Opinión Nacional

Chvávez, el gobernante que no fue

A estas cotas de la historia contemporánea muchos harán “leña del árbol caído”. Ese árbol es, por supuesto, Hugo Rafael Chávez Frías el gobernante; no el hombre en el candor de su amor filial, ni en el defensor a ultranza de su confesión de fe. Es en su condición de apasionado justificador de lo injustificable, es el Chávez gobernante.

Hugo Rafael saltó a la fama de la misma manera que cualquier espontáneo en una corrida de toros, una extra de cara bonita en un programa de TV, un improvisado cantautor de música folclórica. Solo por haber dicho “Por ahora,………”, le valió la pleitesía rendida por tiros y troyanos cuando solo tenían referencia de haber asumido la responsabilidad de su “gallo muerto”. Y para más señas, estos tiros y troyanos no fueron ellas, sino ellos.

Chávez era muy bien conocido por unos pocos, vale decir, otros que no eran “sus compinches del 4F” habían dibujado “su perfil” encontrando falencias en su personalidad que los colocó en la acera de enfrente. Debo incluirme aún cuando sea petulante de mi parte, más la gente se volvió loca con el personaje. A la población le arrebató una ceguera, una sordera y una incomprensión de tal magnitud que una cualquier opinión adversa al Teniente Coronel, era una apuesta perdida, casi que una mentada de madre. Recuerdo que fue el último pasajero de Santa Bárbara del Zulia a Maracaibo en un vuelo de Zuliana de Aviación y hubo de esperarle unos 10 minutos. Vestía un de color azul que podía ser del tipo “Mao”, años 70 o liquilique y lo evoco con precisión debido a la pena causada por la pleitesía de algunos hombres que iban en el vuelo, pero bueno eso es clavo pasado.

 

¿Cuál es la razón para titular “Chávez fue el gobernante que no fue”? El verdadero título es “Chávez el gobernante que pudo haber sido y no fue”. Notó lo extenso del nombre Y ¿Por qué afirmo que pudo haber sido y no fue? Ya le enlisto mis razones:

1. No pudo manejar la fama de ser un gobernante capitalizador de una fortuna electoral inimaginable. Ni Betancourt, ni Caldera, ni Pérez, ni Herrera con todo su prestigio tuvieron tal caudal de votos, en términos absolutos.

2. Nunca fue franco en cuanto a su militancia ideológica. Yo supe de sus sintonías con el marxismo por amigos residentes en su tierra y por otros medios ligados a la guerrilla venezolana de los sesenta. Su discurso fue más influyente que cualquier razonamiento, incluso, superior al video donde juraba a Fidel “llevar a Venezuela al mar de la felicidad cubano”. Comencé a adversarlo más de la cuenta.

3. Su empeño en cambiarle el nombre a la “República de Venezuela” por el rimbombante “República Bolivariana de Venezuela”. A la larga, ese cambio no le dio a los venezolanos la mayor suma de felicidad de la prometida por su régimen democrático.

4. La añadidura del término “Social” durante el proceso constituyentista fue un indicio de encaminarnos al Socialismo del Siglo XXI. Fidel tuvo la catadura de decir a la Licenciada Devis, años después, lo que Chávez nunca se atrevió. Tiempos antes de esa confesión, muchos sabíamos que el socialismo del siglo XXI, era un comunismo disfrazado.

5. Hipersensibilizó su piel con un titular del diario “El Mundo” que le valió la defenestración de Teodoro Petkoff de la dirección del vespertino. ¡Claro! Se iniciaba en la aplicación del alicate de la restricción de libertad de expresión.

6. Se comportó como un mal imitador de Bolívar cuando el 14 de diciembre de 1999 en medio de la tragedia de Vargas, se le ocurrió encadenar a los medios y decir que “si la naturaleza se oponía, lucharíamos contra ella”, porque había que votar al día siguiente. No me arrepiento haber votado por el “NO” en el Referendo Constitucional, porque era un “no” a lo que vivimos hoy. Nunca se interpretó como se debía aquel signo del tiempo

7. Pidió a la Misión de las Fuerzas Armadas Estadounidenses el abandono de los espacios asignados a ellos, pero se los entregó al G2 cubano. Entonces: ¿De cuál soberanía territorial se ufana?

8. Se cansó de hablar de la dependencia de los Imperios por los créditos. Hay más de un imperio con el cual se ha comprometido el futuro de las generaciones infantiles recientes, incluyendo la de sus nietos. ¡Ay, abuelo! ¿Qué hiciste?

9. Privilegió el conocimiento de los técnicos en salud antillanos sobre el de los médicos venezolanos. Y ese privilegio incluyó el pago al gobierno cubano honorarios profesionales por cada uno de ellos en dólares americanos no pagados a los nuestros. ¿Y el amor a la patria?

10. Se empeño en “quebrar” económicamente a los industriales, empresarios y comerciantes venezolanos para evitar la generación de más empleos y con ello, la de una mejor calidad de vida. Es que según lo visto por él, la gente no debe cambiar de ropa, ni de zapatos, ni debe empeñarse en crecer económicamente, tampoco alimentarse como es debido.

11. Se elabora un Presupuesto Nacional con una masa monetaria en dólares que es la mitad de lo que debiera ser y la otra mitad se emplea en la “exportación continental y planetaria de la revolución marxista cubana”. ¿Y nosotros? ¡Miranda en La Carraca!

Es aconsejable que todo cuanto se escriba sea breve para que sea mejor. Cierro este capítulo ya que la lista es tan larga que “Por ahora, no debo cansarles”. Eso sí, quedan tres cuartillas más.

 

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