Opinión Nacional

Comienzos de año, perspectivas

Venezuela, desde hace ocho años, está sometida a los tormentos más fuertes de toda su existencia. La realidad que padece el conglomerado nacional sobrepasa a los rigores de sus años de la guerra federal que diezmaron a la población e hicieron reducir los registros de sus nacionales.

El triunfo electoral del presidente le ha dado las ínfulas necesarias para creer que tiene la potestad de disponer de los bienes y de los ciudadanos como si fueran los activos de su hacienda personal.

Los anuncios y las acciones que adelanta desde que se conoció su ratificación, sobrepasan con holgura a las actuaciones de todos y cada uno de los déspotas que han gobernado en ningún país. César, Nerón, Luis XIV, Enrique VIII, Hitler, Mussolini, Gómez, Franco, Perón, son niños de pecho al lado del Dictador de Sabaneta pues éste es capaz de aprobar comparaciones con lo peor de cada uno de los nombrados.

Para que ello sea posible, se pueden registrar dos elementos fundamentales.

El primero está constituido por el servilismo y entrega de todos quienes ocupan posiciones en todas y cada una de las distintas instituciones del poder.

El segundo viene dado por la anestésica postración e inmovilismo de los distintos estamentos de la ciudadanía.

La entrega de todas las instituciones públicas a los designios de Miraflores tiene dos vertientes muy distintas.

Por una parte encontramos que la anulación de todas esas instancias significa el establecimiento omnímodo de los deseos presidenciales. Por la otra y como consecuencia de la anterior, encontramos la indefensión de todos los ciudadanos ante las intempestivas arremetidas del monarca.

¿Ante cual instancia va a recurrir un ciudadano para exigir la protección de sus derechos?
¿Ante que juez va a presentarse la persona, natural o jurídica, que vea atropelladas y allanadas sus expectativas?
¿Qué organismo le va a indicar al tirano que se está extralimitando en sus funciones?
¿Dónde están las acciones del poder moral que le hace flaco servicio a su nombre?
¿Cómo puede servir el presupuesto nacional para premiar los servicios serviles –valgan la redundancia y la cacofonía- de determinados personajes?
¿Cómo puede una persona condonar deudas nacionales sin recurrir a las instancias previstas por la ley?
El mutis absoluto de las instancias del poder deja a los ciudadanos indefensos y a las empresas huérfanas de toda posibilidad.

La otra vertiente, la postración y anestésica actuación de la población civil permiten que el dictador avance, cubriendo todas sus ambiciones e invadiendo todos los campos que deben estar reservados al criterio y al deseo de los ciudadanos.

Una muestra de ello, que no es la única, es lo que está sucediendo alrededor de la educación del niño o del joven venezolano.

Solo los regímenes totalitarios, y muy especialmente los comunistas, se han permitido el lujo de dictar normas que extreman el detalle de la forma como debe impartirse el conocimiento. En todos los estados regidos por gobiernos demócratas, son los ascendientes naturales, es decir, los padres, o quienes los suplan, quienes determinan dentro de sus capacidades, la forma y el contenido de la educación de sus hijos.

Entretanto estamos viviendo la descapitalización más horrorosa del talento de los venezolanos. Ya se cuentan por cientos de miles los jóvenes que han decidido quemar sus naves en Venezuela y se han incorporado a otras naciones. Naciones serias que le brindan oportunidades y los colocan en planos de igualdad y respeto que su patria les niega.

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