Opinión Nacional

Conciencia vs. violencia

Suenan tambores de guerra. A las partes extremistas
del chavismo y el antichavismo les corresponde amarrar
a sus locos, cualquiera sea su nivel de
responsabilidades.

Los insensatos tejen planes cruentos, de lado y lado,
sobre un país inmenso y promisorio que quiere paz,
justicia social, participación democrática con
libertad y solidaridad. Trabajan para encresparnos
hacia un campo de lucha fratricida, cuyas principales
señales las anda soltando intimidatoriamente el
gobierno con aires fascistas, prevalidos los agentes
gubernamentales de impunidad y abuso de poder.

La visión monocromática, autoritarista y militarista
del presidente Hugo Chávez Frías, quien se cree jefe
de un cuartel llamado “Venezuela”, nos empuja hacia la
imposición de un sistema político,
económico, social y
cultural realmente retrógrado, con un rasgo esencial,
definitorio: concentración autocrática del poder, él y
sólo él hasta en la sopa, un gobernante ansiosamente
omnipresente, supuestamente omnisciente y
omnipotente. Rodeado de subalternos acríticos,
viene
estirando la cuerda política con abuso de poder, verbo
insultante y una serie de políticas excluyentes,
discriminatorias: ha pretendido dividir al país entre
“patriotas” y “traidores”, siendo los primeros los de
su bando –con idéntico maniqueísmo que George W. Bush-
y los segundos, quienes disentimos de sus trasnochadas
ocurrencias, incluido cualquiera de su entorno que ose
decir algo que roce su autoritarista ego, su jefatura
única.

Violencia de Estado

A Chávez le temen los suyos. Saben que es un
trapiche,
para triturar y botar cual bagazo a quien no atienda
sus órdenes y ocurrencias. Desde la cúspide
miraflorina, se ha tejido un sistema de violencia de
Estado que amenaza y ha afectado a millones de
venezolanos y venezolanas, chavistas y no chavistas
por igual. “Lista Tascón”, “Lista Maisanta”, el “rojo
rojito” en PDVSA, el insulto y apaleo de “opositores”
en plazas públicas, justicia torcida y no pocas veces
tarifada, corrupción policial, descarada corrupción
administrativa que excluye a quienes no se bajen de la
mula, amenazas represivas, descalificaciones y
mensajes monopartidistas desde los medios
radioeléctricos del Estado con total impunidad,
coacción y cercos económico-publicitarios contra
medios de comunicación social independientes,
obstrucción de fuentes informativas y del libre y
acucioso trabajo reporteril e investigativo de los
periodistas, servicios de espionaje que alcanzan (como
en tiempos de Jaime Lusinchi y Blanca Ibáñez) hasta a
los habladores de pendejadas, todo lo cual se conjuga
con el más espantoso sectarismo político y la
militarización de los servicios de seguridad, con una
Fuerza Armada que está dejando de ser “Nacional” para
recalar en instrumento personal del líder único y su
política monopartidista, dizque “socialista”.

Eso es violencia de Estado. Pero además, está el
cuadro de violencia generalizada en la
sociedad
venezolana, donde cada día son asesinadas unas treinta
y cinco (35) personas, ocurre un secuestro cada 72
horas, y todos los días millares de personas son
víctimas de robos, atracos, heridas de bala y armas
blancas, cuyas estadísticas dejaron de ser importantes
para el gobierno.

Adicionalmente, nuestra población está sometida a la
violencia que generan las arbitrariedades, la
corrupción y la incompetencia gubernamentales: escasez
de alimentos básicos, falta de viviendas (el déficit
se ha montado en 1,8 millones
de unidades
habitacionales), especulación y carestía de la vida
hasta el brutal espectáculo de buhoneros “rojos
rojitos” con patente de corso para vender leche
adulterada a 25 mil bolívares el kilo, en pleno
corazón de Caracas. Un tráfico automotriz que para los
pelos y obstruye el normal desenvolvimiento de la vida
en nuestras principales ciudades, anárquico y agresivo
desplazamiento de motorizados sin ley, y un transporte
público de los peores en América Latina. Todo eso,
después de ocho años y ocho meses de gobierno
petrodolarizado: 104 (ciento cuatro) meses de
gobierno, casi una década. Esto también es violencia.

La mesa está servida.

El violentismo opositor

Frente al descrito cuadro de exacerbación de ánimos,
existe un sentimiento mayoritario que muestra la
auténtica aspiración del pueblo venezolano a vivir en
paz, con justicia social y en libertad. Lo que no
puede ser despachado como “antichavismo”, “oposición”
o “traidores”, porque incluye a la mayor parte de esa
primera minoría de venezolanos y venezolanas que
respalda al
presidente Hugo Chávez, aunque a él y sus
subalternos no les interese reconocerlo.

