Opinión Nacional

CNE: la prioridad es la transparencia no la fecha

No se pone en duda a priori ni la capacidad profesional ni la calidad ética de los nuevos directivos electorales. A pesar de que igual que otras directivas del CSE, hoy CNE, fueron designados tan cupular y partidistamente como siempre, más allá de la supuesta consulta a la supuesta sociedad civil. En relación con todas las directivas electorales se ha invocado siempre igual que en relación con ésta su condición profesional y su pretendida independencia partidista; además de que supuestamente eran desconocidos por quienes los designaron.

Lo esencial del problema electoral venezolano es que está montado en una estructura hecha por los partidos, conformada para ser manipulada partidistamente, independientemente de la directiva, en función de garantizar los resultados predeterminados por las cúpulas de los partidos que la controlan. Y tal manipularidad se asienta fundamentalmente tanto en la información altamente manipulable sacada o seleccionada discrecionalmente de la ONI-DEX, como en su procesamiento igualmente altamente discrecional y selectivo en informática y automatización del CNE. Igual que siempre ha sido, lo que resulte electoralmente ahora estará en última instancia determinado, mandado, desde dentro de la estructura funcional-operativa del organismo, por técnicos que responden a directrices partidistas; repito, al margen e independientemente de su directiva. Ello se volvió a demostrar en la crisis que terminó en la suspensión del 28M.

Los nuevos directivos fueron designados por la cúpula chavista a través del Congresillo con la pretensión no disimulada de que su papel se reduce a llevar algo así como lo que en construcción se llama una «administración delegada»; simplemente el de manejar una «caja negra» sólo avalando sus resultados.

El éxito que logren los nuevos integrantes del CNE dependerá absolutamente de la soberanía e independencia con que actúen. Si están motivados por el interés de lograr ser vueltos a designar por la Asamblea Nacional que resulte electa, aceptarán dichos condicionamientos; no pasarán de avalar unos resultados incomprobables, en lo previsible, fraudulentamente convencidos y negociados a sus espaldas por las cúpulas partistas, que manejan la estructura interna del organismo. Pero si están motivados, como es posible y deseable, a costa de lo que sea y obviamente de no volver a ser designados, por la idea de ejercer soberamente el orden electoral que son, de hacer un aporte al adecentamiento de la vida y la política nacionales, entonces deben ser ellos, sólo ellos, ni siquiera el TSJ y menos el Congresillo, quienes impongan y definan todas, absolutamente todas las condicionantes y las líneas de acción requeridas para ellos mismos poder de verdad manejar y controlar, como directivos natural y corporativamente, pero realmente manejando y controlando todo el proceso, para ellos mismos, no ninguna contratista, garantizar a conciencia los resultados.

Es posible. Y quizás sería histórico. Depende de la voluntad, del nuevo CNE.

Se trata de manejar lo que sería «una ecuación de tres variables», la transparencia, la fecha, y la simultaneidad electoral; con un resultado concreto, la validez convencionalmente aceptable de los resultados. Y de establecer claramente quién determina las prioridades y cuales son tales prioridades.

Si las prioridades las determinan las cúpulas partidistas, directamente mediante los tradicionales consensos cupulares o indirectamente a través de las instituciones partidizadas del Congresillo o del TSJ; entonces el nuevo CNE fracasará; igual que todos los anteriores no será más que un instrumento de las cúpulas partidistas.

Si se imponen como prioridades la fecha antes que nada y la rapidez por encima de todo, por encima de la transparencia y de la confiabilidad de los resultados; entonces el nuevo CNE no irá más allá de avalar los resultados incomprobables de un proceso partidizado que no controló.

Lo que se espera del nuevo CNE son resultados convencionalmente confiables; tal es el producto de la ecuación que le toca resolver, no la rapidez ni la simplificación ni la economía. La variable clave, dependiente, la prioridad, es la trasparencia del proceso, que sólo se resuelve mediante el pleno control directo y real de todas sus fases; control condicionante que a su vez sólo es posible a partir del conocimiento a fondo de su estructura y dinámica, lo cual a su vez es función de un tiempo que no se puede atropellar. Igualmente dependiente, aunque no la prioridad, es el tiempo o la fecha, que no siendo un dato, tiene que definirse a partir del proceso mismo y sobre la base de que esté garantizada la trasparencia del proceso y la confiabilidad de los resultados; por lo que también la fecha depende del conocimiento y el control que el nuevo CNE, previa y condicionalmente, logre del proceso y del tiempo que requiera para ello. En cambio la simultáneidad es un dato; como no lo es ni puede ser la fecha; está definida; fue una decisión de la ANC. Cínicamente la cúpula chavista relativiza lo referente a la simultaneidad, planteando la posibilidad de la separación de las elecciones, mientras absolutiza la necesidad de que se realicen inmediatamente; aunque en relación con la fecha su ANC no estableció nada.

Ojalá que el nuevo CNE, a pesar de la forma como fue designado, asuma la soberanía que le corresponde. Si define la transparencia del proceso y la confiabilidad de los resultados, no la fecha ni la economía, como la prioridad de su gestión del proceso, pasará a la historia como la primera directiva electoral que actuó en forma plenamente soberana; no como instrumento de las cúpulas partidistas.

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