Opinión Nacional

¿Ciudadanos o guerrilleros?

La más reciente maniobra ideológica del régimen, la creación de comandos juveniles para la ‘guerrilla comunicacional’, es una estratagema política de desinformación y de manipulación de los hechos a conveniencia del régimen, dentro de una operación táctica que se ejecutará con la participación exclusiva de los muchachos liceístas. Se trata, nada más ni nada menos que de un acercamiento al sesgo hacia objetivo final, que no es otro distinto al neo comunismo, ejecutando las maniobras de una aproximación indirecta, tal como la estableciera Liddell Hart, como el uso de una acción paradójica, en la que se intenta una un movimiento de acercamiento por la línea de menor expectativa, para producir, en este caso, el colapso ideológico e institucional de la República y sus ciudadanos, considerados por el régimen como enemigos.

Ese objetivo final es la transformación institucional de una República democrática, descentralizada y federal en una Nación socialista, centralista y totalitaria, terrible involución histórica y política que se apuntala con la conversión ideológica del capital social más importante para cualquier sociedad: la niñez y la juventud. Esta maniobra ideológica plantea, entre muchos dilemas filosóficos y políticos, uno que afecta directamente a la autodefinición de los habitantes de este país: Mantenernos como ciudadanos o transmutarnos en guerrilleros.

¿Un país de guerrilleros?

Un país ‘de guerrilleros’ es una aldea caótica en la que predominaría la voluntad del más fuerte (social y políticamente hablando) y en donde la subversión al orden, a las leyes y en definitiva al status quo, se convierte en norma. En un ‘país de guerrilleros’ la sociedad se transformaría en un aquelarre de pasiones e intereses personalistas y grupales que no sólo amenazarían la institucionalidad republicana de la nación, sino que rompería desde su instauración el pacto social entre ciudadanos al extender y generalizar el caos a la existencia misma del Estado.

Con la demolición de la República que se pretende ejecutar desde el mal llamado ‘socialismo del siglo 21’ se pone en trance de muerte a la libertad del ciudadano, porque al ser abolidos los derechos y las libertades individuales, y con la instauración de la inseguridad social y jurídica, se vulnera y se desconoce aspectos fundamentales de una república democrática, como por ejemplo, el derecho a la propiedad, y se sustituye la convivencia pacífica de los ciudadanos bajo el imperio de las leyes por un artificioso e inexistente clima de lucha de clases, cuyo objetivo final no es otro que el caos y la subsecuente destrucción de la República civil y democrática.

La ciudadanía como Norte:

Tardamos dos siglos para despojarnos de la condición de súbditos de España y con ello nos elevamos a la condición de ciudadanos de una nación con un sistema político republicano. Ello fue posible porque desde entonces se canceló, a cuenta de una futura libertad, una altísima cuota de vidas y de sacrificios, tanto políticos, como sociales y económicos. Desde sus inicios, la República de Venezuela, sin necesidad de calificativos ni de pronombres intermedios, se ha concebido como la más genuina expresión de la soberanía popular, soberanía que es el sustrato político necesario para disfrutar de una soberanía nacional, condición necesaria para sostener un ordenamiento social y político sustentado en los valores esenciales de la democracia republicana, como lo son la libertad, la seguridad, la igualdad y la propiedad, que junto con las descentralización administrativa, el amparo de la Ley y la separación de los poderes que integran al Estado, configuran el perfil político y social de la Nación. El amparo político de estos valores quedó confiado, desde el inicio de nuestra historia como país independiente, libre y soberano, a los dos principios constitutivos de un Estado republicano ya mencionados: la representación de los ciudadanos mediante el sufragio libre y la división de los poderes públicos.

El primer principio ciudadano y político permite a la voluntad popular expresarse de manera soberana, como única fuente de legitimación del poder público. El segundo principio impide que retorne el despotismo mediante la concentración de todos los poderes en una misma persona.  Por lo tanto, ser ciudadano refuerza la instauración de la República Federal, en directa correspondencia con nuestra conformación histórica provincial, pues una República descentralizada es la continuación del esfuerzo colectivo de las generaciones de venezolanos quienes se proclamaron ‘ciudadanos’ a partir del 5 de julio de 1811 y no del 19 de abril del año anterior, como se nos quiere hacer ver en la presente distorsión de la historia que adelanta el régimen que nos desgobierna a la fecha.

Frente al dilema que plantea el proyecto guerrillero de la recrudecida política castro comunista de Chávez (un despropósito que va a contrapelo de la voluntad democrática de los venezolanos), sólo queda cerrar filas detrás de los genuinos valores ciudadanos y del sistema democrático como modelo político. No hacerlo es sucumbir a la estrategia de aproximación indirecta, que como una táctica de pinzas desarrolla el desgobierno a través de los comandos juveniles de la ‘guerrilla comunicacional’, remedo caribeño de las juventudes hitlerianas que tanto daño hicieron en la historia reciente de la humanidad.

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