Opinión Nacional

Coherencia político-discursiva para una resistencia democrática activa

Ello en referencia a la contradicción reiterada entre lo que a diario proclama nuestra dirigencia demócrata y lo que terminan haciendo en tal sentido.

Es impensable, que luego de fundamentadas calificaciones sobre la naturaleza política del régimen Chávez-FARC en su esencial contradicción a la Carta Magna, nuestra dirigencia demócrata continue procediendo a contracorriente de su discurso. Como entender, por ejemplo, el que a partir del 11 de abril, nuestra dirigencia demócrata continue resultando incapaz de articular una estrategia política eficiente ante el clásico argumento tiránico de politizar la justicia.

En lugar de ello, y contrariando prédicas vanas, nuestro liderazgo demócrata se mantiene consecuente en su tratativa por consolidar la fachada democrática del régimen Chávez-FARC.

No existe foro internacional digno de mención, donde a la fecha no se tenga a Venezuela como una más de las democracias en ejercicio. Ello no es casual. Cómo podria ser otra la conclusión ante el manejo displicente que frente a los abusos electorales Chávez-FARC demuestran nuestros dirigentes, incapaces sí, de plantar resistencia en pro del cumplimiento pleno de la ley electoral, pero más grave aún resulta la aceptación condescendiente de sus correlativos resultados ¨oficiales¨.

Sin embargo, es en la politización de la justicia donde continua vigente la mayor de las incoherencias demócratas. Siempre resultará dificil evidenciar el carácter político de una detención, mientras las víctimas de tal despropósito resulten compelidas desde esa misma dirigencia para un actuar de común reclusión.

Si legendaria y universal es la prisión política como instrumento de la opresión, no lo son menos las tratativas empleadas por los demócratas para revertir en beneficio político lo que en principio no pasaria de castigo atroz.

Será necesario recordar el expediente de huelgas, vigilias, ayunos en fin resistencia democrática activa, desplegado con éxito no ya por el famoso Ghandi, o los no menos destacados Walesa y Mandela, sino por los siempre sitiados demócratas del Africa sub-sahariana, quienes ante similar horror hacen valer en todo momento, lugar y circunstancia la condición política de su reclusión, para merecer en justa consecuencia no solamente una solidaridad del mundo libre, mejor aún, constituir la representación efectiva de una siempre inminente emancipación.

Autoridad moral, coherencia y valentia, son condiciones necesarias de una dirigencia criolla que pretenda articular desde la calle y desde la propia prisión, una apropiada posición de resistencia democrática.

En su defecto, no concibo razones que permitan atisbar siquiera un alto en la presente arremetida Chávez-FARC. Mientras el socialismo gobernante cuente con un adversario demócrata dispuesto a secundarle con silencios y aquiescencias en su proceso de consolidación, será el tiempo el que nos separe de la total sujeción. ORA Y LABORA.

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