Opinión Nacional

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Cuando pienso en la popularidad que llegó a tener el Presidente Chávez, me duele más el pensar cómo desperdició la ocasión dorada de insertarnos sin complejos en un mundo global, al impulsar los logros que habíamos construido en el pasado, los de un país pujante con una gran clase media. Con los niveles que alcanzaron los precios del petróleo, la recuperación hubiera sido rápida.

Hace un par de semanas, un industrial aragüeño me contaba que cada vez que él oía hablar del ejemplo de la industria en China, dentro de él se mezclaban una gran rabia y una profunda depresión. La fábrica que elabora el mismo producto que él fabrica en Venezuela, tiene en China dos grandes galpones: en uno están las máquinas. En el otro viven los obreros. Cada seis horas van al catre, se comen un bowl de arroz, y siguen trabajando, hasta completar un promedio cercano a las quince horas diarias. El costo por obrero es de sesenta dólares al mes. «¿Cómo compito yo con esos niveles de esclavitud?. A mí me cuesta un obrero trescientos cuarenta y cinco dólares mensuales aquí en Venezuela, por ocho horas de trabajo. Y lo peor es que hay fábricas chinas que se están mudando para Vietnam del Norte y Corea del Norte, porque en China la mano de obra está encareciéndose. En Vietnam y Corea sólo pagan cuarenta y cinco dólares mensuales.»

Pedro Pablo Meza, Presidente de la Cámara de Industriales del Estado Aragua, presentó ante la Asamblea de Ciudadanos una ponencia en la que desnuda la realidad de un Estado industrial como lo es Aragua: más de mil doscientas pequeñas y medianas industrias cerradas en los últimos cuatro años, sesenta mil nuevos desempleados, invasiones a fábricas y terrenos industriales y una buhonería galopante. Esfuerzos como el que localmente hace el CODET se ven entorpecidos por una política económica que atenta contra nuestra industria y contra el desarrollo del país. Y el nombramiento de personas que, por sus antecedentes y sus proyecciones, causan el más que justificado rechazo del sector empresarial, vienen a empeorar lo grave de la situación.

Hoy, la realidad que se impone es la de un pueblo cada vez más depauperado, en el que la política económica del gobierno ha hecho quebrar miles de sus industrias, y está a punto de llevar hacia ese camino a su empresa bandera, PDVSA. La de un pueblo de buhoneros cuyo inmenso trabajo es tan improductivo, que sólo les resuelve el almuerzo del mediodía. La de un pueblo de desempleados y subempleados que sueñan con salir del país en busca de un futuro mejor, del país que un día fue el paraíso de los inmigrantes porque les dio la oportunidad de lograr sus metas y sus sueños.

Recuperar lo perdido quién sabe cuánto tiempo nos llevará. Mientras más tiempo pase, mayor será el daño. La reconstrucción del país hemos debido comenzarla ayer.

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