Opinión Nacional

Consultar al pueblo es la forma más rápida de evitar la violencia

Una absurda y demencial espiral de odio y sangre puede activarse
con atentados individuales contra portavoces de la oposición y también del gobierno

Quienes durante toda nuestra vida hemos sido militantes de la no-violencia -como quienes conformamos la directiva de Encuentro Ciudadano – debemos ver con verdadero estupor cómo, provocada en particular por un discurso presidencial fundamentado en el odio de unos venezolanos contra otros y en la legitimación y justificación de la violencia por parte de algunos grupos, parece anunciarse sobre el porvenir de la nación una espiral de violencia que contradice las mejores tradiciones libertarias de los venezolanos. Es por esta razón que una vez más apelamos a la buena voluntad de todos aquéllos que tienen en sus manos influir en el curso de los acontecimientos -incluidos el Presidente de la República, los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, los parlamentarios tanto del gobierno como de la oposición, y los oficiales de nuestras Fuerzas Armadas- a los fines de denunciar los peligros de violencia y de sugerir opciones para evitar la confrontación fratricida.

1. Queremos comenzar destacando que, luego de los hechos de violencia protagonizados por grupúsculos que se atribuyen la condición de representantes del oficialismo y del clima de preanarquía que parece estarse conformando entre nosotros, las condiciones para una intervención militar parecen estar dadas. Las fuerzas democráticas de Venezuela no pueden compartir ni mucho menos animar esta resolución autoritaria y seguramente violenta de la crisis de gobernabilidad que padece la República, pero -y así lo hemos planteado en comunicaciones dirigidas a los integrantes de la Coordinadora Democrática- deben estar en capacidad de comprender sus motivaciones y resguardar su capacidad de interlocución con sus protagonistas a fines de contribuir a enrumbar ese escenario por derroteros democráticos. En fin de cuentas, no es mentira que ninguna sociedad civilizada puede tolerar pasivamente la generación de circunstancias que conduzcan al caos y a la anarquía.

2. Así mismo, queremos denunciar que, según fuentes diversas que se han acercado a quien suscribe, se estarían planificando atentados contra las vidas de portavoces de la oposición pero también del gobierno. Nombres como los de Ernesto Alvarenga, Carlos Melo, Juan Barreto y Alfredo Peña entre otros han sido mencionados una y otra vez como objetivos de esta desquiciada estrategia. Es obvio que de esta manera se estaría activando una absurda y demencial espiral de odio y sangre que, como es la experiencia histórica, se sabe cómo comienza pero no cómo termina. Hacemos un llamamiento a estos grupos y a todos quienes hayan acariciado la idea de propiciar acciones terroristas que a nada conducen para que mediten acerca del destino que nos correspondería como nación si la marejada de violencia se hace indetenible e inmanejable.

3. Por todas estas razones, queremos, a través de esta declaración pública, insistir en la necesidad de conjurar estas amenazas a través de una negociación política que, sin duda, debe comenzar por la manifestación de una buena voluntad por parte de quienes hoy detentan el poder político en nuestro país. Es en este sentido que queremos dirigirnos a todos los actores de la nación a los fines de reclamar una actitud proactiva orientada a facilitar la salida pacífica, democrática, civil y nacional a la crisis política que padece la República: a los parlamentarios para que propicien la consulta al pueblo sobre una enmienda constitucional en los términos propuestos por la oposición; a los Magistrados del Tribunal Supremo para que hagan justicia con la celeridad que requieren las circunstancias; a los oficiales de las Fuerzas Armadas para que se pronuncien pacíficamente y conserven tanto como les sea posible la calma frente a tantas ofensas de las que son víctimas, tantas agresiones, y tantas amenazas. Pero nos dirigimos en particular a quien ejerce el cargo de Presidente de la República y cuyas informaciones deben ser sin duda más dramáticas que las que se encuentran en nuestro poder: que perciba la locura a la que está conduciendo su pretensión hegemónica de imponer un régimen autocrático que los venezolanos no quieren, que valore el hecho incontestable de la aversión que la clamorosa mayoría de la sociedad orgánica y articulada -sindicatos, empresarios, medios, iglesia, partidos, sociedad civil, etc.- siente por su gobierno, que reconozca la honda penuria a la que su trasnochada visión de los procesos económicos ha conducido en particular a los más débiles de la sociedad, que ausculte el alma nacional fracturada absurdamente por su mensaje político y social, que talle la dimensión de los demonios violentos que su verbo ha desatado.

Por tanto, le exigimos que, si aún conserva algo de amor por este país, considere conjurar la violencia inútil y absurda que se cierne sobre la nación convocando a un referéndum consultivo para el que solamente sería necesaria su firma en el que se pregunte a los venezolanos si consideran conveniente adelantar o no un proceso electoral que relegitime los poderes públicos agobiados por una crisis de gobernabilidad de proporciones crecientes. Si el soberano -cuya voz ha dicho una y otra vez el Presidente es la voz de Dios- dice que quiere concurrir a elecciones, todos los gobernantes deberían renunciar a sus cargos de modo de activar un dispositivo semejante al establecido en el artículo 233 de la Constitución, escenario que a Hugo Chávez le permitiría en todo caso someterse a la voluntad del pueblo.

Ojalá estemos aún a tiempo de impedir una conflagración cuyas heridas tomará mucho tiempo sanar. Otros países -algunos vecinos al nuestro- saben el altísimo costo que en vidas humanas, en paz, en democracia, en libertad, en progreso, y en justicia social se paga cuando el holocausto de la violencia arrolla la vida en civilidad de una sociedad. De la buena voluntad de todos depende que sea la vida y no la muerte, la tolerancia y no el odio, la paz y no la violencia las que señalen nuestro porvenir como nación. Que así sea.

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