Opinión Nacional

Como vaya viniendo vamos viendo

Vivimos en el país del ‘como vaya viniendo vamos viendo’, de la falta de planificación, de las soluciones ‘inspiracionistas’ del momento. Somos la patria de los improvisados, del ‘por ahora’ donde los ‘mientras tanto’, se quedan. La tierra del nunca jamás.

Existe una lista interminable de ejemplos. Es frecuente, frecuentísimo, ver en todas partes y por todas partes, vallas levantadas por los diferentes gobiernos que dicen ‘aquí se construye…’ y no vemos la construcción por ninguna parte o en su defecto la obra se encuentra inconclusa, porque el ‘aún’ permanece por años y años.

Encontramos pendones colgados a postes de luz eléctrica donde se anuncia que ‘el gobierno de… ‘cualquier estado, ‘trabaja por la gente de…’ otra vez el nombre del estado. Y vemos que el pedazo de tela que se ha convertido en harapo, está rodeado de conuqueros que habitan en ranchos a la orilla de las carreteras.

Vienen las lluvias, inevitables como todos los años, y se cae un puente que cuenta una centuria de años. Inmediatamente se arma un puente militar para facilitar el paso. El último que crucé en la vía a Playa Grande duró ¡tres años!

Los huecos son otra historia. Quien nos visite entenderá en un par de días por qué razón en Venezuela existe un vehículo rústico por familia. En cualquier zona del país hay huecos que pasan a ser parte de nuestro patrimonio porque nunca se arreglan de forma definitiva. Apenas se coloca un manto de asfalto de espesor como para tapar una arruga y a la vuelta de dos meses, ¡zas! adiós caucho trasero.

Esto no sucede únicamente con las obras de infraestructura. Realizar un trámite en una oficina pública es una verdadera odisea. Después de averiguar entre los cien ciudadanos desinformados igual que usted, cuál es la cola para tomar el número y ser atendido, se entera que debía llegar antes de las seis de la mañana porque ya no hay números. Ni qué decir si necesita comprar timbres fiscales. Al llegar a la ventanilla, luego de hora y media de espera, le dicen que se acabaron y que vuelva el lunes a ver si llegan.

Igual ocurre cuando pagamos en el supermercado y nos quedamos esperando el vuelto. La moneda se devaluó y desapareció el ‘bolivita’, pero seguimos sin redondear la decena. Comúnmente escuchamos ‘le debo los seis bolivares porque no tengo sencillo’. Multiplique cuántos ‘se lo debo’ tiene que decir la cajera en un día. Pero ¡ni se le ocurra decir a usted lo mismo! He sido testigo de situaciones en que una persona no tiene el dinero exacto y no se lleva el producto. Es decir, el consumidor que compra todas las semanas en el mismo sitio, no ‘le puede deber’ al dueño del abasto, pero este señor sí le puede deber al comprador fiel que le mantiene el negocio.

Estamos sin lugar a dudas en el país al revés. Cuesta entender que se eliminen cinco ministerios para evitar la burocracia y en un año se creen ocho nuevos para atender las necesidades del soberano, que se hagan negocios con países que no tienen capacidad de pago y que se ataque repetidamente a otros de los que dependemos en gran medida, que se oculten guerrilleros y se persigan periodistas. Que se quiera vender Citgo y se negocie con Petrobras. Y así, la historia sin fin.

Muchas cosas que ocurren no son nuevas, otras sí, pero es indiscutible que la situación ha empeorado considerablemente. Ojalá dentro de unos años podamos escribir que el escenario es distinto, que el ‘por ahora’ cambió, que el ‘mientras tanto’ no es para siempre. Que avanzamos hacia adelante, que la historia tomó un giro y nos desarrollamos. En fin, ya veremos. Como vaya viniendo iremos viendo.

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