Esa mayoría democrática y solidaria, profundamente
libertaria y plural, exige respeto y ponderación para
encontrar salidas civilizadas a la crisis que vivimos,
en paz. Y así como rechaza la sistematizada violencia
de Estado, no comparte los postulados del
ultraminoritario violentismo opositor que tremola
banderas para el asalto antidemocrático del poder, a
propósito del abusivo ejercicio chavista del poder.

Conciencia popular democrática
Quienes constatamos la inconveniencia del camino
chavista al monopartidismo, el autoritarismo y la
segregación política, debemos cultivar y aferrarnos a
la conciencia popular democrática del venezolano para
resaltar, cultivar y defender el civilismo alimentado
por la diatriba abierta y
solidaria de los problemas,
temas y opciones. Esa conciencia popular democrática
permitirá derrotar el bodrio constitucional de Chávez,
cuyas características (las del bodrio) espantan a
cualquier persona racionalmente justa, en pleno siglo
XXI. No caer en las provocaciones de la “violencia de
Estado” ni en las del “violentismo opositor”, es
fundamental.

EL CONFESIONARIO

• ESTÁ CORRIENDO UNA CAMPAÑA con la intención de
destruirme moralmente, mediante anónimos en la
Internet que asombran por la miseria humana que
destilan. Supuestos autores son un tal “Mariano
García” ([email protected] ) y “José Gregorio
Arrioja” ([email protected] ). El primero
de esos dos miserables, sin sintaxis, escribe: “En
libro sobre masacre de cantaura el delator es
identicado como manuel isidro molina hijo o padre ya
sabemos que el padre medró con
gobiernos
adecocopeyanos y aparentaba ser izquierda el hijo
ladrón de siete y medio desbanco a los comunicadores
sociales la auditoria de gpg dio como balance un
desfalco de 6 millones. ESTE CORREO ES ENVIADO A
PERIODICOS Y SEMANARIOS DE TODO EL PAIS…” Y
el
segundo cobardón, desde www.aporrea.org, lanza un
escrito de antología, que incluye estas expresiones:
“En campañas sucias Manuel Isidro tiene un doctorado.

Gracias a ellas y a los palangres evidentes que recibe
a través de su columna en el semanario La Razón,
ha
sobrevivido en los últimos años… Ese es el Manuel
Isidro que se mira al espejo todas las mañanas. El
mismo que se lamenta todos los días de su cara de
piedra y su poco éxito con las mujeres… Manuel Isidro
es un acomplejado, un periodista de dudoso éxito
profesional y cuyos palangres se reconocen a
kilómetros de distancia.” Voy a enfrentar esa sucia
campaña con dignidad y decoro, como siempre he
enfrentado mis retos en la vida. Esos perros de presa
tendrán que dar la cara. Esa inmundicia que descargan
cobardonamente, no me ofende ni perturba; más me
importan la solidaridad del gremio periodístico, que
honrosamente presidí entre 1996 y 1998, y la dignidad
del pueblo venezolano, a la cual me debo. Verán qué
hacen, sus jefes financistas.

• TRANSPORTISTAS CARAQUEÑOS piden investigar el
funcionamiento de la nueva empresa pública “Sistema
Integral de Transporte Superficial, S. A.”, adscrita
al Ministerio de Infraestructura. La preside Edwin
Andrés Guevara Malavé, supuestamente cuñado del
ministro
José David Cabello Rondón. Dos de sus
directores principales son Franklin Pérez Colina
(presidente de Fontur), y Víctor Hugo Matute López
(Instituto Nacional de Transporte y Tránsito
Terrestre), quienes amenazaron a los transportistas
con represalias administrativas, hasta la revocatoria
de concesiones a las líneas de autobuses y microbuses,
si continuaban protestando contra la creación de la
nueva empresa por supuesta “competencia desleal”.

Aunque sus directores cobran jugosos sueldos (hasta
“18 millones de bolívares mensuales”), la empresa no
arranca y sigue en las indefiniciones. En el punto de
cuenta presentado por el ministro al presidente Hugo
Chávez, el 17-03-2007, se proyectaba una inversión de
36 mil millones de bolívares para 200 microbuses, y
7,5 millardos de bolívares para 100 rústicos de 12
puestos, en el área metropolitana de Caracas;
también, 43,5 millardos de bolívares para la compra de
100 auto pullman de 50 puestos, para servicio
interurbano y turismo. Para patios, talleres,
estaciones terminales y edificio administrativo, el
ministro proyectaba 70 millardos de
bolívares; y 23,72
millardos de bolívares, para “gasto anual de
personal”; súmese 31,64 millardos (“operación de
unidades”), 44,21 millardos (“costos fijos de
operación”), para un total de 188,35 millardos de
bolívares.

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