos habían gruñido que Chávez no era más que ‘un Castro con petróleo’, pero, al morir Castro, la comparación cobró un nuevo sentido.”
4.-A partir de allí, Fallows especula un desenlace nada halagador para la democracia venezolano, y en ella, el régimen de Chávez no sigue al de Cuba en su caída.

Creo a pie juntillas que, detalle más o menos, el escenario que pinta el imaginario asesor de la Casa Blanca en 2016, y que bien puede adelantar su configuración en el tiempo, es justamente el que la victoria del “NO” logró conjurar sólo provisionalmente al ganar el referéndum del 2 de diciembre de 2007.

Y que, aun contando con sus innegables dotes demagógicas, su dinero y el poder casi omnímodo que detenta, tal como se presentan las cosas, le será a Chávez muy duro revertir el resultado final que guarda para el futuro este “final del comienzo” que la oposición está históricamente obligada a lograr en las elecciones de septiembre venidero.

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