Opinión Nacional

Corrupción y habilitante

El mes de agosto de 2013 de ha sido como nunca antes objeto de controversia y debate en relación a una tema de vieja data no por ello menos importante como la “corrupción”. La corrupción como práctica degenerativa implica necesariamente una violación de las normas morales y jurídicas, de allí que dicho fenómeno incluya desde la desmesura, el abuso, la inmoralidad en el empleo y manejo de fondos públicos hasta incluso la compra de decisiones políticas. Los supuestos e indicadores de la corrupción como práctica, actitud y comportamiento desviado de los valores y códigos éticos asumen una gama amplia que oscila desde el soborno, la extorsión, los arreglos, las alteraciones fraudulentas de diverso tipo (un concurso, una licitación, una decisión, etc), las malversaciones y fraudes, manejo especulativo con fondos públicos, la parcialidad, la colusión entre otros.

Como afirman algunos autores la corrupción debe ser abordada como una enfermedad social en el caso de Venezuela no hay duda que se ha multiplicado y es ya una profesión ejercida a los amplio y largo de nuestra administración pública, más aún diremos con responsabilidad que Venezuela según el Índice Transparencia somos el país más corrupto de América Latina y estamos en la lista de los primeros diez a nivel mundial.

Encabezar los ranking de corrupción es sencillamente algo intolerable si partimos que la principal bandera del fallecido presidente Chávez en 1998, fue justamente una lucha frontal contra la corrupción, aspecto que no se materializó, y es justamente la corrupción es la variable medular que define a la quinta republica y que explica en buena medida junto a la ineficiencia, las cifras, los datos, los indicadores de postración que tenemos, el nivel de estancamiento, los acuerdos firmados con muchos países lesionando intereses de Venezuela y de los venezolanos, las miles de obras y programas inconclusos afectando a millones de compatriotas, además de la afectación al erario público y demás. La corrupción no sólo no pudo controlarse fue exponencialmente multiplicada en los últimos años de Chávez y en la actualidad bajo la gestión de Nicolás Maduro.

Hoy la corrupción galopa y es emblemática, se reproduce como un cáncer o mejor dicho hizo metástasis, y el gobierno pretende todavía querer contar con poderes especiales como es la Ley Habilitante para luchar contra la corrupción, cuando todos sabemos que lo que se necesita es decisión y voluntad de atacarla, controlarla y sancionarla. El gobierno esta inmerso en un círculo vicioso donde hay demasiada gente involucrada creando un sistema de complicidades que ha tomado tales proporciones que no es posible atajar.

El oficialismo es pura alharaca, puro discurso vacio, puro buche y pluma y en esta oportunidad se quedaran con los crespos hechos porque no tendrán los 99 votos que se requieren en el parlamento para aprobar dicho instrumento, que no tiene otro objetivo que darle más poder al presidente ilegitimo de Venezuela. El país y su economía son un caos total, carencias, fallas, distorsiones, miseria, ineficiencia y escasea todo menos la corrupción esa si abunda por doquier.

El país requiere crear dispositivos capaces que detecten y de alguna manera frenen las prácticas de corrupción a todo nivel, y para eso no hace falta una Ley Habilitante sino mucho coraje y tener bien puestas aquellas. Por tantas distorsiones que el país padece y se reproducen es que justamente como nunca antes aparte de denunciarlas, decirlas y señalarlas los ciudadanos tenemos el deber de participar y no desaprovechar las vendieras elecciones de 8-D.

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes

 

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