Opinión Nacional

CNE: huevo de la serpiente

Fuentes de Internet detallan ventajas y peligros del moderno sistema electoral electrónico. Sólo Estados Unidos y Brasil, de instituciones democráticas sólidas, lo utilizan parcial o totalmente.

En otros países se intentó pero regresaron a las papeletas y listas registradas en el acto como segura garantía contra los grandes fraudes amparados en una compleja red tecnológica, para el caso venezolano controlada por el castrocomunismo foráneo y local. Después de acosar por cuarenta años a la democracia venezolana, su cúpula chulomilitarista pudo penetrar la entraña petrolera de mayor reserva mundial.

Así compensó la ruina física y moral de Cuba luego del abandono soviético. Cruel telenovela caribeña sustentada en mentiras de sospechoso heroísmo. Por décadas inspiró pasión hacia el macho fracasado, criminal y gritón. Léase Fidel-Che Guevara.

Vale insistir. La Constitución venezolana de 1999 consagró el voto digital como nuevo método sin eliminar las pruebas que garantizan su correcta auditoría interna, como es el cotejo entre boleta con su escrutinio por máquina y los básicos cuadernos de votación, donde se estampan en vivo y frente a testigos balanceados huella dactilar y firma de cada votante. Las captahuellas y otros aditivos, hoy de adorno, dieron rango de supremo poder al Consejo Nacional Electoral venezolano, presunto infalible modelo para el resto del mundo.

Su negociado continuo de compra-venta-comisiones fue sin supervisión de contraloría independiente ni la información oficial confiable sobre gastos arrancados a la renta petrolera de exclusivo manejo gubernamental.

Este Poder Electoral, con directiva de mayoría oficialista, se origina en el ADN del líder máximo y su grupete golpista, con óvulos comprados a justicia, legislatura, fiscalía y defensoría. Su médula militarista tiene al Consejo Nacional Electoral de columna vertebral que empodera lo ilegítimo para otorgarle imagen democrática a una dictadura cada día más represiva. Ahora quedó en evidencia por su negativa al recuento electoral bajo pretextos leguleyos. Admitió la derrota en 2 de diciembre de 2007 sobre la reforma con «resultados de mierda», como los llamó su mandamás, porque las encuestas libres y comerciales daban contundente mayoría de las clases C, D y E que protestaron su pobrecía en aumento, luego aplacada con misionero bozal de arepas. Acató las victorias de gobernaciones opositoras por su obvia popularidad. La anterior, ingenua disidencia venezolana, dejó pasar las graves argucias posteriores: cedulación electorera, Registro Electoral viciado, tretas para inscribir y autorizar a los nuevos votantes, circuitos electorales y ventajismo palaciego. Farsa normal en dictaduras a diestra y siniestra.

El huevo de la serpiente, otro filme clásico de Ingmar Bergman (1977) muestra ese embrión del fascismo cotidiano después legalizado, su semen de odio y simulacro que manipula novedades con marginados, incautos y tontos pero cuando luce más potente muerde su cola y, a la vista de todos, se infiltra su propio veneno.

Obediencia y sumisión tienen sus límites y el momento de esa frontera tolerable lo da la sociedad misma si actúa a tiempo, antes de ser domesticada del todo.

Aquí terminaron los cuentos rojos con el héroe matón, vivián o débil mental. A fuego lento vuelve la historia de un sistema libre sujeto a derechos y deberes, aciertos, errores y enmiendas.

Queda un profundo daño para la confianza en el voto digital que será recuperable sólo si el cabezal del próximo Consejo Nacional Electoral es elegido sin trampas, bajo estricto ordenamiento legal y autorizado por una Asamblea Nacional antes renovada mediante referéndum consultivo.

En eso consiste la hoy necesaria, pacífica, urgente y activa desobediencia civil.

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